Phombies

Desde que surgió, la tecnología nos ha proporcionado todo tipo de avances y comodidades. Sin embargo, desde mi humilde punto de vista también hay en ella muchos aspectos negativos. Uno que considero fundamental es la dependencia que nos generamos de ella. No es sólo que prácticamente cualquiera que tenga móvil no sepa vivir sin él, es también que se hace uso del mismo a la menor ocasión. Un corto trayecto en transporte público, la espera en una cola, incluso caminando por la calle.

Montones de personas deambulan absorbidas por el aparato que tienen en las manos, sin prestar atención a su alrededor. Son como zombies con un teléfono pegado al final de sus brazos. A veces lo pienso y yo mismo me incluyo en este grupo, porque aprovecho cualquier momento que tengo libre en un viaje, caminando solo o haciendo una cola para escribir las entradas del blog que leéis.

Sin embargo, no es mi rango de edad el que me preocupa. Ayer, una chica de ocho años vino a recoger su tarjeta de residencia. Para ello el sistema debe cotejar las huellas de quien la recibe. Durante los tres minutos que duró el proceso, la chica estuvo pegada al móvil hablando con alguien. Todo lo que hizo fue alternar de mano el aparato. Independientemente de que me resultase una falta de educación grave (por parte de la otra persona) estar dirigiéndome a alguien que no me estaba haciendo ni caso, me resultó llamativo que lo hizo una niña que no tenía ni la mitad de la mayoría de edad y bajo consentimiento de su madre que no le dijo nada. ¿Qué se puede esperar de esta muchacha cuando sea adulta? No sé dónde vamos a llegar, pero el camino que llevamos creo que no es el adecuado.


Si te gusta lo que escribo y quieres comprar mi libro, puedes hacerte con una copia en PDF por solo 1 euro pinchando en estas letras, o con una en papel por 8 euros pinchando en estas otras letras.