Poema a cuatro voces

Esta es mi semana de la poesía. Además del reto propuesto por la Rubia y la Morena, hoy os traigo una colaboración que he tenido la oportunidad de llevar a cabo con tres genios de las letras y los blogs:

  • Antonio, de Velehay. Si quisiera, podría colarse en la definición de poeta en el diccionario. Es un maestro de los versos y los Haikus, sus colaboraciones en diversos blogs de renombre dan buena cuenta de ellos. Además, de cuando en cuando nos regala un relato dotado de un punto tenebroso que lo hace más que interesante.
  • Chus, de El espacio de Chus. Un artista, experto en chistes gráficos y sobre todo en música; dicen las malas lenguas que la última enciclopedia musical elaborada ha partido de sus conocimientos. Ahora, además, esta metiéndose poco a poco en el mundo de los relatos con cierto éxito a pesar de, según él, no ser su fuerte.
  • Henar, de Pensando en la oscuridad. Un ESCRITORA, así con mayúsculas, capaz de hacer un gran relato de cualquier tema dándole ese tono oscuro que le caracteriza. Hablé de ella aquí, y la entrevisté aquí. Su libro es un éxito de descargas (más de 400 en 2 meses), y espero impaciente su próximo proyecto.

La forma de elaborar el poema ha sido realizando cada uno de nosotros un verso utilizando en él una palabra propuesta por el siguiente en la lista, según el orden Antonio, Chus, Henar, Óscar. Ha sido una experiencia entretenida, divertida y me ha servido para experimentar con la poesía. Quedo abierto a nuevos experimentos, porque trabajar con ellos es una gozada. Espero que lo disfrutéis leyendo tanto como yo participando.

– HERIDAS QUE NO CICATRIZAN –

La miré, mantuvo su mirada y me erizó la piel.
Busqué la linea dónde su ansioso cuerpo ardía.
Quise ser parte de la cama para así poder tocarla.
Un sentimiento de deseo la habitación recorría.

Las paredes callaban a pesar de oír sus lamentos,
como la magia se oculta al no iniciado en su arte,
despierto ante el sueño encarnado de sus ojos castaños,
al tiempo que rozaba el corazón con mis manos.

Su efímera vida se unió a mí en el renacer del espacio.
Las horas se escapaban deprisa entre los dedos, huyendo,
llorando fluidos, monosílabos contenidos y escalofríos,
entregándose al cielo en un viaje de ida y vuelta.

La sequedad de sus pestañas a pesar de sus lágrimas
me tentaba a cubrirla de besos hasta el agotamiento.
Por duro que fuera, caminaría hasta el monte, pensaba.
Y acerté perdiéndome en los senderos que a él llevaban.

Encontrándome allí aletargado como en una nube,
su risa me guió de nuevo allá donde ella estaba,
hacia la luz, cegado salvajemente y embravecido,
conquistando la oscuridad con cada paso que daba.

¿De quién era la virtud que nos llamó, que nos atrajo?
Cantos de sirena que el destino ponía a nuestro alcance
me dieron la respuesta: del sucumbir, del no ser, de ella,
de las sensaciones confrontadas que me provocaba su presencia.

Quise retratar aquel momento en mi retina para siempre.
Las palabras susurradas se me clavaban como puñales.
Sangraba mi espalda a consecuencia de sus uñas pintadas.
Con sus sensuales caricias mi pulso se aceleraba.

El negro entorno nos cobijaba mientras yacíamos
y nuestros ávidos cuerpos jugaban a explorarse
de forma sutil y a la vez desesperada por liberarse
de la exuberante excitación que nos embriagaba.

Sobre nosotros se cernió la luna en todo su esplendor,
explotaron los sentidos y después la nada, el vacío,
retornar al principio, recuperar el control, la respiración,
que por momentos se había tornado hasta insoportable.

La furia de nuestro amor consiguió fundirnos en un ser.
En aquel instante todo fue verdad, percepción de plenitud.
Sin embargo, puso final, se vistió y sin nombre marchó.
Un intenso dolor destruyó en mil pedazos mi interior.

Juego de tres

Hace unos días, mi queridísima Ana me retó a escribir algo que se saliera de lo habitual en mi blog: un relato erótico. Después, la adorable Henar hizo lo propio: una poesía. Al final, decidí unir las dos opciones en una, para que no se las guardaran para otra vez. Este es el resultado. Espero que ninguna de las dos se sienta defraudada, ya que ninguna es mi estilo.

Mis ojos la oscuridad contemplaban.
Accedí a la habitación despacio.
por una fuerza externa dirigido
y por mis latidos ensordecido.

Recuperé la visión sonriendo,
conseguí ver a las dos tumbadas.
Sus cabellos se entrelazaban,
y sensuales besos se daban.

Entre ellas y yo, el infinito,
de la una a la otra, un abismo.
Ropa que sorteaba caminos,
cayendo por los precipicios.

Acerqué hasta allí mis brazos,
y mi torso se volvió suyo.
Al son de mis tiernas palabras,
la Rubia y la Morena bailaban.

Caricias llenas de complicidad
y de dulzura intercambiaban.
Visión nublada, sin observar,
con sus figuras arqueadas.

Distancia por fin esfumada,
Mis labios y los suyos unidos,
Nuestras lenguas jugueteaban,
En una pasión desenfrenada.

Mis dedos camino se abrían,
por la espalda de mi Morena.
Las manos el destino movían,
de mi Rubia y de sus piernas.

Abrazos, movimientos y juegos,
El placer ya se intuía en sus caras.
Susurros, voces entrecortadas,
jadeos y gemidos, sus lemas.

Nuestras yemas nunca cesaron
De visitar nuestras siluetas.
Mi boca solo disfrutaba
De los sabores de ellas.

Por todo mi pecho sus dientes
con intensidad me señalaban.
Tuve en mí el interior de ambas,
noté sus uñas en mi dorso.

La habitación era un testigo ocular.
Las sábanas sudaban al movernos,
la cama envolvió el calor del ambiente.
Las paredes vibraban con nuestros cuerpos.

Tres viajes hacia al paraíso,
antes de llevarme con ellas.
Las seguí a la luz intensa
que emanaba de nuestro interior.

El cansancio nos iba invadiendo,
Las pulsaciones se regulaban.
Perdidos en un compartido abrazo
Hasta la nueva batalla dormimos.