Viaje del viernes #29

Viaje del viernes

Hay profesiones que son totalmente opuestas a la de ser un funcionario raso. Una de ellas es la de Notario. A un señor notario se le respeta, se le hace caso, se le obedece, y no se le contradice. Ni siquiera se le falta al respeto ni se discute lo que cuenta, por muy descabellado que parezca. Sin embargo, hay veces que los pobres se equivocan y es el momento de decirles que lo están haciendo, porque no pueden pedir cosas imposibles por mucho que quieran. En nuestra mano está saber hacerles ver lo correcto.

Soy consciente del hecho: si uno nace en un país y vive durante 30 años en él, acaba pensando que es de allí… aunque no lo sea. Si un matrimonio español (los dos o uno de los integrantes al menos) abandona España instalándose en otro país, tienen y crían a sus hijos en él, y sólo vuelven a España de vacaciones, ¿qué pueden pensar los hijos? Pues si se trata de una familia poco comunicativa, pensarán que son del país donde han vivido toda su vida. Independientemente de que tengan un pasaporte español.

Dicho sea de paso, me parece el colmo de lo paradójico pensar que uno es extranjero teniendo un documento identificativo español. ¿Qué es lo que hace a uno pensar eso? ¿Haber vivido fuera toda su vida? ¿Hablar español con acento? ¿Saber más cosas del país donde residen que de España? Con todo esto, no es raro (y cuando digo que no es raro es porque en un año me ha ocurrido dos veces) que un buen día llegue una persona hasta mi mesa y me diga:

– Buenos días, venía a hacerme un NIE. Es que me lo ha pedido el notario para el tema de una herencia.
– ¿Pero quiere usted la tarjeta de residencia?
– No, el notario me ha pedido sólo el NIE.
– ¿Pero qué necesita usted exactamente, el número? ¿Vive usted aquí?
– No, yo vivo fuera.
– Entonces es sólo el número. Déjeme su DNI o pasaporte.
– Tome el DNI. Y el pasaporte se lo doy ahora mismo.
– No me hace falta, con el carné ya me vale.
– No, que me lo he traído también por si acaso. Tome.
– Disculpe, señora… Este pasaporte es español.
– Claro que sí.
– ¿Cómo que claro que sí? ¿Usted qué nacionalidad tiene?
– Pues española.
– Y si usted es española, ¿para qué quiere un NIE?
– Porque me lo ha pedido el notario.
– Pero es que yo no le puedo dar un NIE, que es un número para extranjeros, a un ciudadano español… Como mucho le podemos hacer el DNI.
– ¡Pero es que el notario me dice que sin NIE no puedo hacer lo de la herencia!
– ¿El notario sabe que usted es española? ¿Usted se lo ha dicho? ¿Le ha enseñado su pasaporte español?
– No se lo he enseñado, no.
– Es que si el hombre ha visto la tarjeta de residencia del país donde reside, que no es el carné de identidad de allí aunque usted me lo haya dado como si lo fuera, lo mismo se piensa que no es española. Vaya usted al notario, dígale que es española y que le tramite la herencia con su pasaporte. Y si no, obtenga un DNI para ello.

Toda su argumentación se basa en que se lo ha pedido el notario. Si un día a los notarios les da por pedir un deportivo descapotable para empezar a tramitar las cosas, se dispara la venta de coches. Espero que no se den cuenta del filón que tienen estos señores. ¿Cómo es posible que la mujer no sepa qué nacionalidad tiene? Y lo que es peor… ¿cómo es posible que sus hermanos y hermanas tampoco lo sepan? ¿Tan distanciada está la familia? ¿Han quedado sólo para cobrar y luego volverán a no verse? Me pregunto si cuando España gana algún campeonato en algún deporte, también cantan “Yo soy español, español, español“.

Yo quiero un NIE

Soy consciente del hecho: si uno nace en un país y vive durante 30 años en él, acaba pensando que es de allí… aunque no lo sea. Si un matrimonio español (los dos o uno de los integrantes al menos) abandona España instalándose en otro país, tienen y crían a sus hijos en él, y sólo vuelven a España de vacaciones, ¿qué pueden pensar los hijos? Pues si se trata de una familia poco comunicativa, pensarán que son del país donde han vivido toda su vida. Independientemente de que tengan un pasaporte español.

Dicho sea de paso, me parece el colmo de lo paradójico pensar que uno es extranjero teniendo un documento identificativo español. ¿Qué es lo que hace a uno pensar eso? ¿Haber vivido fuera toda su vida? ¿Hablar español con acento? ¿Saber más cosas del país donde residen que de España? Con todo esto, no es raro (y cuando digo que no es raro es porque en un año me ha ocurrido dos veces) que un buen día llegue una persona hasta mi mesa y me diga:

– Buenos días, venía a hacerme un NIE. Es que me lo ha pedido el notario para el tema de una herencia.
– ¿Pero quiere usted la tarjeta de residencia?
– No, el notario me ha pedido sólo el NIE.
– ¿Pero qué necesita usted exactamente, el número? ¿Vive usted aquí?
– No, yo vivo fuera.
– Entonces es sólo el número. Déjeme su DNI o pasaporte.
– Tome el DNI. Y el pasaporte se lo doy ahora mismo.
– No me hace falta, con el carné ya me vale.
– No, que me lo he traído también por si acaso. Tome.
– Disculpe, señora… Este pasaporte es español.
– Claro que sí.
– ¿Cómo que claro que sí? ¿Usted qué nacionalidad tiene?
– Pues española.
– Y si usted es española, ¿para qué quiere un NIE?
– Porque me lo ha pedido el notario.
– Pero es que yo no le puedo dar un NIE, que es un número para extranjeros, a un ciudadano español… Como mucho le podemos hacer el DNI.
– ¡Pero es que el notario me dice que sin NIE no puedo hacer lo de la herencia!
– ¿El notario sabe que usted es española? ¿Usted se lo ha dicho? ¿Le ha enseñado su pasaporte español?
– No se lo he enseñado, no.
– Es que si el hombre ha visto la tarjeta de residencia del país donde reside, que no es el carné de identidad de allí aunque usted me lo haya dado como si lo fuera, lo mismo se piensa que no es española. Vaya usted al notario, dígale que es española y que le tramite la herencia con su pasaporte. Y si no, obtenga un DNI para ello.

Toda su argumentación se basa en que se lo ha pedido el notario. Si un día a los notarios les da por pedir un deportivo descapotable para empezar a tramitar las cosas, se dispara la venta de coches. Espero que no se den cuenta del filón que tienen estos señores. ¿Cómo es posible que la mujer no sepa qué nacionalidad tiene? Y lo que es peor… ¿cómo es posible que sus hermanos y hermanas tampoco lo sepan? ¿Tan distanciada está la familia? ¿Han quedado sólo para cobrar y luego volverán a no verse? Me pregunto si cuando España gana algún campeonato en algún deporte, también cantan “Yo soy español, español, español“.


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