Viaje del viernes #12

Viaje del viernes

Ser padre de familia no es una tarea fácil. Junto a la madre hay que llevar para adelante la casa, domar a los niños que cada vez se hacen más grandes y desobedientes, impedir que se maten entre ellos por cualquier cosa, hacer que lleven un buen camino, lidiar con todos los problemas que la vida pone por delante y por si fuera poco, de cuando en cuando pedir cita para renovar la documentación. Es una tarea en ocasiones difícil, pero a veces no es mejor saber, sino saber localizar al que sabe…

Cuando un padre de familia se dispone a conseguir una cita para renovar los carnés de los miembros que la componen, generalmente opta por la opción de Internet, ya que el teléfono sube un pico la factura mensual (es un 902) y hay que ajustar los gastos. Sin titubear, enciende el ordenador, arranca el navegador web, aparece la pantalla blanca del buscador que tiene como página principal y una gran duda pasea por su mente: “Y ahora… ¿cómo pido la cita?“. Piensa un rato y sonríe optimista: “Bueno, no puede ser tan difícil. Si Fernando lo ha hecho, yo también. A ver si escribiéndolo aquí…” Tras escribir “quiero pedir una cita para renovar el carné de identidad” en el buscador, el primer resultado obtenido es la página de cita previa del DNI.

Aparece una página con muchas letras que la mayoría no lee hasta el final. Algunos ni siquiera leen nada, solo pinchan en “Iniciar el procedimiento“, que no está la cosa como para perder tiempo. En la siguiente página empiezan los problemas. Hay dibujitos explicativos para los casos de duda, pero si se miran suelen ser usados para pensar “Mira qué cara tiene el de la foto esa“, “Pues yo no tengo ese carné, a ver qué hago ahora“. Así, a la hora de introducir el equipo de expedición lo mismo muchos piensan: “¿Para qué necesitarán aquí datos de mi época de Scout?“. O quizá se quedan un paso antes y piensan: “¿Equipo? ¿Y para qué querrán saber los del DNI que soy del Atleti?“.

Pero si hay algo realmente difícil es acertar con los caracteres de control: “¿Eso es una ‘i’ mayúscula, una ‘l’ minúscula o un uno? Yo creo que un uno. ¡¿Error?! Vaya, pues no era un uno, no.” Una vez está todo correcto (varios intentos después), se abre un mundo de posibilidades tan extenso, con tantas palabras para leer, que alguno se aturulla y se queda en lo primero: “Documento Nacional de Identidad“, sin saber si eso es lo que quiere o no. Porque hay veces que la gente me dice que es imposible coger cita para varias personas y eso es una opción que aparece en la parte de abajo de la página (a la que hay que llegar, obviamente)… Cuando uno pide cita por Internet, hay que hacerlo sin prisas ni estrés. Pero no demasiado pausado, porque pasados unos minutos sin pulsar nada el sistema nos devuelve al inicio del proceso. Y si encima a mitad del procedimiento surge algún fallo de tipo informático, lo que faltaba para terminar desquiciarse.

Con todo ello, es muy probable que tras 20 minutos de sudores y clics infructuosos, se llegue al tan indeseado como inevitable desenlace:

– ¡¡¡Jose María!!! ¡¡Ven aquí un momento, anda!!
– (Resignado) Qué quieres, papá…
– Mira a ver si puedes coger cita tú, que a mí el ordenador este no me deja.
– ¿No te deja? ¿El ratón te esquiva cuando acercas la mano? ¿O es que se apaga el monitor cuando le vas a dar a ‘Aceptar‘?
– Anda niño, no me tomes el pelo y pide cita para ti, para tu hermana, para mamá y para mí.

Si se tiene la posibilidad de encargarle el trabajo a unos jóvenes que manejan internet con soltura, en cuestión de minutos se tienen todas las citas. Si uno se atasca demasiado con alguno de los pasos, lo que parecía un proceso sencillo se transforma en el más engorroso de los quehaceres, además de dejar al ciudadano con un alto grado de enfado y desesperación.

Viaje del viernes #11

Viaje del viernes

El viernes anterior conté cómo afronta una persona adulta no demasiado mayor el proceso de solicitar la cita. Hoy se comprobará que si para una persona de mediana edad es difícil, para alguien de avanzada edad es una misión que se antoja realmente complicada

Todo el mundo necesita renovar su DNI en un momento dado, se tenga la edad que se tenga. Bueno, estrictamente, haciéndolo tras haber cumplido los 70 años, no tiene la necesidad de repetir más salvo robo, pérdida, deterioro o cambio de datos en la tarjeta (el domicilio es un dato aunque muchos no lo sepan, pero ese es otro tema del que ya hablaré). Cuando una persona que supera esa edad obtiene el número de teléfono (la dirección web seguramente no la va a usar) para conseguir una cita, al juntarse con su cónyuge en casa posiblemente mediten de una manera similar a la siguiente cómo hacerlo:

– Antonia, tenemos que llamar al carné, que lo tenemos casi caducado.
– Pues llama a los niños, que ellos seguro que por el Internet ese lo hacen enseguida. Que ahora las cosas son más difíciles para nosotros.
– Es que están trabajando, salen tarde, y con sus chiquillos… No les vamos a molestar para esta bobada… Anda, dame el papel ese que nos dieron que llamo yo por teléfono.
– (El hombre llama al 902 y le atiende un contestador) Bienvenido al servicio para cita previa […]
– ¡Antonia, esto es una máquina! ¿Qué hago?
– ¡Lo que te diga! Tú hazle caso que las máquinas son muy listas.
– (El contestador continúa) Diga, por favor, si desea ser atendido en castellano, catalán […]
– No he oído bien. ¿Puedes gritar más?
– Lo siento, no le he entendido. Diga de nuevo si desea ser atendido en castellano […]
– ¡Antonia! Yo no oigo ni gota… Anda toma tú porque yo no puedo. No sé por qué tienen que poner esto tan difícil…
– (Antonia está al teléfono y su marido sigue quejándose a voces del sistema) Continúo sin entenderle. Si desea utilizar el castellano, diga castellano o pulse 1 […]
– (Pulsa el 1) ¡Mariano como no te calles yo tampoco oigo!
– Diga si desea pedir cita, información para la documentación a presentar […]
– Quiero pedir cita.
– Diga si desea pedir cita para su primer DNI, para un menor de 14 años, para un discapacitado, para varias personas, o para renovar su DNI o pasaporte.
– Uy, cuántas cosas… No sé qué tengo que decir…
– Lo siento, no le he entendido. Diga si desea […]
– (Murmura) A ver… ¡Yo quiero renovar el DNI!
– ¿Qué desea renovar, el DNI, el pasaporte o ambos documentos?
– El DNI.
– Por favor, diga o marque su número de DNI.
– Pues… Es… Setenta… No… Siete… Eso, siete millones, cuarenta… No… Cuatrocientos treinta y dos mil… Esto… Ciento diez.
– Lo siento, el número no es válido. Debe darme las ocho cifras sin la letra. No olvide los ceros de delante. Por favor, diga de nuevo o marque cifra a cifra su número de DNI.
– Pues si le he dado ya el número… De verdad, qué difícil nos lo ponen a los mayores… A ver que lo repito…
– Lo siento, el número no es válido. Debe darme las ocho cifras sin la letra. No olvide los ceros de delante. Por favor, diga de nuevo o marque cifra a cifra su número de DNI.
– ¡Pero si ahora no me has dejado decirlo! A ver… Era siete millones, cuatrocientos treintena y dos mil, ciento diez. Sí, ahora sí.
– Lo siento, el número no es válido. Tenemos problemas para obtener su número de DNI, y sin él no podemos darle el servicio. Le recordamos que también puede solicitar cita previa en la página web. Gracias por utilizar el servicio de cita previa de DNI y pasaporte. Hasta pronto.

Diez minutos después, y con un destrozo en la factura telefónica, el contestador corta la comunicación. Y comienza la (lógica) indignación: “¿Será posible? ¡Maldita máquina! Yo no sé por qué no tienen personas, con la cantidad de paro que hay. Esto seguro que con una persona no me habría pasado“. Tras varias llamadas, algunos tienen suerte y consiguen una cita. Los menos afortunados, o contactan con algún familiar o amigo que les ayude por internet o telefónicamente, o se acercan bastante enojados a la comisaría con frases como “es que me he gastado un montón de dinero en teléfono, que he llamado cinco veces y el cacharro ese me cuelga“, o “es que es una vergüenza que tengáis así lo de la cita, con lo bien que funcionaba esto antes que llegabas y esperabas tu turno“, “es que no pensáis en la gente mayor“… Como si yo fuera quien implanta y coordina el sistema de citas, vaya.

Ante una situación así, ¿qué puedo hacer? Apiadarme del ciudadano y apuntarle como persona sin cita y con urgencia si hay gente, y atenderle si no hay nadie. Sinceramente creo que ya ha dado suficiente de su parte a la Administración. El tiempo que les hago esperar es inversamente proporcional al grado de humildad que traen cuando les recibo.

Viaje del viernes #10

Viaje del viernes

El trámite de renovación del carné de identidad ha avanzado bastante en los últimos años. Antes uno llegaba a la oficina y hacía una cola que podía durar horas y perdía la mañana, en ocasiones para ni siquiera ser atendido. Con la tecnología esto mejoró, y ahora el sistema de citas es una página web y un 902 muy agradable para ser un contestador. Luego en la factura mensual se te pasa lo amable que es, pero en el momento de llamar apetece no colgar a la voz que te guía. Para conseguir tener éxito en esta tarea de lograr una cita para renovar la documentación, hice una serie de entradas en las que conté los problemas a los que se enfrentaba cada tipo de persona que lo intentara. Este es el resultado si las personas son mayores, pero no ancianas:

A día de hoy, las opciones para sacar cita para renovar la documentación se reducen a dos: hacerlo mediante el número de teléfono 902 24 73 64, que vale un dinero, o a través de Internet en esta página, algo que es gratuito y más completo, ya que permite visualizar todas las oficinas de renovación de España, los días y los horarios disponibles en cada una de ellas, y elegir el que más convenga en cada caso. La opción a escoger depende un poco de los conocimientos y los recursos de cada uno, pero las situaciones suelen ser parecidas en muchas de las ocasiones en las que el procedimiento resulta tedioso. La que se produce en casa de una pareja de personas mayores (pero no ancianas) puede no distar de lo siguiente. Después de acercarse a una oficina para saber cómo se pide cita, un día le dice la mujer al marido:

– Paco, llama al DNI que le faltan dos meses para caducar y al final se nos pasa.
– Pero si todavía queda mucho, mujer.
– Parece mentira que no sepas cómo va eso, Paco. Anda, llama que al final se nos caduca.
– (El hombre llama al 902 y le atiende un contestador) Bienvenido al servicio para cita previa […]
– Malditas máquinas, ya estamos como siempre. ¿Dónde está la gente que me entiende?
– Diga, por favor, si desea ser atendido en castellano, catalán […]
– ¿Pero qué…? ¡¡Pues en español!! ¡¡Si soy de Cáceres!!
– Lo siento, no le he entendido. Diga de nuevo si desea ser atendido en castellano […]
– Joder con la maquinita… ¡Te he dicho que en español!
– Continúo sin entenderle. Si desea utilizar el castellano, diga castellano o pulse 1 […]
– (Mientras pulsa el 1) Vale, pulso el 1 mejor, porque está claro que me ofreces el castellano pero no lo dominas.
– Diga si desea pedir cita, información para la documentación a presentar […]
– Quiero pedir cita.
– Diga si desea pedir cita para su primer DNI, para un menor de 14 años, para un discapacitado, para varias personas, o para renovar su DNI o pasaporte.
– Para renovar mi DNI.
– ¿Qué desea renovar, el DNI, el pasaporte o ambos documentos?
– El DNI.
– Por favor, diga o marque su número de DNI.
– Vaya, pues no me lo sé… A ver que lo busco… Aquí lo tengo.
– Lo siento, el número no es válido.
– (Mientras sigue la locución) ¡Pero si no te lo he dicho!
– Debe darme las ocho cifras sin la letra. No olvide los ceros de delante. Por favor, diga de nuevo o marque cifra a cifra su número de DNI.
– ¿Cifra a cifra? ¡Menudo tostón! A ver, el 3, el 2, el 1, el 5, el 0, el 8, el 4. Jolín, si parezco un niño de San Ildefonso dando la lotería nacional…
– Lo siento, el número no es válido.
– (Mientras le habla el contestador) ¿Otra vez? ¡Vaya máquina más delicada!
– Debe darme las ocho cifras sin la letra. No olvide los ceros de delante. Por favor, diga de nuevo o marque cifra a cifra su número de DNI.
– Mejor lo marco. (Marca el número de DNI)

En este momento, si la persona cae en la cuenta de los ceros iniciales o el número tiene ocho cifras es muy posible que el proceso prosiga. Si se habla más de lo necesario o se marca sin los ceros la locución no recibe lo que espera y al segundo intento fallido corta la comunicación, con lo que toca volver a comenzar el proceso y engordar un poco más la factura telefónica.

Si se continúa, la máquina solicita la provincia en la que se desea la cita. Aquí se debe tener cuidado con la pronunciación y el ruido del ambiente porque en lugar de Ávila el aparato puede entender Álava. Y resulta muy pesado repetir la provincia una y otra vez. Si hay muchas oficinas, pide el código postal para acotarlas. La locución indica varias alternativas próximas a ese código postal para elegir una de ellas.

Si después de escoger la población el DNI no es correcto, el contestador informa de que hay problemas para reservar una cita y muy amablemente remite al oyente a la página web y cuelga. Que tiene miga la cosa… ¿No puede verificar el número antes? ¿Por qué hay que perder tiempo y dinero innecesariamente? Si el número es correcto, sugiere una fecha y una hora que asegura es la más cercana en el tiempo. Si no se está conforme se puede cambiar, pero la máquina advierte de que sólo se dispone de dos intentos más en la llamada. Y esto es algo en lo que hace especial hincapié, sobre todo si se le dice que no se está conforme. Por tanto, si no se quiere perder todo el tiempo, el dinero y el esfuerzo invertidos, hay que quedarse con una cita de las que ofrezca.

Cuando llegan a la oficina, si tienen cita están enfadados por lo que les ha costado conseguirla. Es lógico. Pero si no la tienen llegan peor aún porque sienten que han tirado un montón de dinero a la basura para nada. Y eso es más lógico todavía. En cualquier caso, no vienen contentos. Y la verdad es que no les falta razón, pero también deben entender que yo no tengo nada que ver con eso, y aunque no lo saben voy a intentar ayudarles en la medida de lo posible con cualquier problema que hayan podido tener. Para eso también estoy. Afortunadamente hay gente que lo acaba comprendiendo, y se agradece.

La odisea de coger cita (y 5)

La caducidad del documento de identificación no es algo que le ocurra únicamente a los ciudadanos españoles. A los extranjeros también les pasa. Sin embargo, el procedimiento para la obtención de una cita con el fin de renovarlo es distinto. Hay una gran variedad de documentos. Esta es la página web para algunos de ellos, y para el resto cada oficina gestiona sus citas de manera particular.

A pesar de ello, muchos ciudadanos extranjeros llegan a la oficina con una cita para el DNI (obtenida generalmente a través de Internet). ¿Cómo es posible esto? He llegado a la conclusión de que es por la forma de hablar que tienen. Soy consciente de que llamar a su documento DNI puede hacerles sentir más integrados. Muchos españoles desconocen el tipo de documentación que tienen los extranjeros y que les hablen del NIE puede ser causa suficiente para que les miren como si fueran raros o no supieran qué están diciendo. Por ello, generalmente lo que suelen tener no es DNI sino NIE, o tarjeta de residencia. Lo único que consiguen dándole un nombre que no corresponde, es conseguir cita para algo que no tienen. Como si uno tiene una cafetera Tassimo y compra cápsulas de una Nespresso.

Así, llegan a la oficina ilusionados, y cuando se les llama para hacerles el DNI, se les acaba remitiendo a la zona de extranjería para que les intenten atender allí. Y cuando llegan, obviamente no tienen cita. Algunos se enfadan: “Es que llevo un mes esperando“, “Es que es lo que pone en Internet“, “Yo he pedido cita para el DNI y no me lo quieren hacer ahí“… Y encima están indignados, como si yo tuviera la culpa si me toca atenderles en cualquiera de los dos bandos… ¿Acaso soy yo el que se ha equivocado? ¿He sido yo el que no llama a las cosas por su nombre? Porque encima hay personas que cuando les corrijo NIE por DNI me dicen “Bueno, DNI, NIE, lo que sea, ¿qué más da?“. Y tengo que decirles muy serio “No da igual, porque luego piden cita para lo que no es y me echan la culpa porque lo han hecho mal“.

A veces hay alguno que viene con humildad y reconoce su error. Y es entonces cuando se lleva el premio de ser atendido sin cita. Porque todos tenemos derecho a equivocarnos.


Si te gusta lo que escribo y quieres comprar mi libro, puedes hacerte con una copia en PDF por solo 1 euro pinchando en estas letras, o con una en papel por 8 euros pinchando en estas otras letras.

La odisea de coger cita (4)

Cuando un padre de familia se dispone a conseguir una cita para renovar los carnés de los miembros que la componen, generalmente opta por la opción de Internet, ya que el teléfono sube un pico la factura mensual (es un 902) y hay que ajustar los gastos. Sin titubear, enciende el ordenador, arranca el navegador web, aparece la pantalla blanca del buscador que tiene como página principal y una gran duda pasea por su mente: “Y ahora… ¿cómo pido la cita?“. Piensa un rato y sonríe optimista: “Bueno, no puede ser tan difícil. Si Fernando lo ha hecho, yo también. A ver si escribiéndolo aquí…” Tras escribir “quiero pedir una cita para renovar el carné de identidad” en el buscador, el primer resultado obtenido es la página de cita previa del DNI.

Aparece una página con muchas letras que la mayoría no lee hasta el final. Algunos ni siquiera leen nada, solo pinchan en “Iniciar el procedimiento“, que no está la cosa como para perder tiempo. En la siguiente página empiezan los problemas. Hay dibujitos explicativos para los casos de duda, pero si se miran suelen ser usados para pensar “Mira qué cara tiene el de la foto esa“, “Pues yo no tengo ese carné, a ver qué hago ahora“. Así, a la hora de introducir el equipo de expedición lo mismo muchos piensan: “¿Para qué necesitarán aquí datos de mi época de Scout?“. O quizá se quedan un paso antes y piensan: “¿Equipo? ¿Y para qué querrán saber los del DNI que soy del Atleti?“.

Pero si hay algo realmente difícil es acertar con los caracteres de control: “¿Eso es una ‘i’ mayúscula, una ‘l’ minúscula o un uno? Yo creo que un uno. ¡¿Error?! Vaya, pues no era un uno, no.” Una vez está todo correcto (varios intentos después), se abre un mundo de posibilidades tan extenso, con tantas palabras para leer, que alguno se aturulla y se queda en lo primero: “Documento Nacional de Identidad“, sin saber si eso es lo que quiere o no. Porque hay veces que la gente me dice que es imposible coger cita para varias personas y eso es una opción que aparece en la parte de abajo de la página (a la que hay que llegar, obviamente)… Cuando uno pide cita por Internet, hay que hacerlo sin prisas ni estrés. Pero no demasiado pausado, porque pasados unos minutos sin pulsar nada el sistema nos devuelve al inicio del proceso. Y si encima a mitad del procedimiento surge algún fallo de tipo informático, lo que faltaba para terminar desquiciarse.

Con todo ello, es muy probable que tras 20 minutos de sudores y clics infructuosos, se llegue al tan indeseado como inevitable desenlace:

– ¡¡¡Jose María!!! ¡¡Ven aquí un momento, anda!!
– (Resignado) Qué quieres, papá…
– Mira a ver si puedes coger cita tú, que a mí el ordenador este no me deja.
– ¿No te deja? ¿El ratón te esquiva cuando acercas la mano? ¿O es que se apaga el monitor cuando le vas a dar a ‘Aceptar‘?
– Anda niño, no me tomes el pelo y pide cita para ti, para tu hermana, para mamá y para mí.

Si se tiene la posibilidad de encargarle el trabajo a unos jóvenes que manejan internet con soltura, en cuestión de minutos se tienen todas las citas. Si uno se atasca demasiado con alguno de los pasos, lo que parecía un proceso sencillo se transforma en el más engorroso de los quehaceres, además de dejar al ciudadano con un alto grado de enfado y desesperación.


Si te gusta lo que escribo y quieres comprar mi libro, puedes hacerte con una copia en PDF por solo 1 euro pinchando en estas letras, o con una en papel por 8 euros pinchando en estas otras letras.

La odisea de coger cita (3)

Todo el mundo necesita renovar su DNI en un momento dado, se tenga la edad que se tenga. Bueno, estrictamente, haciéndolo tras haber cumplido los 70 años, no tiene la necesidad de repetir más salvo robo, pérdida, deterioro o cambio de datos en la tarjeta (el domicilio es un dato aunque muchos no lo sepan, pero ese es otro tema del que ya hablaré). Cuando una persona que supera esa edad obtiene el número de teléfono (la dirección web seguramente no la va a usar) para conseguir una cita, al juntarse con su cónyuge en casa posiblemente mediten de una manera similar a la siguiente cómo hacerlo:

– Antonia, tenemos que llamar al carné, que lo tenemos casi caducado.
– Pues llama a los niños, que ellos seguro que por el Internet ese lo hacen enseguida. Que ahora las cosas son más difíciles para nosotros.
– Es que están trabajando, salen tarde, y con sus chiquillos… No les vamos a molestar para esta bobada… Anda, dame el papel ese que nos dieron que llamo yo por teléfono.
– (El hombre llama al 902 y le atiende un contestador) Bienvenido al servicio para cita previa […]
– ¡Antonia, esto es una máquina! ¿Qué hago?
– ¡Lo que te diga! Tú hazle caso que las máquinas son muy listas.
– (El contestador continúa) Diga, por favor, si desea ser atendido en castellano, catalán […]
– No he oído bien. ¿Puedes gritar más?
– Lo siento, no le he entendido. Diga de nuevo si desea ser atendido en castellano […]
– ¡Antonia! Yo no oigo ni gota… Anda toma tú porque yo no puedo. No sé por qué tienen que poner esto tan difícil…
– (Antonia está al teléfono y su marido sigue quejándose a voces del sistema) Continúo sin entenderle. Si desea utilizar el castellano, diga castellano o pulse 1 […]
– (Pulsa el 1) ¡Mariano como no te calles yo tampoco oigo!
– Diga si desea pedir cita, información para la documentación a presentar […]
– Quiero pedir cita.
– Diga si desea pedir cita para su primer DNI, para un menor de 14 años, para un discapacitado, para varias personas, o para renovar su DNI o pasaporte.
– Uy, cuántas cosas… No sé qué tengo que decir…
– Lo siento, no le he entendido. Diga si desea […]
– (Murmura) A ver… ¡Yo quiero renovar el DNI!
– ¿Qué desea renovar, el DNI, el pasaporte o ambos documentos?
– El DNI.
– Por favor, diga o marque su número de DNI.
– Pues… Es… Setenta… No… Siete… Eso, siete millones, cuarenta… No… Cuatrocientos treinta y dos mil… Esto… Ciento diez.
– Lo siento, el número no es válido. Debe darme las ocho cifras sin la letra. No olvide los ceros de delante. Por favor, diga de nuevo o marque cifra a cifra su número de DNI.
– Pues si le he dado ya el número… De verdad, qué difícil nos lo ponen a los mayores… A ver que lo repito…
– Lo siento, el número no es válido. Debe darme las ocho cifras sin la letra. No olvide los ceros de delante. Por favor, diga de nuevo o marque cifra a cifra su número de DNI.
– ¡Pero si ahora no me has dejado decirlo! A ver… Era siete millones, cuatrocientos treintena y dos mil, ciento diez. Sí, ahora sí.
– Lo siento, el número no es válido. Tenemos problemas para obtener su número de DNI, y sin él no podemos darle el servicio. Le recordamos que también puede solicitar cita previa en la página web. Gracias por utilizar el servicio de cita previa de DNI y pasaporte. Hasta pronto.

Diez minutos después, y con un destrozo en la factura telefónica, el contestador corta la comunicación. Y comienza la (lógica) indignación: “¿Será posible? ¡Maldita máquina! Yo no sé por qué no tienen personas, con la cantidad de paro que hay. Esto seguro que con una persona no me habría pasado“. Tras varias llamadas, algunos tienen suerte y consiguen una cita. Los menos afortunados, o contactan con algún familiar o amigo que les ayude por internet o telefónicamente, o se acercan bastante enojados a la comisaría con frases como “es que me he gastado un montón de dinero en teléfono, que he llamado cinco veces y el cacharro ese me cuelga“, o “es que es una vergüenza que tengáis así lo de la cita, con lo bien que funcionaba esto antes que llegabas y esperabas tu turno“, “es que no pensáis en la gente mayor“… Como si yo fuera quien implanta y coordina el sistema de citas, vaya.

Ante una situación así, ¿qué puedo hacer? Apiadarme del ciudadano y apuntarle como persona sin cita y con urgencia si hay gente, y atenderle si no hay nadie. Sinceramente creo que ya ha dado suficiente de su parte a la Administración. El tiempo que les hago esperar es inversamente proporcional al grado de humildad que traen cuando les recibo.


Si te gusta lo que escribo y quieres comprar mi libro, puedes hacerte con una copia en PDF por solo 1 euro pinchando en estas letras, o con una en papel por 8 euros pinchando en estas otras letras.

La odisea de coger cita (2)

A día de hoy, las opciones para sacar cita para renovar la documentación se reducen a dos: hacerlo mediante el número de teléfono 902 24 73 64, que vale un dinero, o a través de Internet en esta página, algo que es gratuito y más completo, ya que permite visualizar todas las oficinas de renovación de España, los días y los horarios disponibles en cada una de ellas, y elegir el que más convenga en cada caso. La opción a escoger depende un poco de los conocimientos y los recursos de cada uno, pero las situaciones suelen ser parecidas en muchas de las ocasiones en las que el procedimiento resulta tedioso. La que se produce en casa de una pareja de personas mayores (pero no ancianas) puede no distar de lo siguiente. Después de acercarse a una oficina para saber cómo se pide cita, un día le dice la mujer al marido:

– Paco, llama al DNI que le faltan dos meses para caducar y al final se nos pasa.
– Pero si todavía queda mucho, mujer.
– Parece mentira que no sepas cómo va eso, Paco. Anda, llama que al final se nos caduca.
– (El hombre llama al 902 y le atiende un contestador) Bienvenido al servicio para cita previa […]
– Malditas máquinas, ya estamos como siempre. ¿Dónde está la gente que me entiende?
– Diga, por favor, si desea ser atendido en castellano, catalán […]
– ¿Pero qué…? ¡¡Pues en español!! ¡¡Si soy de Cáceres!!
– Lo siento, no le he entendido. Diga de nuevo si desea ser atendido en castellano […]
– Joder con la maquinita… ¡Te he dicho que en español!
– Continúo sin entenderle. Si desea utilizar el castellano, diga castellano o pulse 1 […]
– (Mientras pulsa el 1) Vale, pulso el 1 mejor, porque está claro que me ofreces el castellano pero no lo dominas.
– Diga si desea pedir cita, información para la documentación a presentar […]
– Quiero pedir cita.
– Diga si desea pedir cita para su primer DNI, para un menor de 14 años, para un discapacitado, para varias personas, o para renovar su DNI o pasaporte.
– Para renovar mi DNI.
– ¿Qué desea renovar, el DNI, el pasaporte o ambos documentos?
– El DNI.
– Por favor, diga o marque su número de DNI.
– Vaya, pues no me lo sé… A ver que lo busco… Aquí lo tengo.
– Lo siento, el número no es válido.
– (Mientras sigue la locución) ¡Pero si no te lo he dicho!
– Debe darme las ocho cifras sin la letra. No olvide los ceros de delante. Por favor, diga de nuevo o marque cifra a cifra su número de DNI.
– ¿Cifra a cifra? ¡Menudo tostón! A ver, el 3, el 2, el 1, el 5, el 0, el 8, el 4. Jolín, si parezco un niño de San Ildefonso dando la lotería nacional…
– Lo siento, el número no es válido.
– (Mientras le habla el contestador) ¿Otra vez? ¡Vaya máquina más delicada!
– Debe darme las ocho cifras sin la letra. No olvide los ceros de delante. Por favor, diga de nuevo o marque cifra a cifra su número de DNI.
– Mejor lo marco. (Marca el número de DNI)

En este momento, si la persona cae en la cuenta de los ceros iniciales o el número tiene ocho cifras es muy posible que el proceso prosiga. Si se habla más de lo necesario o se marca sin los ceros la locución no recibe lo que espera y al segundo intento fallido corta la comunicación, con lo que toca volver a comenzar el proceso y engordar un poco más la factura telefónica.

Si se continúa, la máquina solicita la provincia en la que se desea la cita. Aquí se debe tener cuidado con la pronunciación y el ruido del ambiente porque en lugar de Ávila el aparato puede entender Álava. Y resulta muy pesado repetir la provincia una y otra vez. Si hay muchas oficinas, pide el código postal para acotarlas. La locución indica varias alternativas próximas a ese código postal para elegir una de ellas.

Si después de escoger la población el DNI no es correcto, el contestador informa de que hay problemas para reservar una cita y muy amablemente remite al oyente a la página web y cuelga. Que tiene miga la cosa… ¿No puede verificar el número antes? ¿Por qué hay que perder tiempo y dinero innecesariamente? Si el número es correcto, sugiere una fecha y una hora que asegura es la más cercana en el tiempo. Si no se está conforme se puede cambiar, pero la máquina advierte de que sólo se dispone de dos intentos más en la llamada. Y esto es algo en lo que hace especial hincapié, sobre todo si se le dice que no se está conforme. Por tanto, si no se quiere perder todo el tiempo, el dinero y el esfuerzo invertidos, hay que quedarse con una cita de las que ofrezca.

Cuando llegan a la oficina, si tienen cita están enfadados por lo que les ha costado conseguirla. Es lógico. Pero si no la tienen llegan peor aún porque sienten que han tirado un montón de dinero a la basura para nada. Y eso es más lógico todavía. En cualquier caso, no vienen contentos. Y la verdad es que no les falta razón, pero también deben entender que yo no tengo nada que ver con eso, y aunque no lo saben voy a intentar ayudarles en la medida de lo posible con cualquier problema que hayan podido tener. Para eso también estoy. Afortunadamente hay gente que lo acaba comprendiendo, y se agradece.


Si te gusta lo que escribo y quieres comprar mi libro, puedes hacerte con una copia en PDF por solo 1 euro pinchando en estas letras, o con una en papel por 8 euros pinchando en estas otras letras.

La odisea de coger cita (1)

A todos nos ocurre en algún momento: llega un día en que nuestra documentación se caduca. Si somos más menos responsables o tenemos al lado una gran mujer (los hombres no solemos servir para eso) que además de esposa nos sirve de agenda (con mi nivel de olvido, la mía tiene el cielo ganado), nos daremos cuenta con suficiente tiempo para renovarlo antes de que venza. Si se es un despiste y no se tiene a nadie que ubique los quehaceres diarios, irrediablemente se llevará pasado. El tiempo que esta situación se prolongue dependerá de cuánto se tarde en necesitar cobrar un dinero que no provenga de un cajero.

Antiguamente renovar el DNI era un proceso sencillo. El día que uno decidía hacerlo se acercaba a la oficina de expedición y sólo tenía que echar la mañana en una cola. Después de varias horas de espera uno se llevaba el resguardo de renovación a casa. Un mes después, únicamente había que echar otra mañana para ir a recogerlo. Esperar es algo que todos saben hacer sin mayor dificultad.

Hoy en día la cosa no es tan trivial, aunque tampoco es necesario un máster en renovación de documentación. La tecnología ha ayudado mucho a que se gestione mediante un sistema de citas bastante útil, pero que no está al alcance de todo el mundo. Para solicitar una cita se puede emplear el número de teléfono 902 24 73 64 o bien acceder desde la página web de cita previa para el DNI. El problema, lógicamente, es que no todo el mundo puede, y mucho menos sabe, acceder a estos sistemas.

Y según el rango de edad, la soltura con el mundo tecnológico que nos rodea, o el medio de vida que se tenga, conseguir un día y una hora para obtener el DNI o el pasaporte puede ser un verdadero suplicio. Lo habitual es que no existan problemas, pero sí que es cierto que los casos problemáticos son numerosos. Desde el anciano que ha vivido más tiempo sin teléfono que con él, pasando por el ciudadano que mira desconfiado al ratón por si de repente echa a correr cuando aparezca su gato, hasta los jóvenes más o menos duchos y con más o menos ganas, todos generan situaciones de lo más dispares. Y no siempre con final feliz.

Espero que cuando acabe esta semana, todos hayáis aprendido a pedir cita sin problemas (si no sabíais ya). Y como lo que mejor funciona es el boca a boca, que os encarguéis de transmitir vuestros conocimientos para la gente necesitada de ellos. Seguro que más tarde o más temprano os lo agradecen.


Si te gusta lo que escribo y quieres comprar mi libro, puedes hacerte con una copia en PDF por solo 1 euro pinchando en estas letras, o con una en papel por 8 euros pinchando en estas otras letras.