Me siento seguro

¿Alguien se ha parado a pensar cuantas frases podemos decir de media al cabo del día? Bueno, pues parece ser que hay alguien que sí, como podéis ver pinchando aquí. En realidad esa persona se preocupó por las palabras, que según esta esta entrada más reciente son de unas 30 mil las mujeres y unas 15 mil los hombres (esta diferencia se debe, según cuenta la primera referencia, a que las mujeres piensan más en comunicarse (y eso es hablar) y los hombres más en sexo (y eso no es hablar). Teniendo en cuenta que las frases (para que se puedan entender sin dificultad) tienen de media unas 15 palabras, una persona dice al día alrededor de mil y dos mil frases, según sea hombre o mujer. Muchas frases me parecen, pero no seré yo quién las cuente.

Con estas cifras tan bestiales, ¿cuál creéis que es la que más seguridad puede aportarle a una persona? ¿”Te voy a amar toda la vida“? ¿”Voy a estar siempre a tu lado“? ¿”Te protegeré con mi vida“? ¿”Tú tranquilo, voy armado“? ¿”Ahora yo estoy al mando“? ¿”Lamentarán haber nacido“? No, ninguna de estas. La frase que más seguridad le aporta a cualquiera es “Abre, que soy yo“.

Estoy harto de comprobarlo cuando voy por la calle, o incluso poniéndola yo mismo en práctica. No hay más que hacer la prueba. Te acercas a una casa cualquiera, llamas a un timbre del telefonillo al azar y en un 90% de los casos, por lo menos, te abrirán la puerta sin más que decir esa frase. No necesitas demasiado, estoy seguro de que ni siquiera hace falta poner una voz romántica o dulce (en mi caso este punto, además, es bastante complicado), sólo estar seguro de uno y mostrarse convincente. Si el interlocutor del otro lado nota que estamos convencidos de que nosotros somos nosotros, él también se convencerá de este extremo. Y es que el punto de seguridad en uno mismo es esencial. Si notan un titubeo en la voz sabrán que no eres de fiar, o peor, pensarán que eres el cartero comercial. Y eso significa vetarte la entrada al edificio de manera sistemática.

TimbreEstá comprobado, al cartero comercial no se le abre la puerta, porque no aportan nada bueno, útil o ambas cosas. Y mira que lo adornan con la palabra cartero delante para que confiemos un poco y abramos, pero como añaden la coletilla “comercial” ya se queda un resquemor latente en el oído que envía de forma directa al cerebro la orden: “Publicidad que no necesitas, no abras“. Sin embargo, hay un suceso que me resulta llamativo. ¿Nadie se ha dado cuenta de que un tiempo a esta parte llaman muchos menos carteros comerciales a la puerta? Y entonces, ¿por qué tenemos siempre tanta publicidad en los buzones? Estoy seguro de que lo que ocurre cuando llaman al timbre, es que ya no dicen “Cartero comercial“. Ahora lo han cambiado por “Abre, que soy yo“.

Sé sincero, ¿a cuántas casas has accedido con esa frase o un derivado?

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