Tasas DNI y pasaporte 2015

Como cada año, la Administración realiza la subida correspondiente de tasas para la expedición del DNI y el pasaporte. Desde el 2009 viene siendo de un 1%, independientemente del resultado final. Imagino que porque hay una reputación que mantener, y porque el que da el visto bueno no tiene que cobrar. Lo que ya no sé es si se trata de absurdez, estupidez o un poco de cada. Ya el año pasado me pareció surrealista la tasa del pasaporte que había quedado, pero este año supera al anterior: desde el pasado día 2 de enero, las nuevas tasas son de 10’60 para el DNI y 26’02 para el pasaporte.

Si hace un año me parecía complicado sacar cuatro céntimos de cambio, este año lo más fácil es que haya que devolver siempre 3 u 8. ¿Hay que contar con una caja llena de monedas pequeñas en el puesto de trabajo? El año pasado al menos solo hacían falta de dos céntimos, pero este año harán falta de todos los importes (1, 2 y 5), por lo que pueda pasar. ¿Solo a mí se me ha ocurrido redondear a 26 euros y dejar de ganar 2 céntimos por pasaporte? ¿No hay que ayudar al ciudadano? ¿Tan grande es la pérdida que se produce en la Administración con este redondeo?


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Nuevas tasas

Después de unas merecidas vacaciones de Navidad, el día dos de enero hay que volver al trabajo. Sí, reconozco que no sólo vuelvo a mi puesto en la oficina, también vuelvo a trabajar. A partir de este día cualquier ciudadano que quiera obtener su DNI o su pasaporte tiene que abonar la nueva tasa. La subida, del 1%, da como resultado que para el primer caso el pago es de 10’50 euros. Pero si lo que quiere es obtenerse un pasaporte, hay que pagar 25’76 euros.

Sí, señoras y señores, 76 céntimos de pico. ¿Sólo yo veo que esto es contraproducente para todo el mundo? Obviamente, quien impone las tasas no cobra ni un documento. Si lo hiciera, habría buscado otra solución, al ponerse en situación su primer día de trabajo del año, aunque ello hubiera supuesto que el DNI se incrementara en un porcentaje y el pasaporte en otro.

Llegan las 9 de la mañana del día 2 (o del día 8, que no todo el mundo ha disfrutado de sus vacaciones) de enero y atiende a la primera persona que quiere hacerse un pasaporte. Le solicita el dinero y el pobre ciudadano empieza a rebuscar en el monedero moneditas de cobre sin éxito. Es que sólo tengo 50 euros. Y con el primero ya hay que buscar 24,24 euros de cambio. 4 monedas de 1 céntimo para el primer pasaporte. Si la oficina es pequeña lo mismo no importa en exceso porque pueden hacerse pocos pasaportes al día, pero si es grande, como no haya una buena caja de cambio se puede armar una zapatiesta de cuidado.

Qué se le va a decir al ciudadano, ¿que salga al bar a cambiar? ¿Que busque un banco para conseguir monedas de céntimo? ¿Cobrarle 26 euros al redondeo? Me pongo en la piel de quien viaja fuera el próximo año y pienso “por favor, por favor, ojalá sea el primero de la lista no sea que haya problemas con el cambio y tenga algún lío“.

Aunque esto es como todo. Hay que dejar que transcurra el tiempo porque posiblemente la gente vaya preparada y se ponga a buscar céntimos bajo la barra de los bares desde que consiga la cita hasta que haga uso de ella y luego lo que parece un problema es un desahogo para las personas. Porque, francamente, a todos nos viene bien deshacernos de esas monedas de 1 y 2 céntimos que deambulan por la cartera.


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