Es tu obligación

Hay gente por la que no me importa hacer cosas, por lo general gente amable, educada, que viene a la oficina con humildad y que es agradecida. Y no es necesario que lo sea todo a la vez. Sin embargo, también hay personas por las que no movería un dedo ni aunque pudiera. Normalmente personas chulas, prepotentes, egoístas, que se creen más importantes que el resto y que piensan que ellos tienen que ser siempre los primeros. Y tampoco tiene que darse todo a la vez.

Y ésto es lo que pasó ayer con una familia que vino a hacer el DNI de la niña. Llegaron 20 minutos tarde, cuando quedaban 25 para cerrar. Hablé con la madre:.

– Buenas tardes. ¿Tenía usted cita?
– Hola. Sí, pero creo que se me ha pasado. Es que está la niña mala…
– ¿A las 7.15?
– Sí. ¿Se me ha pasado?
– Un poco… Teniendo en cuenta que son las 7.35… Siéntese un poco a ver qué podemos hacer.

Cuando acabo de atender al ciudadano que tengo sentado, les indico que se acerquen. A mitad de la renovación del carné, el padre intenta demostrar que está un escalón por encima de la plebe funcionarial que debería inclinarse a su paso hablando con chulería:

– A ver, yo estuve aquí hace un tiempo y me hicieron mal el carné, y el señor me dijo que cuando viniera con la niña me lo hacías sin problema.
– ¿Yo?
– Tú o quien me atendiera.
– ¿Y eso quién se lo dijo?
– (Señalando un puesto) Un señor que estaba aquí la otra mañana.
– Pues ese señor mañana se lo corrige. Ahora estamos a punto de cerrar. De hecho con su hija terminamos, y ya no nos queda tiempo material para poder hacerlo.
– ¿Pero qué solución me estás dando? Me dijeron que me lo iban a cambiar sin problemas.
– Y es verdad, pero mañana. Él se lo va a cambiar sin ponerle pega alguna. Cuando nos equivocamos, corregimos las cosas sin hacer esperar a la gente. Pero estamos a punto de cerrar y yo no sé qué ha pasado. Tengo que fiarme de que usted no me esté mintiendo.
– Pues ni me gusta que me lo hicieran mal el otro día ni la solución que me das hoy. Total, tardas cinco minutos, no te cuesta nada y tienes la obligación de arreglarlo porque es un error de la Administración y tú perteneces a ella.
– Lamento que no tolere que todo el mundo tiene derecho a equivocarse y que a mí no me guste trabajar sin que me paguen, lo mismo a usted sí le gusta y nunca se confunde en su trabajo. El tiempo que tardo usted no lo sabe, no se dedica a esto. Yo no le digo lo que tarda o debe tardar en realizar su trabajo. Usted tampoco lo haga. Y ya le digo que habiendo tiempo de sobra le arreglo el carné sin problema aunque el error sea de otro porque como bien dice todos somos la Administración. Pero estamos a tres minutos del cierre.
– (Con un tono de superioridad al que todo le da lo mismo) Pues lo voy a dejar así y ya está.

Me soltó la frase como si estuviera fastidiándome a mí haciendo eso. ¿No se da cuenta de que es él quien tiene el DNI mal? El problema que tuvo conmigo fue la prepotencia con la que llegó y las exigencias que trajo. Como si yo tuviera la culpa y debiese pedirle perdón encima por algo que me estaba contando y que no sabía si era verdad, teniendo en cuenta que todo el mundo miente por defecto. Si hubiera pedido las cosas de una forma más humilde, podría haberle dado multitud de opciones. Así, se encontró con una sola. Y es que mis obligaciones me las dicen mis jefes, no la gente que viene de fuera.


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Creerse alguien (y 3)

Esta sociedad tiene una élite de ciudadanos que siempre van un escalón por encima de los demás. No es que sean más inteligentes, ni más capaces. Sólo tienen más dinero. Y con eso, tienen un puesto de trabajo acorde a esa situación que les da todavía más dinero, y que obviamente no se han ganado por méritos propios, sino por los de un familiar, un amigo o una persona a la que han hecho un favor (como dejarle parte de su dinero para solucionar un problema) en determinado momento de su vida. ¿Qué genera esto? La conocida división de clases.

Afortunadamente, en la silla de los ciudadanos de mi puesto no existe tal división. Todos los que llegan tienen dos ojos, una boca, una nariz, dos brazos y dos piernas (en el 99% de los casos), y eso les hace bastante similares. Estoy convencido de que algunos tienen menos cerebro, pero como es algo que no veo, no puedo asegurarlo a ciencia cierta. Cuando me ha tocado atender a uno de estos tipos “importantes“, con varios me he llevado una ingrata sorpresa al verificar lo que pensaba de ellos, en especial si he tenido que mandarle a por un papel, o a por nuevas fotografías:

– ¿Qué pasa? ¿No me quieres hacer el DNI?
– Sí, pero me tiene que traer los documentos necesarios para ello, si no me resulta imposible.
– (Con prepotencia) ¿Tú sabes quién soy yo?
– (Leyendo su DNI, que sé que eso le va a fastidiar tras el tono en que me ha preguntado) Sí, Pepito Pérez Perez.
– (Indignado) ¿No sabes quién soy? Pues ya verás como dentro de poco lo sabes. ¡Pero bueno! Se va a enterar todo el mundo de que no me quieres hacer el DNI.
– No, disculpe. Que se entere todo el mundo de que usted quiere hacerse el carné sin cumplir lo que sí cumplen el resto de ciudadanos, que es lo que verdaderamente ocurre. No se confunda.

Supongo que el dinero y la vergüenza y la educación no caben en el mismo sitio, y cuando se tiene más de uno se tiene menos de las otras, y a la inversa. Es por eso que toda esa gente demuestra lo que tiene a espuertas y, al mismo tiempo, de lo que carece. Y que erróneamente se cree que puede hacer lo que desee con dinero. Al menos en mi puesto.

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Creerse alguien (2)

Hay varios tipos de personas con los que no puedo, es superior a mis fuerzas. Uno de esos grupos es el de los personajes públicos que utilizan el factor de salir en televisión para intentar aprovecharse de algo que en condiciones normales (si no le conociera ni el Tato, vamos) no podrían.

El problema es que salir por la tele no va ligado a tener educación. La gran mayoría de estos personajes no son conscientes de que por el simple motivo de estar todos los días en las casas de millones de personas mucha gente les conoce. Lo peor es que también es muy elevado el número de ciudadanos que les consideran un modelo a seguir, así que supongo que por ello deberían comportarse siempre de forma ejemplar. Por eso no entiendo cómo puede darse el caso de que un personaje público acabe sentado en mi mesa (no es que ocurra con frecuencia, pero a veces ha pasado) y cuando le digo que las fotos que me trae no le sirven porque son demasiado antiguas, me diga:

– ¿Que no me valen las fotos?
– No, lo siento. Necesito que tengan menos de dos años, estas tienen más de cinco.
– ¿Pero cómo me haces esto?
– ¿Yo? No le he hecho nada todavía.
– ¿Es que no sabes quién soy?
– Sí, acabo de leerlo en su DNI.
– ¿No me conoces? ¿Es que no sabes que salgo en televisión?
– ¿Y qué quiere decir, que eso le da derecho a hacer lo que quiera saltándaose la norma que cumplen los demás ciudadanos que no aparecen en ella? Lo siento, pero como no se haga unas fotos nuevas yo no le puedo renovar el carné.

¿Qué se ha creído? ¿Piensa que porque todo el mundo que le ve a diario sepa su nombre ya merece un respeto especial? ¿Qué ha hecho en la vida para ello? ¿Ha descubierto la vacuna a alguna enfermedad mortal? Sólo por vender sus intimidades al mejor pagador, o por gritar despotricando de otros que lo hacen, o por cantar en un estudio donde sintetizan tanto la voz que en un concierto parece que canta otro, o por salir en alguna película o serie nacional, no se posee un nivel mayor al de otro ciudadano. Es el problema que tienen algunos famosos, que se les sube a la cabeza; como el alcohol. Por eso hay tantos que se emborrachan de fama y acaban como acaban.

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Creerse alguien (1)

Hay tres tipos de fanfarrones en esta vida: los que se creen alguien por ser personas con un cargo de determinada responsabilidad social, los que se creen alguien por ser personajes públicos, y los que se creen alguien por conocer a otra persona que teóricamente se encuentra dentro de alguno de los dos anteriores.

Si tengo que elegir, estos últimos son los peores, porque no sólo no son nadie en la vida, sino que se creen que pueden llegar a ser en algún momento alguien más importante que yo, pero sin que dependa de ellos mismos. En su gran ignorancia piensan que por deberle un favor a la persona que conocen podrán subir su mísero estado social. Pero seré positivo: al menos su ego sí que sube. Y eso ya es algo, no debe ser fácil tenerlo cada día a la altura del tobillo.

Lo peor de esta clase de personas es que, como ocurrió con una señora que vino ayer, cogen cita a una hora a la que saben que no van a llegar porque 15 minutos después de la misma tienen que recoger a la persona que se va a hacer el DNI del lugar donde se encuentra. Lo que conlleva llegar a la cita 25 minutos tarde (como poco) y en el peor de los casos a 5 minutos del cierre. Y cuando se le explica que no se le puede atender por la hora que es y por lo que se ha retrasado, responde con una soberbia fuera de lo normal: “Es que he recogido al niño ahora mismo del colegio, pero bueno, si no me hacéis caso… Ya llamaré a Pepito Alto Rango para decirle que he venido y no me habéis querido escuchar, ni hacer caso, ni el carné, ni nada. ¿No le conoces? Es el jefe de aquí“.

¿Me está amenazando? ¿Pero qué se ha creído esa descendiente directo del orangután? ¿Piensa que me asustaré por eso? ¿Se cree alguien? No es más que una persona mediocre que no ha sido capaz de hacer algo en la vida por lo que se le reconozca algún tipo de mérito, y que además pretende usar el de otro (que no sé si ha hecho algo meritorio pero que al menos es un jefe). ¿Y por ser yo una persona de rango bajo necesito darle un trato preferencial? Lo siento, pero así no funcionan las cosas. Al menos no conmigo.

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Te voy a denunciar

Tenía que pasar. No sé si por mi enfermedad o por mi profesionalidad, pero no podía estar caminando siempre por el alambre. Lo más lógico en esa situación sin ser equilibrista de nacimiento (y posiblemente aun siéndolo), era que tarde o temprano me cayera.

Ayer vino una señora a renovar su tarjeta de residencia. Dependía de su marido, español, y debía aportar su DNI. Cuando lo sacó, me entregó uno deteriorado y le comenté que su marido debía renovar el carné para poder tramitar ella su tarjeta. No le gustó en exceso la negativa (por alguna razón que desconozco hay gente que odia que le digan a algo que no y encoleriza) y eso que le ofrecí diversas soluciones para volver a ser atendida sin apenas esperar para tramitar los dos documentos. Así que salió corriendo a contárselo al individuo que tenía por esposo para que entrase a poner orden. Y lo que hizo fue empeorar las cosas. Este señor, ataviado con un traje y una tablet, sin tan siquiera dar los buenos días, empezó a gritarme:

– ¿Has sido tú quien ha atendido a mi mujer?
– (Perdona, ¿te conozco? ¿Hemos tomado cañas juntos alguna vez? ¿Y por qué me tuteas entonces? Ah, ya, que la educación es una de esas cosas que te quedaron pendientes de asimilar…) Sí, soy yo.
– ¿Se puede saber por qué no le has cogido mi DNI a mi mujer?
– Porque está deteriorado y lo tiene usted que renovar.
– ¡Pero qué dices! Está sólo un poco roto por una esquina. Este carné es totalmente válido. Además, en el banco me lo cogen.
– Es su opinión, como persona que no hace carnés. Le sacaré de su error aprovechando que yo sí los hago. Ese DNI no vale.
– ¡Pues te voy a denunciar por no querer cogerme el carné estando un poquito roto por una esquina!
– Adelante, denúncieme, ahí enfrente está la oficina. No le servirá de mucho pero está en su derecho.

¿Pensaba que me va a asustar con eso y que le iba a decir “Anda, no lo hagas, que te lo cojo“? ¿Creía que iba a amedrentarme con una supuesta denuncia de la que cualquier persona con dos dedos de frente se reiría si la leyera? Hasta tres veces me dijo que me iba a denunciar por no cogerle un DNI roto con el cual podía operar a través de internet porque tenía bien el chip y que, por lo tanto (y según su criterio), era válido. De nada sirvieron mis explicaciones. Y es que, como dice una sabia compañera que tengo, “Donde no hay mata, no hay patata“.

¿Acaso tengo yo culpa de que en el banco no trabajen bien o de que el director de la sucursal sea su primo? ¿Qué tiene que ver una máquina que se encarga de leer el chip de un carné con una persona que se dedica a comprobar que todo está correcto? Si se le introduce al lector de tarjetas medio DNI porque esté partido en dos pedazos, seguro que puede operar sin problema si el chip no ha sufrido daños. Pero no podría comprar con él ni en un bazar. Y ya querría verle yo intentando convencer al chino de que se lo coja porque puede usarlo por internet. Las máquinas sirven para hacer lo que se les pide. Sé que algunas personas incluso ni eso, pero afortunadamente (aunque suene prepotente) yo suelo ir un paso más allá. Doy algo más de mí. Al final, tras hablar con cuatro jefes que le dijeron lo mismo que yo, no me denunció porque entre todos le hicieron comprender que iba a hacer el ridículo.

Sé que soy una persona exquisita, pero llevo fatal la mala educación y los modales prehistóricos. Soy tan ser humano como los demás, y el hecho de que yo no lleve traje y sea funcionario no me convierte en menos persona. Lo peor de todo es que algunos están convencidos de lo contrario.


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