La paciencia es la madre de la ciencia

El día que alguien fabrique paciencia y la comercialice, se hace de oro. La paciencia es algo que deberían vender en todas las tiendas, grandes superficies, e incluso en los chinos, porque aunque fuera de imitación seguro que algo de apaño hacía. En frascos, sobres, al peso… como fuera. Además es algo que nos hace falta a todos, a unos en más cantidad que a otros, y principalmente desde el momento en que nos convertimos en padres. Es una lástima que uno se dé cuenta de la paciencia que le falta con sus hijos cuando ve a otro padre actuar con el suyo, pero la ventaja es que sirve para acordarse posteriormente y poder remediarlo y corregir esta actitud.

Paciencia
Intenta tener la paciencia cargada al 100%

La semana pasada, mientras esperaba para entrar a una sesión de rehabilitación presencié cómo una mujer interactuaba con su hijo de unos seis o siete años como mucho. El niño estaba de rodillas en el suelo con papeles encima de una cómoda silla de hospital, haciendo lo que supongo eran deberes. Parecía que el pobre estaba rezándoles. Por cada operación matemática que realizaba incorrectamente la madre le echaba una pequeña reprimenda no sé si con el fin de motivarle con psicología inversa o porque realmente pensaba que su hijo no lo hacía bien porque no le importaba mucho. El caso es que cuando el niño resolvía bien la operación no le decía nada positivo, con lo cual todos los refuerzos eran negativos. Que si eres un chapucero, que si lo has escrito al revés, que si «¿es que no lo ves?», que si «¿cómo me preguntas eso, en serio lo dices?»… No escuché ni un solo «¡muy bien cariño!», «¡así se hace!», «lo has conseguido tú solito»… no sé, algo; solo un débil y flojo «bien, vale, venga, otro», más como metiendo prisa al muchacho que dándole aliento. Cada frase tenía siempre y como mínimo un atisbo de menosprecio. Así, ¿qué motivación puede tener el pequeño por querer hacer los deberes? Con esta actitud no podemos sorprendernos luego por que los niños no quieran estudiar, lo dejen a mitad o haya fracaso escolar. Me resulta difícil pensar que esa es la manera más óptima de gestionar el tema ‘deberes’.

¿Por qué la madre no se paró a pensar un poco y ponerse en su lugar? Estaba arrodillado en un pasillo de hospital. ¿Es ese el mejor sitio para hacer los deberes? ¿Puede obtenerse un buen rendimiento así, cuando ni siquiera estaría cómodo el niño? No critico el hecho de que lo hiciera de ese modo, eran motivos ajenos a la voluntad de ambos estar allí y había que adaptarse. Pero por ese motivo pienso que la señora debería haber sido más condescendiente. Cuando hacía las cosas mal, ¿por qué no se molestó ni una sola vez en averiguar el motivo? Quizá el niño de verdad no lo sabía, quizá el ambiente no le permitía concentrarse, quizá las prisas por acabar le hacían calcular mal. Pero en cualquier caso podría haber utilizado la frase «vuélvelo a pensar, sé que sabes hacerlo y vas a hacerlo bien». Era el menor de dos hermanos, la excusa de que era primeriza no me sirve. Ya tiene, supuestamente, un bagaje detrás para saber en qué se equivocó con la mayor y actuar de otra manera.

¿Por qué tenemos tan poca paciencia con nuestros hijos? ¿Por qué les exigimos un comportamiento de adultos cuando son sólo niños? ¿Por qué nos cuesta tanto pensar como ellos y entenderles? ¿Por qué la paciencia mengua con nuestro círculo cercano, no debería ser al revés? Antes de dejaros os dejo algunas reflexiones… Si la paciencia es la madre de la ciencia, ¿es la única madre que tuvo paciencia con sus hijos? ¿Se trata de la excepción que confirma la regla? Si una regla tiene excepciones, ¿no dejaría de ser regla?