Ciclo “¿Te acuerdas?” – Parte 23 – Creo que soy bilingüe

Te acuerdas de...

Se habla mucho de los colegios bilingües, de hablar el inglés (u otro idioma) desde pequeños, adquirir un conocimiento que será útil en un futuro… ¿Hasta qué punto puedes dominar un idioma sin practicarlo a menudo? Creo que poco, aunque también está la opción de los que se creen que son bilingües y acaban hablando con estilo, sin más.

Lo digo como valenciano que soy. Ser bilingüe es una gran ventaja. Ser medio bilingüe (como es mi caso), e intentar aparentar que se es bilingüe (ese no es mi caso), hace que los demás medio bilingües le tomen a uno por tonto. Los bilingües además se echan unas risas.

Este fin de semana he estado en el zoo, y en una zona donde había animales de granja resultó que había una familia valenciana. No eran catalanes, se les distinguía claramente por el acento. El padre hablaba con la madre y la niña en valenciano… O en algo parecido.

Y es que posiblemente una persona que no lo sabe podía pensar, mientras le escuchaba hablar, en la fortuna de hablar dos idiomas, de lo positivo su resultaría para la niña, lo bien que le vendría para aprender más fácilmente otros en el futuro. Pero yo, que entendía lo que decía, pensaba en la estupidez que estaba haciendo el hombre al intentar hablar valenciano soltando una palabra en castellano de cada tres que decía. Quizá por desconocimiento, por dejadez, o porque él lo aprendió así.

Sinceramente, no es que yo hable perfectamente en valenciano (no lo hago ni siquiera en español), pero cuando la cantidad de castellanismos supera el 10% es que hay una falta de vocabulario interesante. Y para eso, prefiero hablar en español. Reconozco mis limitaciones, por eso procuro no hablar en otra cosa que no sea español. Ya hago el ridículo en otros aspectos de mi vida como para añadir una más.

Quiero un "Áifon".

Hay mucha gente a la que le gusta aparentar, ya lo decía aquí una bloguera Rubita hace unos días. Llevan lo más caro, van a la última, y para lucirlo no necesitan poder permitírselo (ahora quizá algo más porque los bancos no dan créditos tan fácilmente como antaño). De hecho, ni siquiera es menester que vayan a sacarle partido. Es suficiente con que el resto de la población les vea. He conocido bastante gente así a lo largo de mi vida, y aunque me dan lástima por esa triste manera que tienen de valorarse, al menos con esa forma de ser no dañan a nadie (si acaso a ellos mismos). Pero lo que vi con mis ojos ayer (dos veces nada menos) me dejó perplejo.

Mientras tenía al niño en la actividad extraescolar (a la que asiste con los hijos de la mujer pegada a su móvil), yo me dediqué a hacer una pequeña compra. Como me sobró tiempo, decidí sondear el mercado de la telefonía fija, en lo que a cobertura y tarifas se refiere, para un posible cambio cuando finalice mi permanencia.

Entré en una tienda y solo había delante de mí un señor al que ya estaban atendiendo. Dado que no tenía nada que hacer mientras esperaba salvo mirar la revista que tienen, no pude evitar escuchar la conversación que mantuvieron comercial y cliente:

– A su domicilio llegan chorrocientos megas, se los podemos ofrecer todos. ¿Querría también móvil o solo Internet?
– Sí, también un móvil. El Iphone 6.
– ¿Para qué va a utilizar el teléfono? Se lo digo porque en función de eso puede tener un terminal u otro y pagar más o menos.
– Pues… para whatsapp y fotos.
– Si lo quiere para eso, no necesita ese terminal, le sirve con un Manofón 3. Así, el coste mensual le disminuye bastante. Pagaría sólo 60 euros al mes, mientras que con el Iphone pagaría 90.
– Es que yo tenía idea de llevarme el Iphone 6, pero pagando mucho menos de 90, que es más de lo que pago ahora.
– La tarifa que tiene y la que le ofrezco son casi iguales en importe, lo que sube el precio es el Iphone.
– Déjeme los dos presupuestos y me lo estudio.

Tras marcharse, me atendieron y salí en 2 minutos. Fui hacia la tienda de al lado, de la competencia. Y allí estaba él de nuevo, repitiendo la conversación con otro comercial:

– A su domicilio llegan chorrocientos megas, se los podemos ofrecer todos. ¿Querría móvil?
– Sí, un Iphone 6.
– ¿Para qué va a utilizar el teléfono?
– Es que a mí me gustaría saber cuánto pagaría con un Iphone 6.
– Le repito la pregunta. ¿Para qué va a utilizar el teléfono?

Ahí ya desconecté porque me entraron ganas de responder a mí: “Pues para exhibirlo allá donde esté, ¡para qué si no! ¡Si para las cosas que va a hacer le basta con un móvil chino!“. Encima le había dicho al primer comercial que su idea era pagar menos de lo que le estaba pidiendo. ¿Se creía que le iban a regalar un aparato que solo le servirá para que parezca que maneja dinero? Es como el que se compra un Mercedes y solamente lo usa para ir de su casa al trabajo, recorriendo 10 kilómetros diarios. Y encima quiere pagar por él lo que pagaría por un Seat.

Lo que no termino de comprender es por qué ese chico se empeñaba en llevarse el terminal más caro del mercado, si le bastaba con uno normalito según el uso que dijo que le iba a dar. Bueno sí, para aparentar. Me resulta llamativa la cantidad de tonterías que hacen este tipo de personas, y bastante triste que se priven de multitud de cosas útiles para poder afrontar la factura de algo que sólo se va a rentabilizar con la imagen. Pero cada uno tiene su propia lista de prioridades y yo no soy quién para cuestionar la de los demás.


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Hablar el valentellano

Lo digo como valenciano que soy. Ser bilingüe es una gran ventaja. Ser medio bilingüe (como es mi caso), e intentar aparentar que se es bilingüe (ese no es mi caso), hace que los demás medio bilingües le tomen a uno por tonto. Los bilingües además se echan unas risas.

Este fin de semana he estado en el zoo, y en una zona donde había animales de granja resultó que había una familia valenciana. No eran catalanes, se les distinguía claramente por el acento. El padre hablaba con la madre y la niña en valenciano… O en algo parecido.

Y es que posiblemente una persona que no lo sabe podía pensar, mientras le escuchaba hablar, en la fortuna de hablar dos idiomas, de lo positivo su resultaría para la niña, lo bien que le vendría para aprender más fácilmente otros en el futuro. Pero yo, que entendía lo que decía, pensaba en la estupidez que estaba haciendo el hombre al intentar hablar valenciano soltando una palabra en castellano de cada tres que decía. Quizá por desconocimiento, por dejadez, o porque él lo aprendió así.

Sinceramente, no es que yo hable perfectamente en valenciano (no lo hago ni siquiera en español), pero cuando la cantidad de castellanismos supera el 10% es que hay una falta de vocabulario interesante. Y para eso, prefiero hablar en español. Reconozco mis limitaciones, por eso procuro no hablar en otra cosa que no sea español. Ya hago el ridículo en otros aspectos de mi vida como para añadir una más.


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