Besos mágicos

Beso curativo

Todas las personas nacemos con, al menos, un don especial. De hecho, es el mismo para todas las personas. Sin embargo, por diferentes circunstancias de la vida hay quienes nunca llegan a desarrollarlo. Y la verdad es que es una lástima, porque quienes sí lo conseguimos hacer disfrutamos mucho con él. Sin embargo, no es diversión lo que nos produce, sino satisfacción. Me refiero al poder mágico que tienen los padres y las madres para curar cualquier cosa de un hijo con un beso.

Beso curativoSolo quienes tenemos un niño pequeño (y quién sabe si grande), somos conscientes del poder que guardamos en los labios. Yo los llamo besos curativos, y sirven para cualquier cosa: curan igual un mordisco, una caída, un golpe, un choque, una herida o un picotazo. No son pocas las veces que mis hijos se golpean, se arañan o se caen, y vienen llorando, compungidos. Se han hecho daño y necesitan cariño y calmar el dolor que tienen. Una mirada de consuelo mientras se acercan, un estiramiento de brazos para cogerlos y acercarlos a mí, y un puñado de dulces besos es todo lo que necesitan para sentirse en perfectas condiciones en cuestión de segundos. En cuanto sienten el tercer beso el llanto se torna sonrisa y el dolor desaparece. Y da lo mismo si hay un chichón de por medio, un hematoma o una herida con un poco de sangre, ya no les duele.

Yo al principio me hacía varias preguntas. ¿Qué ha ocurrido? ¿Cómo es posible que ya no llore? ¿Qué es lo que he hecho para que se le olvide el dolor? ¿Acaso era cuento? ¿Será lo que le he dicho o cantado para que se calme? Con el tiempo me he ido dado cuenta de que ni siquiera hay que acompañar el consuelo con las frases típicas “ya, cariño, que no es nada” o “ya, mi pequeño, que pronto se te cura“. Simplemente basta con que sientan mis besos. Y es en ese momento cuando soy realmente consciente del poder que tenemos.

La pregunta que me asalta ahora es ¿hasta cuándo mantendré esta capacidad? ¿En qué punto mis besos dejarán de curar el dolor? Con los años los dolores físicos van disminuyendo, a la vez que van aumentando los que no se ven. ¿También seré capaz de curar eso? Con los adultos mi poder no funciona igual, ante un mal momento ofrezco un beso, incluso un abrazo, pero el malestar sigue ahí, es como si fueran inmunes (o quizá es que no se dejan invadir por ellos). Sólo deseo que este poder nunca se me agote, que cada vez que mis pequeños se acerquen a mí tristes o dañados pueda cogerles (o rodearles si son muy mayores) con mis brazos, pueda darles unos cuantos besos y su cara refleje lo mismo que ahora: una sonrisa que indica que están mejor.

¿Y tú, también tienes el don? ¿Tus besos siguen pudiendo curar? ¿Funcionan con niños y adultos? ¿Hay alguno en concreto que cure tu dolor?