Préstame atención

Ayer me encontré por la calle con un viejo amigo. Ambos nos paramos a saludarnos y estuvimos charlando un rato. Hacía mucho tiempo que no hablaba con él más de un minuto. Era un tipo simpático, agradable, incluso tenía conversaciones interesantes, y un sentido del humor bastante llevadero. Sin embargo, si alguna vez nos habíamos visto por la calle, la cosa no había pasado de un: “¡Ey! ¿Qué tal? ¿Cómo va todo? ¿Bien? ¡A ver si nos llamamos y tomamos algo!”.

Esta típica conversación masculina, para quienes lo desconozcan, implicaba que hasta que no nos cruzásemos de nuevo por la calle no nos volveríamos a ver. La misma conversación lo llevaba implícito. ¿Qué narices significa “Nos llamamos“? O me llamas tú o te llamo yo, pero hacerlo los dos a la vez está claro que no… No echarle valor para dejar la responsabilidad de la llamada sobre uno de los dos es que las ganas de que la misma ocurra son casi nulas. Si a mí me apetece ver o quedar con alguien para tomar algo, pasear o charlar, hago una llamada y concretamos un día y una hora. Hace 20 años no, pero ahora con el móvil, las redes sociales y el whatsapp, el que no lo hace es porque no está interesado.

El caso es que desde que por circunstancias de la vida nos distanciamos, no había vuelto a verle para actualizarnos al menos de cómo nos iban las cosas. Ayer iba sin prisa y lo hice. Y ocurrió algo que me desagrada en extremo cuando mantengo una conversación con alguien. En menos de 120 segundos de charla me había golpeado el pecho y el brazo con el reverso de su mano unas 5 veces. Salía a 20 segundos por golpecito. Y me estaba poniendo nervioso. Era una de esas personas que para llamar la atención del otro interlocutor le da golpes con la mano. Quiero pensar que es como un tic que tiene (no es al único que le ocurre), algo que hace involuntariamente, pero aun así se hace muy poco llevadero, a menos que hablemos por teléfono o a una distancia superior a su brazo.

¿Por qué tenía que darme los golpes para que le haga caso? ¿No se daba cuenta de lo molesto que resulta? Entiendo que lo que pretendía era que mantuviese el hilo de su interesante conversación, y hasta puedo comprender que lo hiciera cada vez que apartaba los ojos de su cara para mirar a otro sitio. Pero este chico lo hacía de forma indiscriminada, le mirase a él o no. Hasta me dieron ganas de decirle: “Si no fuéramos colegas pensaría que quieres pelea“.

Desconozco si este gesto es algo involuntario o si es premeditado para que la persona a la que hablan no pueda evitar hacerles caso, pero lo que sí sé es que a mí me resulta bastante incómodo y contraproducente, porque dejo de atender a lo que me cuentan para pensar en cuándo terminarán de darme, y en cuándo nos despediremos hasta la próxima. Sin embargo, creo que ya tengo la solución: la próxima vez que me detenga a hablar con él, lo haré acompañado y me pondré retirado.


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