Nanorreflexión metereológica

El tiempo escasea, es algo sabido por todos, por eso, para no robaros demasiado en lecturas largas, últimamente me estoy aficionando a hacer nanocosas. Quizá con la intención de dejaros con ganas de más, si os gusta, y de que no os vayáis a mitad si no os gusta, porque para entonces habréis acabado de leer. Además, hablaba con mis queridas Margui y Mukali de inventar y reinventarse. Así que, después de inventar las nanorreseñas, invento las nanorreflexiones. Para que no digan que no pongo de mi parte. De momento dejo una por aquí, pero si algún día tengo más, os ahorraré esta introducción y plasmaré solo la reflexión. Ale, a pensar conmigo un rato.

Dicen que el tiempo está loco. ¿No será que lo volvemos loco nosotros?

Aprovecho la ocasión para desearos un Feliz 2018. Por cierto, si no lo habéis hecho ya, visitad los sitios de estas dos chicas pinchando en sus nombres. Sus sitios, escritos y reflexiones, verdaderamente merecen la pena.

Despertar

Lo hacemos a diario, algunos días incluso más de una vez. Tardamos un instante. Lo tenemos como habitual, y por común no le prestamos atención alguna. A pesar de ser una de las cosas más importantes de nuestra vida. Despertamos.

DespertarAbrir los ojos – generalmente después de dormir – es algo básico para seguir adelante. Paradójicamente, ya desde bien pequeños no nos gusta despertar. Hacerlo implica enfrentarse a un montón de obligaciones: ir al colegio o al instituto a estudiar, ir a trabajar, llevar adelante una casa, una familia, pensar en todo lo que queda pendiente de hacer para que no se olvide nada… Y sin embargo no hacerlo ya sabemos lo que acarrea (y no es quedarse dormido hasta las tantas).

A veces lo pienso. ¿Y si no despierto? ¿Qué pasará? ¿Cómo será el después? Y me agobio. Me entra una sensación de ahogo que me estremece durante unos segundos. Miedo a lo desconocido, lo llaman. Y me pongo a pensar en lo mucho que me falta para eso – como si realmente lo supiera -, y a entretener mi mente en otras cosas. Pienso en cosas más alegres, en lo bien que me siento junto a mis hijos y mi familia, y entonces se me pasa.

Por fortuna no me ocurre a menudo, tan solo de forma esporádica. Aun así, me quedo con la idea de volver a despertar pasadas unas horas de descanso. Y pienso en lo bonito que puede llegar a ser un techo blanco en la penumbra. Cuando suena el despertador y lo paro, sonrío, sabedor de mi victoria una noche más. Y le doy al despertar la importancia que se merece.


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