Hagamos una excepción

La vida está llena de excepciones. Y las reglas más aún. Las excepciones son esos ejemplos que se saltan la norma para llegar al mismo fin que los que la cumplen. En resumen, son unas privilegiadas. La dificultad estriba en saber quién puede ser excepción en cada momento. ¿Por qué uno sí y otro no? ¿De qué depende? En muchas situaciones de la vida depende del dinero que uno tenga, de lo famoso que uno sea, o incluso del sexo que a uno le haya tocado.

Estamos hartos de ver que si uno es rico le invitan en todos los sitios donde va (cosa curiosa, porque si se tiene dinero para pagar lo que sea no hay necesidad de que le inviten, al contrario, tendría que pagar más). O que si uno es famoso le cuelan, le regalan, vamos que le tratan con privilegios como si fuera de una especie superior. Y que cuando un chico necesita algo, en igualdad de condiciones es más fácil que una chica se lo proporcione (en lugar de otro chico), y al contrario, sobre todo al contrario. Y más si la persona que pide tiene buena presencia.

Cuando la gente viene a renovar su documentación a mi puesto, a menudo piensa que pertenece a uno de esos grupos y que se encuentra en uno de esos ámbitos. ¿Qué les hace pensar que son la excepción? ¿Por qué ellos y no otros? ¿Se creen más personas que el resto? Me gusta pensar que no necesariamente, y que lo que ocurre es que les importa muy poco lo que haga con los demás, siempre que ellos sean la excepción. El problema es que generalmente quieren ser la excepción para algo beneficioso para ellos, según me aseguran sólo por esa vez (no se lo creen ni ellos), y siendo yo el que incumpla la ley (sólo un poquito). Curiosamente, nunca me dicen: “¿Y no puedes hacer conmigo una excepción y quedarte con los 10 euros que sobran de la tasa?“. Siempre es algo como: “¿Y no puedes hacer una excepción y no cobrarme la tasa?“.

Además, aún espero que alguien me explique por qué debería responder afirmativamente a preguntas del tipo: “¿Y no podrías cogerme los papeles caducados?“, “¿Y no podrías atenderme sin cita delante de todos los citados, que tengo cosas que hacer?“, “¿Y no podrías hacerle el pasaporte a mi hijo sin el libro de familia?“, “¿Y no podrías cogerme las fotos de hace diez años si apenas he cambiado (esto sí que es gracioso y algo que merece tratarse aparte) y no tengo tiempo, ganas ni aspecto para hacerme otras nuevas?Pues no señores ciudadanos, no podría. Ni puedo, ni debo.

Pero he de ser sincero. En relación con un caso anterior, tengo una excepción. Hay alguien menor de edad a quien no le pediré el libro de familia cuando tenga que expedirle el pasaporte: mis hijos.


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