Ordenadores en huelga

Hay dos maneras de no trabajar en una oficina de expedición de carnés, pasaportes y tarjetas de residencia. Una, la más básica, consiste en ser un vago o un caradura y dejar que los demás hagan el trabajo por uno. Quizá esta opción la ciudadanía la nota menos que el resto de compañeros, porque al final todo el mundo queda atendido.

La otra genera más impotencia, porque es aquella en la que los ordenadores deciden (por algún motivo) no trabajar. Esa no depende de uno mismo y es la que más inconvenientes ocasiona. Dentro de esta opción puede que un ordenador escoja de manera puntual declararse en huelga, con lo que cualquier otro ordenador o compañero puede concluir el trabajo empezado. Pero como se vengan abajo todos a la vez se crea un problema.

Y se crea porque es un inconveniente que no depende de la oficina ya que es a nivel nacional, y en ningún sitio del país se puede trabajar. Se crea porque los problemas de este tipo no suelen solventarse en 10 minutos, sino más bien en un mínimo de media hora. Se crea porque parece que se corre la voz y empiezan a llegar ciudadanos y a acumularse en espera de ser atendidos. Se crea porque parece que sólo se da los días en los que la cosa parece estar bastante entretenida. Pero sobre todo se crea porque nosotros nos enteramos al mismo tiempo que los ciudadanos a los que atendemos.

Si hay algún tipo de aviso, nos llega cuando llevamos más de 20 minutos sin poder trabajar, con lo que resulta bastante inútil. Afortunadamente, ante una situación de este tipo el ciudadano por norma general es comprensivo y no se enoja demasiado. Además, yo siempre suelo hacer todo lo que está en mi mano por la persona a la que atiendo, así que si tiene prisa le ofrezco atenderle otro día que le venga bien. Si no la tiene procuro darle conversación para que la espera se le haga más llevadera. Al fin y al cabo, es algo que no depende de mí y ante lo que poco puedo hacer. Sólo desear que la próxima vez que vuelva a ocurrir no haya ciudadanos a la espera.


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