El arte de medir lo mismo

Llega un momento en nuestra vida en la que empiezan a importarnos cosas que hasta entonces nos daban igual. En el caso de la estatura, llega en una época mala. Y es mala porque todos son muy competitivos (con el tiempo muchos van perdiendo esta actitud), y uno siempre quiere ser más que el resto (a pesar de ser una actitud ligada a la anterior, ésta se acentúa con el tiempo, quizá porque conecta en mayor medida con la avaricia). Por ello, cuando los pequeños se comparan en altura a ninguno le gusta salir perdiendo. Y para lograr este objetivo utilizan todas las armas que tienen a su alcance. Dado que no cuentan con un metro de costurera, que es la herramienta oficial para medir la altura de un niño (siempre recordaré a mi madre con ese largo metro amarillo en mano para comprobar nuestros avances), no les queda otra que hacer uso del ingenio.

En la última semana lo he podido comprobar varias veces, entre varios niños y varias niñas de diferentes edades del colegio donde llevo al mío, y en mi propia casa con el pequeño. Se ponen uno frente al otro, y el más bajito de los dos efectúa varias veces la medición (imagino que porque los altos no saben medir correctamente), para concluirla con un “¡Iguales!” o similar. Me sorprendió como en los casos de los niños del colegio, el más alto no objetaba nada a la medición del otro, no sé si porque era lo suficientemente maduro como para no querer quitarle la ilusión a pesar de llevarse una diferencia en edad de solo unos meses. Cuando me lo hace mi hijo a mí (encontrándonos a distintas alturas, lógicamente) me resulta muy gracioso, y siempre lo acompaño de una cara de sorpresa y una frase: “Anda, pues es verdad, medimos igual“.

El truco que utilizan es uno que no sé muy bien cómo pasa de generación en generación allá donde uno esté: medir en diagonal. Lo veo y me traslado mentalmente a unos 30 años atrás, cuando era yo quién lo hacía. Todo lo que hay que hacer para una perfecta ejecución es llevarse la mano a la parte más alta de la frente (o encima de la cabeza), y acercarla a la de la persona con la que uno desea medirse, subiendo la mano cuanto sea necesario por el camino para llegar al mismo lugar que en la propia. Y repetir el movimiento con seguridad varias veces, para convencer al “alto” de que el proceso se realiza con exactitud. En ellas da igual que ya no se llegue al mismo sitio porque son medidas redundantes, la válida es la primera que para eso se hace despacito trazando el trayecto con cuidado.

La primera vez que mi hijo se midió conmigo me sorprendió porque yo no le había enseñado a medir así. Después simplemente me hizo gracia la inocencia que tienen los pequeños porque aunque vean que a priori no es posible, supongo que terminan creyéndoselo. Es una pena que con el tiempo acabemos perdiendo esa inocencia, aunque mi mujer asegura que a mí me queda mucha todavía; es algo que nos hace adorables.


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¿Esa mujer quién es?

Los niños se caracterizan por varias cosas. Una de ellas es la sinceridad. Eso que en algún momento de la vida pierde cuando se transforma en adulto.

Y la sinceridad de uno de ellos de unos 8 ó 9 años es lo que dejó en evidencia ayer a su padre, cuando acudió a la oficina a hacerse la tarjeta de cónyuge de española. Cuando le solicité al señor en cuestión el DNI de su esposa y lo sacó de su cartera, el niño al ver la fotografía soltó un imprevisible “Papá, ¿esta mujer quién es?“.

El padre, lógicamente, se quedó a cuadros. Y yo no tuve más remedio que intervenir: “¿No sabes quién es esa señora? Pues es la mujer que está, supuestamente, casada con tu padre. Vamos, tu madrastra. ¿Sabes? Creo que deberías sentarte más a hablar con tu padre, porque por lo que veo no lo hacéis mucho. La noticia de tener una ‘mamá’ nueva deberías haberla tenido hace tiempo…

¿Qué puedo pensar? Obviamente que ese matrimonio es más falso que un billete de doce euros. ¿No le va a decir a su hijo (ya crecidito) que va a haber alguien en casa que haga las veces de madre de familia? ¿Acaso tiene miedo a represalias del menor por intentar sustituir a su madre biológica? Yo estoy convencido de que es más fácil que todo eso. Era un matrimonio de conveniencia al 99,99%. Lo difícil es que algún día se puedan demostrar todos estos casos.


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