Cuarto y mitad

Hace meses me preguntaba por qué un hombre cualquiera, del montón de la normalidad, no sabía hacer correctamente la compra. Ayer me di cuenta de que hay que cursar algún tipo de estudio específico, un grado medio como mínimo. Estaba esperando pacientemente mi turno en la charcutería, cuando el hombre llamó al número anterior al mío. Tras un largo segundo en el que me preparé para ser llamado, surgió una señora de la nada (en realidad apareció de la carnicería), y tras un rápido “Buenas tardes” pidió tres cosas. Se volvió a darle más instrucciones al carnicero y regresó para echar un vistazo. Con la mirada puesta en otro sitio hizo un par de peticiones y espetó un medio apurado “Uy, me llaman en la pescadería” y de una carrera fue a pedir pescado.

Por momentos estuvo siendo atendida en tres lugares a la vez. ¿Alguien piensa que algún hombre es capaz de hacer eso? Creo que es más fácil sacarse primero la carrera de Derecho y luego la de Ingeniería Aeronáutica. O incluso aprobarlas de forma simultánea. Estoy convencido de que yo no podría haber hecho un estudio de las marcas, aspectos y precios de tantos productos en tan poco tiempo para pedir ‘sin mirar’, que era lo que hacía ella. Y de hacerlo, seguro que no hubiese servido para llevarme lo que debía.

Pero la cosa no quedó ahí. Cuando venía de pedir en la pescadería, recogió el pedido del carnicero y al charcutero le dijo algo que aún estoy pensando: “Me pones cuarto y mitad de pavo, y ya nada más“. ¿Cuarto y mitad? ¿A qué equivale eso? ¿A un cuarto de la pieza y la mitad de lo restante? Supongo que la medida es en gramos. ¿375 gramos (cuarto, 250, y mitad del cuarto, 125)? ¿750 gramos (cuarto, 250, y mitad del kilo, 500)? ¿Corresponde a lo que decida el charcutero? ¿No es más fácil aprenderse el peso o la cantidad de lonchas y pedir así? Y lo que más me escama, ¿es algún dato mundialmente conocido? Porque todos (pescaderos, charcuteros, carniceros, polleros…) saben lo que tienen que poner exactamente cuando les piden eso.

De todas formas, no sé si sentir enfado por lo que nos retrasaba al resto esa señora pidiendo en tres lugares simultáneamente (porque por mucho que quiso optimizar hubo momentos en los que los trabajadores estaban parados esperándola) o admiración por lo que era capaz de hacer sin atisbo alguno de estrés por su parte. Por fortuna para mí, para cuando terminó de pedir en la charcutería, mi mujer ya estaba conmigo.


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