Viaje del viernes #20

Viaje del viernes

El lenguaje está lleno de pequeños matices que hacen que una frase cobre un sentido distinto con una mínima variación. Por ejemplo, no es lo mismo “Estas fotos son del verano pasado” que “Estas fotos son del verano que ha pasado”. Son cinco simples letras, pero dan un significado totalmente distinto a la frase. De hecho, en el primer caso sabemos que como mucho son 11 meses, y en el segundo no se puede determinar. Y esa es una diferencia que muchos no terminaban de entender.

La gente se quiere mucho a sí misma. Se tiene bastante aprecio. El motivo lo desconozco. No sé si es que no se tiene abuela, si uno se entra por los ojos después de estar toda la vida mirándose en un espejo, si es la rutina de verse a diario intentando localizar todos los aspectos positivos de lo que ve, o si es que verdaderamente no se tiene criterio.

Muchas veces, cuando solicito una foto reciente al ciudadano que atiendo éste me aporta una que lleva en la cartera y que tiene más de cuatro años. En ocasiones no se nota a simple vista, pero lo sé. Lo sé porque viene más amarilla que el posavasos de una taza de café, con un papel fotográfico que se dejó de utilizar hace varios años, o más usada que un cromo de Butragueño. El inconveniente es que en esas situaciones no puedo demostrarlo (a menos que hayan puesto la fecha por detrás a boli, que los hay). Sin embargo, hay veces que la cosa es más fácil. La foto es la misma que la del carné que me acaban de entregar y que obtuvieron en 2007, o en 2003, y ahí sí que no hay dudas de que sería reciente si se comparase con el período Jurásico.

Cuando le digo a la persona que no puedo poner una foto tan antigua, que me tiene que dar una más actual, ante tamaña sorpresa me responde sobresaltada:

– ¿Antigua? ¡Pero si es del verano pasado!
– ¿Seguro?
– ¡Claro!
– Mire que no es que dude de usted, es que ir con abrigo polar en verano no lo termino yo de ver…
– Bueno, pues sería de un poco antes del verano, pero vamos, que es del año pasado.
– Pasado es, desde luego, lo que no me atrevería a decirle es cuánto hace que pasó. Pero creo que bastante.
– ¡Pero si estoy igual!
– Bien, es su opinión… Totalmente respetable por supuesto. Traiga unas fotos nuevas y verá como no es tan claro como me asegura…
– ¡Pero si no he cambiado tanto!
– Lo siento, debe traer unas fotos de su aspecto actual.

Me dan ganas de seguir la frase con “unas fotos donde tenga usted todo el pelo blanco, no negro“, “unas fotos donde tenga usted la cara menos tersa“, o “unas fotos donde usted ya no tenga tanto pelo“. Pero mis padres me dieron una educación ejemplar.

Me resulta impensable que la gente piense en serio que está igual que hace casi 10 años. ¿Creen que son Jordi Hurtado? Aunque uno se vea todos los días y no note el cambio a largo plazo, éste existe. De hecho, verse a diario en el espejo y revisar una foto o un vídeo de principios de siglo es lo que ayuda a darse cuenta que uno ya no es lo que era. Sin que eso signifique que lo nuevo sea peor. Por tanto, ¿por qué piensan que no me voy a dar cuenta de que la foto tiene un montón de años? Si ellos lo ven claro (y lo saben) aunque mientan, ¿por qué no iba a verlo yo también?

Cambio de peinado

En una de mis primeras entradas decía que las mujeres son coquetas. Ahora debo añadir que además tienen unas costumbres muy extrañas en relación con esa afirmación. Y es que sólo a una mujer se le ocurre venir a hacerse el carné con el pelo teñido de rojo con decoloración en las puntas, con la raya a un lado y con la parte de atrás de punta y lleno de laca o gomina, y cuando les pido una foto reciente entregarme una en la que aparecen con una larga melena rubia, con el flequillo tapándole media frente, con unos mechones rizados a ambos lados de la cara, con un semirecogido en la parte central trasera y con capas y distintas tonalidades de rubio.

Me gustaría que alguna de las mujeres que me lee me sacara de la duda. ¿Por qué lo hacen? Quiero decir, si en el carné debe figurar una foto lo más fiel posible al estado actual de cada uno, ¿por qué me traen una foto con un peinado tan distinto que no parecen ellas?

Lo curioso es que prácticamente siempre me pasa lo mismo. Miro la foto, miro a la señora, miro la foto, miro a la señora, y sin que yo diga nada me dice: “He cambiado de peinado hace una semana, pero la foto es de ahora“. Como saben que es falso, saben que la foto tiene ya un tiempo y además son conscientes de que yo me he dado cuenta, me veo en la obligación de contestarles: “¿Y tanta prisa le corría cambiar de aspecto que no ha podido esperar cinco días a hacerse el carné primero?“.

Si algo me ha enseñado la vida es que las mujeres se dan cuenta de todos los detalles. No me voy a creer que no se percaten de que hacerse el DNI pareciéndose a la foto que me traen es mucho más sencillo para todos que no hacerlo. Lo que ocurre es que esa es la foto que han encontrado por casa de a saber cuándo, y tienen la frase como excusa. Que digo yo que si todas me ponen la misma, o se la van pasando una a otra por whatsapp o está sacada de Foro en femenino, porque me resulta difícil aceptar que todas acaben llegando a la misma conclusión de manera independiente.

Mujeres del mundo que os renováis el carné o el pasaporte: si os hacéis un cambio considerable de peinado, esperad a tener la documentación primero o haceros una foto con el nuevo aspecto para usarla. Seguro que el cambio es para mejor y salís ganando. Y además me facilitáis las cosas.


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Fotos del verano pasado

La gente se quiere mucho a sí misma. Se tiene bastante aprecio. El motivo lo desconozco. No sé si es que no se tiene abuela, si uno se entra por los ojos después de estar toda la vida mirándose en un espejo, si es la rutina de verse a diario intentando localizar todos los aspectos positivos de lo que ve, o si es que verdaderamente no se tiene criterio.

Muchas veces, cuando solicito una foto reciente al ciudadano que atiendo éste me aporta una que lleva en la cartera y que tiene más de cuatro años. En ocasiones no se nota a simple vista, pero lo sé. Lo sé porque viene más amarilla que el posavasos de una taza de café, con un papel fotográfico que se dejó de utilizar hace varios años, o más usada que un cromo de Butragueño. El inconveniente es que en esas situaciones no puedo demostrarlo (a menos que hayan puesto la fecha por detrás a boli, que los hay). Sin embargo, hay veces que la cosa es más fácil. La foto es la misma que la del carné que me acaban de entregar y que obtuvieron en 2007, o en 2003, y ahí sí que no hay dudas de que sería reciente si se comparase con el período Jurásico.

Cuando le digo a la persona que no puedo poner una foto tan antigua, que me tiene que dar una más actual, ante tamaña sorpresa me responde sobresaltada:

– ¿Antigua? ¡Pero si es del verano pasado!
– ¿Seguro?
– ¡Claro!
– Mire que no es que dude de usted, es que ir con abrigo polar en verano no lo termino yo de ver…
– Bueno, pues sería de un poco antes del verano, pero vamos, que es del año pasado.
– Pasado es, desde luego, lo que no me atrevería a decirle es cuánto hace que pasó. Pero creo que bastante.
– ¡Pero si estoy igual!
– Bien, es su opinión… Totalmente respetable por supuesto. Traiga unas fotos nuevas y verá como no es tan claro como me asegura…
– ¡Pero si no he cambiado tanto!
– Lo siento, debe traer unas fotos de su aspecto actual.

Me dan ganas de seguir la frase con “unas fotos donde tenga usted todo el pelo blanco, no negro“, “unas fotos donde tenga usted la cara menos tersa“, o “unas fotos donde usted ya no tenga tanto pelo“. Pero mis padres me dieron una educación ejemplar.

Me resulta impensable que la gente piense en serio que está igual que hace casi 10 años. ¿Creen que son Jordi Hurtado? Aunque uno se vea todos los días y no note el cambio a largo plazo, éste existe. De hecho, verse a diario en el espejo y revisar una foto o un vídeo de principios de siglo es lo que ayuda a darse cuenta que uno ya no es lo que era. Sin que eso signifique que lo nuevo sea peor. Por tanto, ¿por qué piensan que no me voy a dar cuenta de que la foto tiene un montón de años? Si ellos lo ven claro (y lo saben) aunque mientan, ¿por qué no iba a verlo yo también?


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