La chica del hospital

Cruz RojaAyer tuve que ir al hospital por una revisión (mejorando, así que la cosa va bien), y me encontré con una chica en la sala de espera que llamó mi atención con sus actos. No me conoce, no la conozco, es del todo improbable que lea el blog (no porque no sepa leer, sino por las dos afirmaciones anteriores), pero aún así merece que le dedique esta entrada. La chica en cuestión, pelirroja teñida, no dejó de sonreír ni un instante a toda la gente que cruzaba la mirada con ella, y eso anima el día a cualquiera. Ver que alguien sin conocerte de nada te sonríe, te anima a sonreír a ti, ya lo dije hace un par de meses. Además, fue la única que ayudó a otra mujer acompañada de un hombre, quizá su padre, con muchas dificultades para ver y que no era capaz de sentarse. Mientras el resto miraba ella actuó. También tuvo tiempo de abrir y mantener la puerta a una enfermera para que pudiera acceder a la sala sin muchos problemas con un paciente en silla de ruedas. Y de cogerle el volante médico a dos personas que por su estatura no llegaban a depositarlo en el buzón correspondiente y hacerlo ella en su lugar.

SonreírSí, soy consciente de que son cosas sin demasiada importancia para alguien con todas sus facultades intactas, detalles, actos pequeños que no costaban el exceso. Pero nadie salvo ella los llevó a cabo. Nadie salvo ella se levantó de la silla cuantas veces fueron necesarias para hacer algo por los demás, por insignificante que pareciera. Si tan poco costaba, ¿por qué nadie más lo hizo?

Antes de irme de la sala de espera, mientras esperaba con mi pequeña en brazos a que personal del hospital viniera a recogernos para llevarnos a otra zona, se levantó y me ofreció esperar sentado en su lugar. Le agradecí el gesto y le dije que no me hacía falta porque venían a buscarnos en breve. Entablé conversación con ella mientras esperaba y la miraba sonriendo, pensando en el nombre de esta entrada y en lo que iba a poner de ella. Estuve tentado de decirle que iba a hacerle la entrada, pero no me atreví.

Chica del hospital, sé que no me vas a leer, pero por si acaso, muchas gracias. Hace falta más gente como tú.