200 entradas

200 entradas

Esta mañana me di cuenta al lavarme la cara tras despertar. Hoy es un día de cambios. Mi querido blog cumple doscientas entradas. Es un número grande y redondo, como una rotonda. Este humilde blog, bajo mi punto de vista, no creo que sea excelente, ni el mejor, incluso puede que no tenga nivel suficiente para entrar en la honrosa tribu Parabatai. No es muy alto, ni muy mayor, pero poco a poco va creciendo, y me hace sentirme orgulloso. Ya se sabe los colores. Bueno, en realidad sólo sabe tres.

¿Qué será de mayor? ¿Abogado? ¿Comercial? ¿Camionero? Que sea lo que quiera, pero siempre un buen profesional , un trabajador ejemplar y que luche por su sueño. Si se hace funcionario, que sea de los buenos, (aunque se equivoque), de los que son pacientes y no son vagos. ¿Irá al instituto? ¿Aprenderá idiomas? ¿Aprenderá a leer? ¿Aprenderá a escribir? Lo importante es que sea limpio, que sepa escuchar, que sea educado y no se dedique a insultar a todo el que vea. Que comparta, que sea puntual, que sea tenaz, que preste atención, que solucione sus problemas, que no discuta y ante todo que no pegue. Ya le imagino triunfador, famoso, ¿político? No, para esto necesita contactos o un buen enchufe. Le veo haciendo entrevistas, participando en encuestas, en concursos, y hasta ganando premios.

200 entradas¿Tendré la obligación de regalarle algo por este cumple-entradas? Sería la primera vez, cuando cumplió las 100 no lo hice. Ni con las 69, y eso que este número es especialmente bonito. ¿Hago una lista de la compra? ¿Le hago muchos regalos? No, que me sale un mimado. Quizá si me pongo en su lugar puedo comprender sus gustos. Mejor le preguntaré a su madre (si es que es ella, porque no tengo claro quién es) y que me ayude, aunque seguro que me toca negociar. ¡¿Qué?! No, no hay huevos a comprarle un IPhone, la verdad. Gracias, pero no. Y menos para que viva pegado a él, ya sea andando o incluso conduciendo, o para que se le rompa. ¡Además, si nunca se llama! Algo más barato, quizá algo del rastro o algo al peso. Ya está, algunos juguetes. Una bicicleta, un coche (sin intermitentes, total, nadie los usa) con sus accesorios: unos conos, unos pasos de peatones y una carretera, una maqueta de un metro o de un vagón (que un metro entero igual es grande)… Pero ahora que lo pienso, qué absurdo soy, ¡si detesta los vehículos!

La verdad, no lo veo claro. ¿Y si le compro una mascota? No, no sea que no les dé bien de comer. ¿Y si me lo llevo a algún sitio por sorpresa? Hay tantos sitios que le gustarían… La piscina, la playa, un parque, los columpios… ¡Qué pereza! Casi prefiero montarle en los cochecitos, o echarnos unas risas yendo a un bar y haciendo un ‘sinpa’, o comprando varias cosas y dejando alguna por pagar. Pero, ¿me estoy oyendo? ¿Qué ejemplo iba a darle con esta actitud? Además, al huir corremos el riesgo de que nos persigan, tropecemos y caigamos.

En cualquier caso, lo que sea que no se le pierda, ni se lo roben, porque tocará ir a una comisaría de policía a denunciar (¿será necesario o no hará falta?). ¡Rayos! Con tanto debatir no he prestado atención al reloj y se me ha echado la hora encima. Tendré que dejar el regalo para los Reyes Magos, así que les escribiré una carta ordenada por prioridades, y a ver si le traen algo. Si es que me pasa por no tener la suficiente información y querer cosas imposibles.

Ya sé, como no puedo comprar, le voy a hacer un perfil en Facebook. Así podrá leer los mensajes que le envíen, tener amigos y enemigos y viceversa, y decir lo que le gusta. Pero con cuidado, que en las redes se miente mucho, es como un vicio que tienen los que las frecuentan. Pensándolo bien no merece la pena, demasiados peligros, y encima pronto le tendrán fichado.

Creo que mejor voy a coger la webcam, le hago una foto (o uso una del verano pasado) y le saco el carné de Blog. Va a quedar muy guapo, y como es algo nuevo, seguro que le hace ilusión. Además, eso no me cuesta nada, sólo tengo que llevar todos los papeles. Y no es fácil, no lo pone en ningún sitio. Según me dijeron, a algunos se lo han llegado a hacer llevando sólo una foto y un papel con su nombre y su dirección (en otros sitios hasta sin foto lo han hecho, pero quizá sea una excepción). Llevaré también su fecha de nacimiento, que más vale prevenir. Aunque luego seguro que se lo olvidará en casa y no sabrá qué tiene que llevar para renovarlo. O peor aún, ¡querrá tener dos! Bueno, me conformo con que se aprenda su número y no use el de otro.

Creo que me estoy volviendo loco, estoy que no estoy. He pensado tanto que ya no sé ni quién soy. ¿Seré yo, o seré otro? ¿Seré los dos a la vez? ¿Tengo hijos? ¿Son míos o de otro? ¿Y mis nietos? Necesito con urgencia tomarme un descanso o irme de vacaciones (de verano, de Semana Santa, o de Navidad, con su Nochebuena y Nochevieja, me vale cualquiera). Pero irme para no volver. ¿O sí?