Relato – Compañeros de viaje

Aquí estoy, de pie, con la cabeza encogida entre el gorro y la bufanda, con las manos en los bolsillos del abrigo, esperándote en la estación, como cada mañana desde hace semanas. Me gusta llegar antes  que tú y estar unos minutos buscándote con la mirada, perdiéndola en el camino que recorres hasta llegar a mí. Te veo a lo lejos, acercándote despacio. Vienes con tu ritmo pausado, evidenciando que el frío del ambiente no te afecta en absoluto. En ocasiones te detienes y te entretienes antes de entrar en la estación, y aun así todos los días consigues llegar a la misma hora. Te paras frente a mí, y sonrío al mirarte, tu presencia cercana me relaja. Entonces un pensamiento atraviesa fugaz mi mente y por un momento pienso en ser rebelde, en dejarte hoy marchar sin mí, pero no me atrevo. No lo sabes, nunca te lo he dicho, pero sería incapaz de hacerlo; no me lo puedo permitir. Al tocarte logro sentir en mis manos el frío de esta oscura mañana de invierno, pero sabiendo que cuando apoye mi espalda en ti me darás el suficiente calor como para poder cerrar los ojos y evadirme. En ocasiones incluso me llego a dormir así, y consigo que el camino a la oficina me resulte bastante más placentero. Tengo la fortuna de contar contigo prácticamente hasta la puerta del trabajo, porque nos separamos a escasos veinte metros de la entrada al edificio. Creo que voy a echarte de menos cuando me arreglen el coche.