La razón de lo absurdo

Ayer decidí hacer una pequeña compra de fruta mientras el pequeño disfrutaba de su actividad extraescolar. Aunque ya dije en su momento que para esto soy un poco torpe, la fruta entra dentro del ámbito de lo que me veo capaz de comprar.

Después de haber cogido y pesado unas mandarinas, me fui a por naranjas, que están al lado. Mientras las cogía, llegó una pareja de personas mayores a coger también mandarinas. Ella le dijo al hombre (que supongo que sería su marido): “Anda, bájamelas de caja que tan arriba no llego“. La caja inferior estaba vacía, y la pobre señora no llegaba a la superior donde se encontraba el género. El hombre se dispuso a ponerlo todo al alcance de la señora, para lo cual manoseó todas las piezas, obviamente sin guantes. ¿Qué sentido tenía lo que estaba haciendo la mujer? Quiero decir, el hombre ya había palpado con sus manos desnudas toda la caja, ¿qué más daba que ella también lo hiciera? ¿Tan sucias tenía las manos con respecto a él?

Afortunadamente para mí, ya me había servido, pero nadie me dice que no otros hubieran hecho lo mismo anteriormente con el resto de fruta que me llevé. Porque las naranjas y las mandarinas se pelan sí o sí, pero hay frutas como las manzanas, las peras o los melocotones, que se pueden comer con piel y no dejan de estar igualmente ricas. ¿Con qué tendría que lavarlas para asegurarse de que no se cogerá nada extraño proveniente de otro ser humano menos higiénico que yo, con amoníaco? Y pensar que algunos simplemente le sacan un poco de brillo a la fruta con la camiseta y se la llevan a la boca…

En fin, ya sabemos que la gente no acostumbra a leer los carteles, pero parece que tampoco se fijan en el de al lado… a menos que éste haga algo que le dé envidia. Porque yo sí que llevé mis guantes de plástico en todo momento, tal y como solicita la decena de carteles que hay en la zona de la frutería… De todas formas, la moda de los guantes y la higiene es relativamente moderna. Yo recuerdo que de pequeño las señoras tocaban a mano descubierta todas las piezas de fruta intentando ver, al tacto, cuál estaba mejor. Y no pasaba nada. Quizá porque la gente antes se lavaba más e iba más limpia. Quizá porque lavaba siempre la fruta antes de comerla. Si ahora nos ponen esos carteles y los guantes es porque algo claro pasa: somos más guarros que antaño. Así que, por favor, a lavarse las manos todos ahora mismo. Hay que empezar a crear el hábito.


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Cuarto y mitad

Hace meses me preguntaba por qué un hombre cualquiera, del montón de la normalidad, no sabía hacer correctamente la compra. Ayer me di cuenta de que hay que cursar algún tipo de estudio específico, un grado medio como mínimo. Estaba esperando pacientemente mi turno en la charcutería, cuando el hombre llamó al número anterior al mío. Tras un largo segundo en el que me preparé para ser llamado, surgió una señora de la nada (en realidad apareció de la carnicería), y tras un rápido “Buenas tardes” pidió tres cosas. Se volvió a darle más instrucciones al carnicero y regresó para echar un vistazo. Con la mirada puesta en otro sitio hizo un par de peticiones y espetó un medio apurado “Uy, me llaman en la pescadería” y de una carrera fue a pedir pescado.

Por momentos estuvo siendo atendida en tres lugares a la vez. ¿Alguien piensa que algún hombre es capaz de hacer eso? Creo que es más fácil sacarse primero la carrera de Derecho y luego la de Ingeniería Aeronáutica. O incluso aprobarlas de forma simultánea. Estoy convencido de que yo no podría haber hecho un estudio de las marcas, aspectos y precios de tantos productos en tan poco tiempo para pedir ‘sin mirar’, que era lo que hacía ella. Y de hacerlo, seguro que no hubiese servido para llevarme lo que debía.

Pero la cosa no quedó ahí. Cuando venía de pedir en la pescadería, recogió el pedido del carnicero y al charcutero le dijo algo que aún estoy pensando: “Me pones cuarto y mitad de pavo, y ya nada más“. ¿Cuarto y mitad? ¿A qué equivale eso? ¿A un cuarto de la pieza y la mitad de lo restante? Supongo que la medida es en gramos. ¿375 gramos (cuarto, 250, y mitad del cuarto, 125)? ¿750 gramos (cuarto, 250, y mitad del kilo, 500)? ¿Corresponde a lo que decida el charcutero? ¿No es más fácil aprenderse el peso o la cantidad de lonchas y pedir así? Y lo que más me escama, ¿es algún dato mundialmente conocido? Porque todos (pescaderos, charcuteros, carniceros, polleros…) saben lo que tienen que poner exactamente cuando les piden eso.

De todas formas, no sé si sentir enfado por lo que nos retrasaba al resto esa señora pidiendo en tres lugares simultáneamente (porque por mucho que quiso optimizar hubo momentos en los que los trabajadores estaban parados esperándola) o admiración por lo que era capaz de hacer sin atisbo alguno de estrés por su parte. Por fortuna para mí, para cuando terminó de pedir en la charcutería, mi mujer ya estaba conmigo.


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