Creerse alguien (y 3)

Esta sociedad tiene una élite de ciudadanos que siempre van un escalón por encima de los demás. No es que sean más inteligentes, ni más capaces. Sólo tienen más dinero. Y con eso, tienen un puesto de trabajo acorde a esa situación que les da todavía más dinero, y que obviamente no se han ganado por méritos propios, sino por los de un familiar, un amigo o una persona a la que han hecho un favor (como dejarle parte de su dinero para solucionar un problema) en determinado momento de su vida. ¿Qué genera esto? La conocida división de clases.

Afortunadamente, en la silla de los ciudadanos de mi puesto no existe tal división. Todos los que llegan tienen dos ojos, una boca, una nariz, dos brazos y dos piernas (en el 99% de los casos), y eso les hace bastante similares. Estoy convencido de que algunos tienen menos cerebro, pero como es algo que no veo, no puedo asegurarlo a ciencia cierta. Cuando me ha tocado atender a uno de estos tipos «importantes«, con varios me he llevado una ingrata sorpresa al verificar lo que pensaba de ellos, en especial si he tenido que mandarle a por un papel, o a por nuevas fotografías:

– ¿Qué pasa? ¿No me quieres hacer el DNI?
– Sí, pero me tiene que traer los documentos necesarios para ello, si no me resulta imposible.
– (Con prepotencia) ¿Tú sabes quién soy yo?
– (Leyendo su DNI, que sé que eso le va a fastidiar tras el tono en que me ha preguntado) Sí, Pepito Pérez Perez.
– (Indignado) ¿No sabes quién soy? Pues ya verás como dentro de poco lo sabes. ¡Pero bueno! Se va a enterar todo el mundo de que no me quieres hacer el DNI.
– No, disculpe. Que se entere todo el mundo de que usted quiere hacerse el carné sin cumplir lo que sí cumplen el resto de ciudadanos, que es lo que verdaderamente ocurre. No se confunda.

Supongo que el dinero y la vergüenza y la educación no caben en el mismo sitio, y cuando se tiene más de uno se tiene menos de las otras, y a la inversa. Es por eso que toda esa gente demuestra lo que tiene a espuertas y, al mismo tiempo, de lo que carece. Y que erróneamente se cree que puede hacer lo que desee con dinero. Al menos en mi puesto.

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