Yo para ser feliz quiero un camión

Camiones

Quiero comenzar reconociendo que este colectivo no es como el de los abogados o los comerciales. Quizás porque jugarse la vida cada día en la carretera les hace ser de otra manera, pero a diferencia de los otros dos gremios, los primeros, en su mayoría, se dedica a hacer su trabajo sin intentar hundir de cualquier forma al prójimo. El problema es que los pocos que van a su rollo pueden causar catástrofes mayores que las de los otros dos grupos juntos.

¿Seguro que te da tiempo?Ayer, volviendo a casa, entré en una rotonda que da entrada a un polígono. Es muy transitada por camiones, así que yo me lo suelo tomar con filosofía. Cuando conseguí entrar en ella la realicé tal y como comenté que me recomienda el código de circulación. Cuando me aproximaba a mi salida, puse en marcha mi intermitente derecho para avisar a los que querían entrar justo antes de mi salida y a quiénes venían tras de mí. Al aproximarme a la salida, un señor que conducía un camión enorme me miró, pensó durante un instante (supongo que “me da tiempo, me da tiempo”), y salió a la (escasa) velocidad que puede salir un vehículo de esas dimensiones. Ahí me vi yo, a tres metros del camión, con la preferencia de ir por dentro de la rotonda y pegando un frenazo que entre las ruedas y el claxon podía haber compuesto algún tema musical.

Me gustaría saber qué se le pasó por la cabeza a ese individuo (si es que se le pasó algo), porque obviamente no le daba tiempo a pasar ni aun llevando el camión vacío. ¿Por qué decidió salir si yo estaba al lado? ¿Le daba igual porque en caso de colisión él ganaba seguro? Tendría que volver a hacer algo similar pero con una scooter. Así podría saber lo que sentí yo y quizá con un poco de suerte no lo haría más.

Y vosotros, ¿os habéis encontrado alguna vez con camioneros que piensen que son los amos de la carretera? ¿Ha peligrado vuestra integridad física por culpa de un camión de varios ejes? ¿Os apetecería conducir uno de ellos para sentir que pase lo que pase vais a ganar siempre?


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Ciclistas atrevidos

Ciclistas atrevidos

El fin de semana en Rascafría dio para algo más que para ver cómo una señora se cargaba en dos minutos, y por dos veces, la educación que intentaba inculcar a mi pequeño acerca de leer – y obedecer – los carteles que encontrara en la calle. También dio para empeorar mi visión sobre el resto de padres y el ejemplo que dan a los niños.

Los bicivoladoresHay personas que piensan que cuando se montan encima de una bicicleta se vuelven poderosos, inmortales, o que se han convertido en uno de los bicivoladores. Muchos, además, se piensan que las normas no están hechas para ellos. Parto de la base que no tengo nada en contra de los buenos ciclistas. Yo una vez lo fui, usaba la bicicleta a diario, en cuanto terminaba mis deberes. Salía con varios amigos a dar de sí los cuentakilómetros que tenían incorporados. Pero siempre respeté las normas, o al menos lo intenté, dentro de lo que mi adolescencia me permitió (comprendo que esta es una edad muy mala, y que uno no es consciente de prácticamente nada). Además, sé que hay mucha gente que utiliza la bici con responsabilidad.

Pero es que estoy cansado de ver adultos que utilizan la bicicleta circulan creyéndose que están por encima del bien y del mal. He visto muchos que van por la carretera, y ante un semáforo en rojo adelantan a los coches y se lo saltan, supongo que porque piensan ellos no tienen que pararse. O peor aún, que se convierten en peatones con ruedas – no se bajan de la bicicleta – y tras pasar por el paso de cebra esquivando a la gente (no tengo muy claro quién esquiva a quién) suben a la acera para bajar a la carretera de nuevo unos metros más adelante. He comprobado cómo circulan por las rotondas obviando los “Ceda el paso” que encuentran para entrar en ellas. O cómo se saltan los pasos de cebra por la zona del carril bici – a veces ni siquiera por él – para agredir verbalmente al peatón ¡por no parar! Y, aunque la ley les ampara, he visto cómo han circulado por un carril en carreteras con arcén en bloque de dos charlando y ralentizando el paso de los coches que van detrás. Quizá yo siempre fui una persona miedosa o desconfiada en exceso, pero siempre procuré apartarme de los coches cuando venían para dejarles pasar. Nunca sabía cuándo podría encontrarme al idiota que me llevara por delante porque sí. Tenía la costumbre de salir a pedalear sin armadura y por mucha ley que me apoye en un juicio, tengo que poder llegar vivo a él para ganarlo.

Ciclista sin miedoVolviendo al viaje, una de las tardes fui partícipe de un casi-accidente. Supongo que me sorprendió por no conocer el pueblo, y que los protagonistas seguramente sí lo conocían. Paseaba por una calle cuya dirección era cuesta arriba en una zona en la que había una curva pronunciada y un coche subía bastante rápido. El conductor vio un hueco que tenía a la derecha y como quiso aparcar aminoró la marcha. De pronto apareció de la nada un señor montado en una bicicleta a toda velocidad y ambos frenaron en seco. Dos segundos después, también en dirección prohibida en una calle sin visibilidad, aparecía un niño de unos 8 años en otra bicicleta igual de rápido, que frenó al ver a su padre. Si el coche no llega a reducir para aparcar, seguramente se habría llevado al padre por delante. Y si llega a ir un poco despistado, a los dos. Imagino que el conductor del coche lo último que esperaría es que por allí vinieran dos ciclistas como si el que iba mal fuera él con su vehículo.

Yo no daba crédito a lo que acababa de ocurrir. Un señor había puesto en peligro su vida. Pero no contento con eso, estaba poniendo en peligro la de – supongo – su hijo. ¿Por qué había decidido eso? ¿Qué le llevaba a actuar con tanta temeridad, la excesiva seguridad sobre sí mismo? ¿Qué ejemplo le estaba dando al niño? Si un día cualquiera el chaval fuera solo y haciendo algo parecido tuviera un accidente, no me extrañaría que el – estúpido – padre se llevara las manos a la cabeza y culpara a todo y a todos; menos a él mismo.


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Como un cono cualquiera

Nunca lo había pensado, pero la vida de un cono tiene que ser dura. Les fabrican con el único fin de vivir pendientes de esquivar golpes. Y eso tienen que hacerlo sin moverse de donde les ponen.

Fila de conosLos que tienen más suerte que el resto se pasan mucho tiempo de su vida simplemente delimitando, como los que ponen en los carriles adicionales de las carreteras en las operaciones salida o retorno. Pero tarde o temprano se convierten en “esquivadores” de golpes. Los (simplemente) afortunados solo tendrán que vivir pendientes de no llevarse un balonazo cuando los niños los utilicen como postes de portería. Los que no tengan tanta dicha tendrán que vivir siempre en la incertidumbre de no saber si serán machacados por la corpulencia de un patinador patoso intentando esquivarlos haciendo juegos de equilibrio. Los más desgraciados tendrán que sudar la gota gorda deseando no ser arrollados por una bicicleta, una moto o un coche descontrolado.

Cono a esquivarPrecisamente así es como me sentí ayer cuando me dispuse a cruzar la calle por un paso de peatones. ¡Atrevido! Iba yo atravesando la carretera tan feliz cuando uno de los coches que se acercaban aceleró hacia mí (sí, en lugar de aminorar subió la velocidad) y se metió por delante del coche de al lado en una peligrosa maniobra para evitarme. Imagino que pensó que le daba tiempo de sobra porque el otro sí que iba a frenar. Ja, iluso. Pasaron los dos al límite de darse entre ellos y de darme a mí. Creo que hubiera sido cuanto menos curioso que me hubiese visto envuelto en un accidente que no había provocado y en el que llevaba todas las de perder, ayer había salido de casa sin armadura.

Pero lo que me parece triste de todo esto es que ya no basta con esperar a que pasen de largo los coches que se aproximan a un paso de cebra. Poco a poco estamos derivando a tener que esperar a que se vacíe la calle, sobre todo de listos que se piensan que es suya. Triste desgracia humana.

¿Y a vosotros? ¿Os ha pasado algo parecido? ¿Habéis sufrido percances con los pasos de peatones?


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Olerte el culete

Hay personas que cuando conducen tienen curiosidad por cosas extrañas. Una que se da con mucha frecuencia es querer averiguar dónde se ha comprado el coche el conductor que tienen justo delante. Esto es algo que aparece con el tamaño de la letra pequeña de los contratos y anuncios varios en la matrícula trasera del coche al que están viendo, y en mi opinión no es que sea algo demasiado relevante para uno a menos que le guste muchísimo ese vehículo y quiera saber de dónde procede.

Aun así, creo que esa es la única explicación que le encuentro a la situación que se produce cuando voy tranquilamente conduciendo a la velocidad máxima permitida por la vía y al mirar por el espejo interno del coche veo a un señor tan cerca que en ocasiones pienso que va sentado en el asiento de atrás. Prácticamente siempre me quedo dándole vueltas a lo que ocurriría si tuviera que dar un frenazo por el motivo que fuese. Lo lógico sería pensar que si tiene los mismos reflejos que Casillas en sus mejores tiempos no pasa nada, frenaría a la par y ya está. Pero si va distraído anotando el concesionario donde adquirí mi bólido, lo más fácil es que no pare a tiempo y me reduzca el coche lo suficiente como para que pueda aparcarlo en huecos pequeños.

¿Por qué tanta gente tiene esa manía de ir pegado al de delante? ¿Tanta prisa llevan? ¿Se creen con más derecho a usar el carril que yo? ¿Pretenden meterme presión y que me aparte para dejarles pasar? Porque pueden lograr que en vez de quitarme dé un volantazo y tengamos los dos un accidente… Además, si ya voy a la velocidad máxima permitida, ¿por qué necesitan pasar? ¿Por qué se la juegan infringiendo las normas de circulación? ¿Desean recibir una multa porque es una experiencia que les falta por vivir?

A menudo sueño con que todos estos infelices dejan tranquilos a los demás y ponen en riesgo única y exclusivamente sus propias vidas.


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Las rotondas

Ser conductor es algo que todos quieren cuando llegan a la mayoría de edad por muchos motivos, incluso hasta porque es algo que nunca saben si van a necesitar. Serlo y además ejercer es toda una aventura. Y si uno vive en un lugar con rotondas, es una aventura de las peligrosas. Esto es así por diversos motivos. Uno de ellos es la soberbia de la mayoría de los conductores que piensan que la carretera es de ellos y que los demás son simples sumisos que deben dejarles hacer lo que les venga en gana. Otro, que muchos conductores son tan ignorantes como prepotentes y que además de no saberse el Reglamento General de Circulación, se creen que llevan la razón siempre. Supongo que lo necesitan porque en casa no les dejan llevarla nunca.

Según el Artículo 29, el Artículo 33, el Artículo 57.1.c y el Artículo 75.1.b del mismo, se llega a la conclusión de que de forma general uno circulará por el carril derecho dentro de las rotondas, y que podrá hacerlo o no (lo cual no implica obligatoriedad) si hay varios carriles. También se concluye que, además, quien está dentro de la rotonda tiene preferencia sobre los que quieren acceder y que no ha de apartarse necesariamente del carril (derecho) para que entren otros. Además, si alguien está en algún carril interno tiene que cambiarse al derecho con suficiente tiempo para salir, lo que significa que bajo ningún concepto uno puede cruzarse por delante del que circula por la derecha dando un acelerón y girando a la desesperada para coger la salida que está a punto de saltarse.

Esto, teóricamente, se estudia cuando uno se saca el carné de conducir. El problema es que muchos lo olvidan con la misma facilidad que lo aprenden, y a los pocos años de sacarse el carné casi nadie lo recuerda. Es por esto que me encuentro con situaciones como las que me ocurrieron la semana pasada.

En una, yendo por el carril izquierdo con el intermitente indicando mi cambio de carril, una moto decidió que podía entrar en la rotonda sin dejarme cambiar y saltándose el ceda el paso. ¿Para qué iba ella a esperar si yo no iba por la derecha y podía entrar de sobra? Conclusión, tuve que dar toda la vuelta para poder salir por la salida que me taponó el simpático motorista.

En otra, decidiendo ir por la derecha para que no me volviese a ocurrir lo mismo (con el intermitente izquierdo puesto para que todos supieran que iba a seguir girando), un coche que iba por el carril interior y que tenía previsto salir antes que yo decidió que lo mejor era apretar a fondo el acelerador y dar un brusco viraje por delante de mí para poder coger la salida, quizá por miedo a que desapareciera. Conclusión, pegué un frenazo para detenerme en el acto y si llego a tener a alguien detrás me encoge el coche unos veinte centímetros. Y encima el zote me hacía aspavientos con los brazos, como si me estuviera regañando. Quizá quería chocarse conmigo y le molestó que lograse evitarlo.

¿Por qué soy el único que da una vuelta más a la rotonda si no puedo salir cuando quiero? ¿Es que nadie más le tiene aprecio a su vida y a la del resto de conductores? ¿Por qué las personas se asustan tanto de la cantidad de accidentes que hay si hay tantos coches que parecen dirigidos por monos? ¿Por qué a la gente le importa tan poco la vida de los demás (un coche en movimiento fácilmente se convierte en una máquina de matar) con tal de ser ellos los primeros? ¿Por qué no hay reválidas cada cierto tiempo y se le quita el carné de conducir a los que son unos ineptos y unos auténticos peligros?


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