Conversaciones de aeropuerto

Hace tiempo comenté mis sensaciones al escuchar a la chica del tren. Escuchar las conversaciones que se dan alrededor de uno es algo que suele ocurrir cuando confluyen varias cosas: estar quieto esperando algo y que la persona a la que se escucha de manera (in)voluntaria tenga ganas de contar su historia para todos. Y eso es lo que me ocurrió ayer. Estuve durante media hora esperando justo delante de él, y quizá el hecho de estar hablando con alguien a través de los auriculares del móvil hizo que no calculara suficientemente bien el volumen que tenía en la conversación. He de reconocer que no fui el único que le miraba, pero sí pertenecí a ese grupo reducido que no opinó nada acerca de lo que él decía. Por la conversación que mantuvo deduzco que hablaba con un amigo, y aunque los temas son irrelevantes para la entada, las perlas que el muchacho soltó en esos cortos 30 minutos merece la pena compartirlos. Una lástima no haber coincidido más tiempo con él:

  • “La tía me gusta mucho, pero está muy loca, mucha fiesta”. Teniendo en cuenta que es como la conoció, de fiesta, no aclara mucho sobre su propia salud mental. ¿Él también está loco porque se va de fiesta? Quizá no, igual él es normal y la conoció realizando un estudio psicológico de la gente que hay en una discoteca un sábado a las 4 de la mañana. Lo que hace la gente cuerda, vaya.
  • “Es muy vegetariana y si quiero carne me echa la peta”. Menos mal que le echa la peta y no la pota, si no, a tomar viento la carne… Entiendo que los vegetarianos son gente normal, pero los muy vegetarianos están locos. No sé si quería decir vegana, y no le salía la palabra.
  • “Quiere cambiarme a sus ideales de comida”. Bueno, además es manipuladora. Al final sí que va a estar loca, sí.
  • “Es un poco feminazi”. Desde luego que tal y como la describe, cualquiera se enamoraría de ella sin pensar… Me da la sensación de que es un ejemplo de alguien con quien (él) nunca tendría una relación. Pero le gusta mucho. ¿Quién está más loco de los dos?
  • “¿Y qué hago, la marcha atrás?” Suponiendo que no hablan de coches, la cosa se pone interesante. Me da que su amigo se ha enterado de que tuvieron sexo con preservativo y está totalmente en contra, algo que le hace saber para que la próxima vez no cometa el mismo error. Típico de personas que no están locas.
  • “No te jode, es que antes de llover, chispea”. Como tengo tiempo para ello, me imagino al amigo al otro lado respondiendo a su anterior pregunta: “Tronco, que con la marcha atrás no hay peligro, se nota de sobra cuándo va a llover”.
  • “Para dejar embarazada a una tía tienes que correrte dentro, muy dentro”. Ojiplático me quedo. ¿Cómo va eso? ¿Tienes que hacerlo directamente en el óvulo? Quizá eso estaría bien porque así no habría espermatozoides vagos, aunque quisieran serlo les estarían dejando en la misma puerta. Y una cosa es ser vago, y otra un huevón. Y de momento no se ha reportado nada de espermatozoides huevones. Según su teoría, imagino que las mujeres que han tenido la mala fortuna de quedarse embarazadas con la marcha atrás lo hicieron por acostarse con el negro del Whatsapp.
  • “A mí tampoco, pero cuando puedo me lo pongo”. Es decir, que a veces sí, y a veces no. Lo que no sé es por qué hay veces que sí, porque a menos que haga la postura del arco y logre correrse muy, muy dentro, no va a dejar embarazada a ninguna muchacha. ¿De qué dependerá el “cuando puedo”? ¿De que aguante hasta llegar a casa si no lleva uno en la cartera? Porque este seguro que lleva uno en la cartera siempre, para que esté calentito y resguardado.
  • “Cuando estás treinta días sin hablar, la relación prescribe. Es como si una relación fuera un delito. Aunque entiendo que una con este muchacho muy sana no debe de ser, por lo que creo que podemos considerarla así. Tengo curiosidad por saber cuánto tiempo tardan en dejar de hablar a este ejemplo de macho alfa las mujeres que salen con él.
  • “Lo malo de una startup es que es muy difícil llegar al break even“. Después de darle un repaso al tema relaciones, toca hablar de trabajo. Y para demostrar que tiene nivel y sabe de lo que está hablando, utiliza palabras en inglés. Porque si a su amigo le dice la frase “Lo malo de una empresa emergente es que es muy difícil llegar al punto de equilibrio” seguro que no lo entiende. No me cabe duda de que su amigo es medio bobo.
  • “Es como una especie de marketplace de servicios”. Su amigo debe estar pensando que es medio ignorante por utilizar en su lugar ‘mercadillo’. O puede que sea una palabra demasiado barriobajera para utilizarla.
  • “Se puede utilizar el work up y el take up“. Lo de utilizar elaboración y comienzo seguro que no encajaba en la conversación que estaba manteniendo. Igual el muchacho es de Liverpool y le cuesta pensar en español, todo puede ser.
  • “La parte de e-commerce me gusta muchísimo”. Lo entiendo, porque el comercio electrónico o el comercio por Internet es un rollo que no gusta a nadie. Me pregunto para qué empresa puntera trabajará, porque se está viniendo arriba.
  • “Ahorra pasta, búscate un partner y montas una buena empresa”. Y ahí va el consejo estrella. Ahorra pasta y búscate un socio para montar una… ¿startup? ¿O tiene que buscar un compañero con más dinero para juntarlo al suyo? Si va a ser su amigo el que invierta, espero que el socio que encuentre sea alguien de renombre. Aunque si nadie le conoce, ¿quién va a querer ser su socio? ¿Cuánta pasta debe reunir para lograrlo?
  • “Yo lo que quiero estar dos años aquí y volver a España, ir a una empresa de estas grandes y decir ‘a ver, tú cuánto quieres? Cien mil al año. Pues toma’…”. Eso es apuntar alto. Sin saber lo que gana ahora en una empresa (según él) pequeña, quiere en dos años pedir cien mil al año a una empresa que él mismo elija, en España. Lo tengo claro. Este vuelve como político retirado dentro de dos años. Si no, no veo de qué forma va a poder cumplir sus expectativas. Este pobre no tiene ni idea de cómo están los sueldos en España, o vive en un Universo paralelo.
  • “Todo el día de fiesta y poniendo chorradas en Instagram, que lo veo todos los días”. Es el momento de criticar a sus compañeros. Que no está mal, todos lo hacemos, pero digo yo, para saber que alguien pone chorradas a diario en una red social, hay que perder el tiempo cada día en ver esas chorradas, ¿no?
  • “Le veo poniendo vídeos chorras en iutube, le veo hablando por el feisbuk o por esqueip con su novia”. Hace tan solo unos minutos, utilizaba anglicismos para parecer guay. ¿Y ahora me suelta estas barbaridades? Sí, realmente lo pronunció todo así.
  • “Para que en cualquier oportunidad que tengan nos follen vivos”. Creo que vuelve a un tema anterior, pero no tengo muy claro cuál. Está empezando a tener mezclas de lenguaje vulgar con lenguaje sofisticado.
  • “Se le ve por la puta ventanilla que está ahí el hijo puta jugando”. Se ha venido arriba. No sé si conseguirá decir una frase más sin un taco. ¿Qué ha sido de aquél soñador que adoraba el inglés?
  • “Venía el metro no lleno del todo, pero vacío”. Lo último que hace con su amigo, es darle una clase magistral de lenguaje confuso. ¿Qué quiere decir que algo esté “no lleno del todo, pero vacío“? Si está no lleno del todo, es porque está prácticamente lleno. En ese caso, ¿cómo puede estar a la vez vacío y casi lleno?

Dos minutos después el muchacho colgó el teléfono. Yo me sentí mal porque sabía que os iba a dejar con ganas de más. Yo también me quedé así. Si me lo vuelvo a cruzar, lo sabréis.

Esta Navidad haz feliz a un niño

En concreto al mío. Estas fechas son para regalar, para dar felicidad, para ver la ilusión de los niños con los regalos de Reyes… Y todos vosotros podéis conseguir hacer esto con un simple gesto: Votar el dibujo de mi pequeño en el concurso de Belenísimo tras haber iniciado sesión en Facebook y marcar el cuadro “No soy un robot”. Podéis acceder a la página de votación pinchando sobre estas letras. Con esto conseguirá ser que más “Me gusta” de Facebook obtenga y podrá llevarse un premio.

belenisimo-marcos
Así ve mi peque la Navidad

Vaya por delante que nunca nos llevamos nada, no sé si porque no somos afortunados o porque nuestras creaciones no valen en exceso; el caso es que siempre nos quedamos a las puertas. Pero mi intención es que esto comience a cambiar de cara al próximo año (este es un buen comienzo). Mi peque participa en el concurso de la Navidad con belenísimo y necesita que le déis un “Me gusta”, que lo compartáis y que consigáis que vuestros contactos y amigos también lo hagan. Sé que esto no premia al dibujo más original, ni al más bonito, sino al que más amigos con 1 minuto libre tiene (cronometrado), y posiblemente haga que alguno vote por compromiso sin gustarle el dibujo. Pero si el dibujo de mi hijo no te gusta, piensa en lo feliz que se pondrá si le toca algún premio (en concreto el primero), y en la sonrisa que tendrá GRACIAS A TI. Seguro que eso te anima a emplear un corto minuto de tu larga vida en echarle una mano y conseguir que sea un poquito más feliz por ganar algo. De hecho, el pobre pasó varios días pensando qué dibujo hacer “para que le guste al jurado que elige al ganador”.

Yo sé que muchos de los que me siguen tienen una gran influencia en las redes sociales, y que han conseguido quedar líderes de votaciones una y otra vez en todos los concursos a los que se han presentado. Margui, Henar o Martes dan buena fe de ello, las dos últimas con sendos premios en los Premios 20 Blogs, a los que espero que se presenten el año que viene de nuevo para llevarse el premio gordo.

Así que sí, es triste pedir pero más triste es robar. Además, estamos en Navidad y es por la ilusión de un niño. Muchas gracias por votarle. Si gana, le diré que fue “gracias a todos los amiguitos del blog de papá, que son un jurado estupendo”.

400 seguidores y 110 libros

Hoy es un día especial. Llevo algún tiempo desconectado de aquí, pero la gente sigue visitándome y sigue entrando en mi blog. No sé quién les recomienda, pero me siguen leyendo, e incluso siguen comprando mi libro en Lulu, y en Amazon en papel y en formato Kindle. De hecho, es un día doblemente especial porque he revisado las ventas que llevo de mis 99 instantes y he visto que ¡¡¡ SUPERO EL CENTENAR !! De hecho, en total sumo unos 110 títulos entre las dos plataformas y formatos. Por tanto, 110 gracias, de corazón.

400Por otro lado, hoy he cumplido los 400 seguidores. ¡¡ 400 !! Ni en mis mejores sueños habría pensado tener tanta gente detrás de mí, interesándose por lo que pienso, por lo que escribo, por lo que comparto. Así que, 400 gracias más, también de corazón. Sois estupendos. Los nuevos, los veteranos, los que siempre están ahí, los que vienen de vez en cuando, los que vienen de casualidad, los que comentan, los que dan ‘Me guta’, los que leen, los que comparten, los que me dicen que me echan de menos por mucho tiempo que pase sin venir por aquí… Todos sois geniales. Y a todos os aprecio muchísimo.

La persona que tiene el honor de ser la seguidora 400 es magraft, del blog Escritura automática. En su última entrada, “Las palabras que no leeré“, dice que le gustaría que le dedicaran unas palabras y que sabe que eso no pasará. Supongo que se refiere a alguien concreto, porque si no es así, siento decirle que se ha equivocado. Este párrafo es para ella. Espero que disfrutes lo que leas por aquí, espero que pases a menudo, que te entretengas en mi sitio, que te diviertas con mis relatos, mis vivencias, mis opiniones y mis libros si te haces con ellos. En cualquier caso, gracias por ser la persona 400 que le da a “Seguir”. Gracias por interesarte por mí aunque sea un poquito. Yo le he echado un vistazo a tu sitio y me gusta.

A todos los demás, muchas gracias por todo, pero sobre todo por no perder nunca la fe en mí y estar ahí a pesar de todo.

Feliz Navidad

Tenía pensado publicar una entrada la semana pasada, pero me ha faltado un pelín de tiempo. Cómo no…

Pero quisiera desearos a todos unas felices fiestas. Espero que esta noche la paséis estupendamente junto a la gente a la que queréis, y que Papá Nöel os traiga todo lo que habéis pedido. O al menos, los que tenéis hij@s/sobrin@s, que a ellos se lo traigan y que disfrutéis con las caras de felicidad que pongan.

Volveré por aquí pronto con esa entrada pendiente, y con otra que tengo preparada.

El retorno injusto

Vuelvo por aquí con un par de días de retraso. Mi mente me pide volver, mi cuerpo me pide volver, y muchos de vosotros (un millón de gracias para todas y todos) también. Pero nada es como hace un año. Lo he hablado con algunas bloqueas estas semanas.

Hace doce meses tenía otro ritmo, de publicación y de dedicación. Podía escribir, elegir y editar dibujos, leer, comentar y hasta responder en mi blog. Incluso podía hacer cosas fuera de la blogosfera. Pero ahora no. Quizá porque el número de seguidores y personas que me leen se ha incrementado a lo bestia, porque hay muchos blogs para leer y seguir o porque ya no me puedo entretener con los dibujos como antes y me da pereza escribir entradas sin dibujos porque quedan sosas. O quizá porque ahora hago muchas más cosas fuera de la blogosfera que me quitan más tiempo. No lo sé, el caso es que ya no puedo dedicarle al blog el mismo tiempo.

Y aunque yo tengo tantas ganas de escribir como vosotros de leerme, creo que no es demasiado justo volver a medias. Y con volver a medias me refiero a volver solo para dedicarle tiempo a mi sitio. No es justo que no pueda dedicaros el tiempo que me gustaría, que no pueda leer todo lo que escribís, y que vosotros no faltéis a mis citas. El blog es algo recíproco y lo justo es dar y recibir, no sólo lo segundo.

De momento me he animado a poner algo, a recordaros que sigo aquí, que no me he ido, que os sigo en la sombra aunque sea a otro ritmo, y que no me olvido de esa gran comunidad que tengo detrás. Cada día pienso en volver, pero me acabo echando para atrás. Haber vuelto a publicar quizá signifique haber roto un poco la barrera que tenía con el blog. Espero volver de una manera justa. Los que me conocen saben que es lo que va conmigo y que no me siento bien de otra forma.

Un pequeño descanso 

Llevo unas semanas muy desconectado de todo, y es que no llego. No llego a leeros, no llego a comentaros, no llego a terminar de escribir entradas. Tengo la carpeta de borradores llena, y con llena me refiero a que hay más de cincuenta escritos que están a medias, algunos desde hace muchos meses.

No, afortunadamente no estoy falto de ideas, lo que estoy es falto de tiempo. Necesitaría días el doble de largos para llegar a todo, y con esto lo único que consigo es estresarme. He conseguido devolverle a mí familia el tiempo que le quité con el blog y lógicamente esto me impide dedicárselo a él y a todo lo que le rodea, que principalmente son vuestras historias. Y la presión añadida de querer hacer un número de entradas a la semana me deja peor porque veo que no puedo hacerlo, que no me da tiempo a realizar todo lo que quiero.

Pequeño descansoEso se une a un momento en mi vida con algunos cambios. Unas oportunidades laborales se han abierto hace unos días ante mí y eso significa estudiar (y dedicarle tiempo). Quiero prepararme unas oposiciones nuevas y se supone que mejores para las que tengo que dedicar un tiempo del que ahora mismo no dispongo. Y dedico mucho tiempo a escribir, a leer y a pensar cosas relacionadas con el blog. Ésto lo seguiré haciendo, y continuaré llenando la carpeta de borradores, hasta que probablemente haya más aquí que en publicadas. Pienso más rápido que escribo, y eso lo facilita, otra cosa es que piense bien.  Estaba esperando a publicar la historia que habéis hecho entre todos y alguna que otra entrada pendiente para deciros esto. Además, así aprovecho el verano para parar, aunque no sepa con exactitud qué día de septiembre volveré.

Voy a volver porque esto no es una despedida, porque tengo un tercer libro de relatos cortos empezado, porque tengo muchas ideas para él, y porque necesito escribir. Me encanta hacerlo. Y ver el resultado en los libros, en papel, en el blog, en vuestros comentarios y vuestras palabras me invita a no dejarlo. He conocido a mucha gente increíble en estos años, y espero seguir haciéndolo. Mientras no esté por aquí, los que queráis tenéis mi dirección, podéis contactar conmigo arriba a la derecha, y respondo los correos, así que invitados estáis. Seguiré publicando, pero con una periodicidad distinta. No será tan asiduo, según vaya teniendo tiempo. Yo os leeré en la medida de lo posible, sin presión, os comentaré lo que pueda, y  estaré ahí para lo que necesitéis.

Por supuesto, os agradezco todo lo que me habéis dado. Sin vosotros esto no sería posible, y he aprendido mucho con todos y de todos vosotros. Es un placer poder cibercontar con los que estáis leyendo esto al otro lado de la pantalla. En septiembre nos vemos de nuevo. Feliz verano.

Mini-sesiones de verano

¿Os acordáis de Loren, la fotógrafa? Es una mujer simpática, sensible, risueña, entregada, apasionada con tu trabajo, luchadora, divertida, llena de energía, y, afortunadamente, con defectos que la hacen muy humana y poco aburrida. Ayer la conocí en persona, puse una imagen real a esa que ocasionalmente había visto en fotografías. Y, entre otras muchas cosas, me habló de sus proyectos a corto plazo. Uno de ellos son las promociones de verano, que incluyen un regalo único en una sesión normal y unas mini-sesiones especiales. De estas mini-sesiones hizo una el pasado sábado 16 de julio y tiene otra planificada para el viernes 12 de agosto. Como podéis descubrir pinchando en estas letras azules, son un 50% más baratas que las normales, pero sin mermar la calidad, la compañía y el fantástico ambiente que esta mujer genera a su alrededor. Quería hablaros de ella porque este día 12 es el momento de hacer ese regalo a quien queréis, de daros ese gustazo que lleváis tiempo deseando, sin gastaros mucho dinero y pasando una tarde inolvidable en su compañía.

Minisesiones 2Y es que esta mujer es capaz de hacer magia con sus manos y una cámara. Puede lograr que las fotos hablen, que casi cuenten las historias que albergan. Loren consigue que sientas las imágenes que ves delante de ti, hayas vivido el momento, o no. Hace que los instantes se muevan, porque nuestra mente recrea el momento de las fotografías como si estuviéramos siendo partícipes de la sesión. Os recomiendo que os paséis por el blog si no la conocéis, que descubráis las mini-sesiones y que las contratéis antes de que se agoten como ya pasó con la de hace tres días. Y si no, que se las enseñéis a vuestros contactos compartiendo esta entrada o la suya propia, porque quizá conocéis a alguien que sí le interesa. Además, podéis ver las sesiones que realiza y el trabajo tan espectacular que hace esta chica.

Muchos os preguntaréis qué saco yo de todo esto, porque en general nadie da nada sin esperar algo a cambio. Os confieso que en esta ocasión yo tampoco lo hago. Si logra contactos por esta entrada, seguramente yo consiga volver a tomar un café con ella y verla sonreír otra vez de forma constante; y es muy probable que también me lleve un abrazo de agradecimiento. Y obtener todo eso de su parte no tiene precio.

De momento, os dejo con la entrevista que le hice en su momento para que la conozcáis a ella, y su trabajo. Como veréis, hace muchas promociones y sorteos, por lo que no deberíais perderos su blog, y os animo a seguirla desde ya. Un abrazo enorme para Leo, que la cuida desde allí arriba.

Amanece con Leo 2-11-15 -  LorenPhotography_3-FirmadaHace unas semanas os traía la historia de un DNI real, el de una escritora que había publicado su primer libro. Hoy vuelvo a profundizar un poco más en el nombre del blog, en esa cara que se esconde tras un número de ocho cifras y una letra. Hoy está con nosotros Loren, una estupenda fotógrafa que lucha por hacerse un hueco en el difícil mercado de la imagen. Loren nos alegra las mañanas con diversas instantáneas de sus sesiones cargadas de sentimiento o de sus amaneceres. Son imágenes que alegran el día. Y quiere enseñarnos cómo se ve el mundo a través de su cámara.

– Buenos días Loren. Es un verdadero placer contar contigo hoy aquí.

El placer es mío, Óscar.

– ¿Siempre has tenido claro que querías dedicarte a la fotografía?

Siempre me he sentido atraída por el arte en general. Hay varios artistas en mi familia, y supongo que eso ha tenido que ver. Me identifiqué más con la fotografía desde siempre, pero todo el mundo me decía que del arte no se vivía, que tenía que estudiar “una carrera seria”, que tenía que ser madura y responsable… Y yo, como niña buena y obediente, siempre hice caso a lo que el mundo esperaba de mí. Acabé mi carrera de trabajo social y encontré trabajo en ello. Luego la vida me abocó a cambiar de ciudad y empezar de nuevo. Un par de años después, fui madre. Y fue en ese momento cuando cambió todo, cuando me transformé. Me encontré a mí misma, me reconcilié con la vida, y me aventuré a vivirla.

– ¿Y es en ese momento cuando rediriges tu vida hacia la fotografía?

Exacto. Ante la imposibilidad de conciliar mi vida profesional con horario demencial aquí en Madrid, con mi vida como madre sin apoyo familiar, decidí quedarme con mi hijo y cumplir mi sueño. Me puse a estudiar de nuevo, pero esta vez Fotografía en una de las mejores escuelas de Madrid. Quería reciclarme, reafirmarme, respetarme y aceptarme como era, independientemente de lo que dijesen los demás. Ya era hora.

– Es que al final, perseguir tus sueños y, como en tu caso, conseguirlos, es lo que hacen que uno trabaje con una dedicación, ilusión y felicidad interior distinta al resto. ¿Es necesario saber captar el mundo de una forma diferente a como lo hacemos el resto de personas para obtener lo mejor de cada instante?

Es necesario, bajo mi punto de vista, tener una sensibilidad especial, y mucho corazón. Sentimientos a flor de piel: alma. Tener una mente creativa, mucha cultura visual, ser autocrítico, flexible y trabajar, trabajar, trabajar…

– Por tus fotografías, doy fe de que cuentas con las características que enumeras, no hay más que ver tus sesiones. En un mundo con tanta oferta como es el de la imagen, ¿es difícil conseguir un nombre?

Es muy, muy difícil. Yo ando en ello, y cada día doy un pasito más para lograrlo. Sé cómo hacerlo, y no me rendiré hasta que suceda. Una tiene que poner lo mejor de sí misma en cada trabajo, ofrecer algo con alma, grande, especial, positivo. No se trata sólo de querer, sino de no dejar de creer, de dar la mejor versión cada día y la mejor de las sonrisas. Y sobre todo no rendirse jamás. Los que triunfan son los que perseveran en intentarlo.

– Y para conseguir ese hueco, ¿qué es lo que ofreces tú aparte de esa maravillosa sonrisa que veo que no deja de acompañarte?

¡Gracias! Bueno… Yo me defino como fotógrafa emocional. Normalmente la gente decide hacerse fotos en momentos claves de su vida, y esos momentos les construyen, les definen y les marcan para siempre. Yo presto atención a eso, a las emociones que están sintiendo y a los detalles de lo que está sucediendo. Mi intención es que cuando pase el tiempo y vean de nuevo las fotos, consigan volver a tener esa sensación que tuvieron mientras estaba pasando.

– Pues ya te digo que lo consigues, porque a veces lo siento hasta yo mirando algunas de tus fotos. Loren, ¿a ti qué es lo que te inspira para sacar adelante una sesión fotográfica?

La persona que me contacta, siempre. Me gusta conocer un poco a las personas a las que fotografío. Suelo mantener una relación fluida y cercana con ellos, que sientan que pueden confiar en mí, que pueden estar relajados. Quiero saber qué les gusta, qué les saca una sonrisa. Y quiero que eso sea lo que hagan, vivan y sientan cuando les tome una foto.

– Seguramente eso sea lo que ocurre en cada una de tus sesiones por cómo las describes en tu blog. Por cierto, ¿podrías contarnos como es una sesión de trabajo con Loren?

Es difícil, porque cada sesión es diferente. Yo no sigo un guión previo. Primero intento encontrar ese lugar donde los clientes se sienten cómodos y con el que conectan, eso es muy importante. Me planteo por qué quieren las fotos y qué necesitan reflejar en ese momento de sus vidas. Y me dejo llevar por la intuición, por lo que me cuentan con su lenguaje no verbal. Mis sesiones no suelen durar menos de dos horas porque necesito ese tiempo para encontrarles y encontrarme a mí misma con ellos.

– Esas son algunas de las ventajas de tu forma de trabajar, el tiempo que le dedicas a tus clientes y el trato cercano que tienes con ellos. ¿Son algo necesario para obtener un mejor resultado?

Totalmente. Si lo que yo les transmito a mis clientes es negativo, es eso lo que ellos van a reflejar en la sesión, y eso no nos vale a ninguno de los dos. Estar cómodos y que la jornada fotográfica sea divertida y agradable es fundamental, y sobre todo compartir con ellos la ilusión que están viviendo en ese momento me ayuda mucho a que mi trabajo mejore.

– Los que conocemos tu trabajo vemos siempre un gran desarrollo en exteriores. ¿Qué ventajas aporta?

Para mí no hay mejor escenario que la naturaleza, porque me proporciona libertad, calma, paz, y algo muy importante: belleza en estado puro. Rodearte y rodear a los demás de belleza les hace sentirse mejor, te sientes grande. Un escritor que me encanta decía que “La belleza es un éxtasis, y tan simple como el hambre. Realmente no hay nada que decir de ella. Es como el perfume de las rosas: lo sientes y eso es todo“. La belleza de la naturaleza es sencilla y salvaje a la vez, hermosa, cálida y acogedora. Lo que te transmite es exactamente lo que yo quiero que sintáis cuando veáis mi trabajo.

– Deduzco con esto que la fotografía de estudio no es de tus preferidas…

Exacto. Tengo un espacio que uso como estudio en determinadas ocasiones, todo depende siempre de lo que quiera y necesite el cliente. Pero me resulta mucho más difícil llevarme a alguien al terreno personal en un estudio, con la iluminación preparada y un espacio reducido de trabajo. Si ha de ser así prefiero el domicilio. La fotografía en domicilio es la “mejor sustituta de la naturaleza” porque, ¿dónde se encuentra uno más cómodo, más seguro, más feliz y más relajado que en su propia casa?

– Totalmente de acuerdo, nada como el propio hogar. Veo con asiduidad que nos regalas imágenes del amanecer. ¿Qué te aporta ese momento del día para que seas capaz de plasmarlo siempre de una forma tan estupenda?

Yo soy muy diurna. Duermo pronto y amanezco muy temprano, siempre de buen humor y a tope de energía. Creo que porque me resulta muy simbólico que el sol salga: es sinónimo de todo lo bueno que nos espera por delante, que está comenzando… Además, los colores del amanecer son una pasada, y la luz es fantástica en ese momento del día, todo está precioso. Además, aprovecho el paseo con Leo, mi galgo rescatado, y juntos nos solemos quedar a ver cómo sale el sol y lo disfrutamos. Hemos creado juntos #AmaneceConLeo.

– Seguro que Leo se lo pasa en grande contigo y disfruta de los amaneceres tanto como tú. En una ciudad tan grande como Madrid seguro que hay exposiciones de fotografía. ¿No te has planteado nunca participar en alguna?

Pues mira, aún no lo he comentado con casi nadie porque todavía no está definido, pero mis #AmaneceConLeo quizás acaben próximamente en una sala de exposiciones de aquí de Madrid. Según se vaya perfilando os lo iré contando en mis redes sociales. Y ahí podremos encontrarnos todos con un vinito, o lo que se tercie.

– Estoy convencido de que será un gran momento para ver en condiciones todos esos amaneceres con los que nos deleitas a menudo. ¿Tienes algún otro proyecto ahora mismo?

Pues alguna cosa que otra tengo en mente, pero ahora mismo el más interesante es el sorteo que tengo activo en mi blog y mi página del Facebook. Consiste en una sesión familiar para Navidad de regalo por seguir los pasos indicados en la entrada del blog del día 3 de noviembre. Los hago de vez en cuando porque la gente a mí me da mucho y me gusta ser agradecida.

– Por último, quisiera que nos indicaras cómo podemos localizarte, y cuál es la mejor opción para contratar una de tus fantásticas sesiones.

Para contactarme podéiss usar mi blog, mi página de Facebook o mi cuenta de InstagramLa mejor opción para contratar es siempre que me cuentes qué quieres fotografiar, sin ningún tipo de compromiso. Mis tarifas son muy económicas, al alcance de todo el mundo, y se adaptan mucho a las necesidades de cada persona. Si considero que alguien encaja más en una tarifa que en otra, se la propongo e intentamos adaptarla, aunque económicamente sea menos ventajosa para mí. Prefiero perder dinero y ganar una buena opinión. Así, por un lado consigo clientes agradecidos que han acabado siendo amigos (y eso no se puede pagar), y por otro doy pie a que me recomienden, ya que el “boca-boca” es muy efectivo. Además, respeto mucho la profesión y trato de ser honesta con lo que hago, valorando mi trabajo y la ilusión del que me contacta.

– Loren, ha sido un placer contar con tu compañía. Es una pena que no tengamos una cámara de fotos ahora, porque inmortalizarías este momento de una forma fascinante. Espero que te vaya genial y que pronto consigas ese nombre.

El placer ha sido mío. Muchas gracias.

Ya sabes, para esa ocasión especial, para ese momento que quieras mantener siempre en la memoria, para ese instante en el que pararías el reloj y el mundo, habla con Loren. Ella sabrá cómo hacer que todo eso ocurra.

Si queréis compartir esta entrada tan sólo tenéis que utilizar los botones que hay a continuación. Seguramente vuestros amigos también quieren contar con el recuerdo de un momento inolvidable.

Entre todos (Parte 5) – FIN

Parte 1
Parte 2
Parte 3
Parte 4

Los ojos de Diego se clavaron en ella viendo cómo una lagrima se dibujaba en su rostro, y en ese momento y a modo de película todos los fotogramas comenzaron a ordenarse ante sus ojos. Para Diego todo cobraba sentido, pero de alguna manera sentía que debía parar lo que estaba aconteciendo, no era justo: el antídoto, Frank y el Doctor García-Rojo… todo mezclado en su mente, el rostro de María paralizado, sus ojos cerrados fuertemente y de nuevo aquel acantilado. En ese preciso instante y sin saber por qué, Diego se abalanzó sobre ella y juntos, fundidos en un fuerte y doloroso abrazo, cayeron al vacío. El viento chocaba entre sus manos, sus corazones latían con fuerza y una luz cegadora comenzó a brotar de ese abrazo; ni los mismos Makdihthilink sabían hasta dónde llegaban sus poderes. Pero el amor verdadero… El amor verdadero consiguió aunar poderes y hacer que los pensamientos se hicieran fuertes, una mezcla de pensar y sentir, sin dobles intenciones, que produjo un poder indestructible, basado en los deseos de ambos, cuyo resultado fue hacerlos posibles. La desaparición del virus era en lo único que pensaban al estar abrazados, en que ese virus nunca tenía que haber existido, o al menos no haber sido mortal. Al desaparecer la luz, María se dio cuenta de que Diego estaba inconsciente, cerca de ella, pero no puedo acercarse; también vio a Frank, acostado en una camilla, observándola fijamente. Y ella… ella se sentía mareada, sin apenas fuerzas para decir nada, podía distinguir al Doctor García-Rojo, con una gran sonrisa y un brillo especial en sus ojos. Algo había ocurrido en aquel acantilado, pero ahora estaba en… no sabía muy bien dónde se encontraba.

La sala recogía olor a probetas y los destellos de los fluorescentes la cegaban en ocasiones; miró al Doctor García-Rojo buscando algún tipo de respuesta que la tranquilizara, le dolía todo el cuerpo y tenía la sensación de haber recorrido mil años luz desde que abrazó a Diego y todo empezó a desvanecerse.

— Tranquila —añadió el Doctor—, el desastre por fin tiene los días contados. Frank me ayudó a localizaros y os recogimos en el valle el día en que os precipitasteis, desde entonces os he tenido en una meticulosa observación durante semanas, realizándoos transfusiones de Frank, y he descubierto que cuando los Makdihthilink os enamoráis desarrolláis una enzima protectora. A partir de ella he generado este fluido que os permitirá respirar el antídoto sin problemas a todos los Makdihthilink, y además es inocuo para los humanos, por lo que por fin podréis propagarlo entre ellos, sin miedo a que vuestra especie desaparezca. ¿No os parece genial?, en el amor radica la solución y la clave, hasta en cuestiones extraterrestres… —concluyó con una sonrisa.

El Doctor García-Rojo había sonreído, pero ellos no tanto, claramente les había encajado lo que en el lenguaje de los humanos se llamaba “un marrón”. Tenían que lograr que los humanos, esos seres que se pasaban la vida pegándose, enzarzados en guerras a las que, para disimular, llamaban conflictos, inhalasen el fluido. La cuestión era cómo. Tal vez introduciéndolo de alguna manera en ese combustible que usaban para desplazarse y que emponzoñaba sus cielos lo lograrían; al fin y al cabo, era lo que respiraban a diario mezclado con el oxígeno. Tal vez. Conocían su objetivo y dudaban de si la manera sería la adecuada pero se dispusieron a ello. Comenzarían por la ciudad, y María, Diego y Frank se dividieron las zonas de la misma para ir por la noche. Iban a utilizar la capacidad de hacerse invisibles para introducir el antídoto en todas las gasolineras de la ciudad. ¿Funcionaría? Tenían pocos días, había que actuar ya o sería una catástrofe.
Se reunieron en casa de Frank poco antes de la media noche. Después de beber un café, cada quién partió rumbo a la zona que tenía asignada. Los nervios se apoderaron de ellos, todo tenía que salir conforme a lo planeado. Gracias a sus poderes no fueron captados por ninguna cámara de vigilancia. Después de acabar regresaron a la casa de Frank y esperaron hasta el amanecer. A las 7 de la mañana sonó el móvil de María, era el Doctor:

— Parece que vamos por el buen camino chicos —le dijo notablemente animado.

María dirigió una mirada cómplice al resto y respiró hondo. El contenido de las 5 cantimploras que llevaba diluido el antídoto ya estaba esperando en los depósitos de las tres gasolineras de la ciudad. Todos los coches que repostaran ese día se iban a encargar de que la cura viajara lejos. Ya estaba todo organizado y según el plan del Doctor, más las propias sugerencias de María, Diego y, Frank, no quedaba otra que dividirse. De ese modo María tenía las coordenadas de unas gasolineras, al igual que Diego, que antes de marcharse, la abrazó muy fuerte mientras que Frank les cortó:

— Vamos chicos, la humanidad depende de los antídotos, cuando cada uno este en cada gasolinera, que avise al resto.

Y de eso modo, se separaron. Integrados como si fueran de la tierra, se dirigieron cada uno al punto correspondiente. Para ganar tiempo, Diego y Frank decidieron utilizar la hipervelocidad, María no estaba en la misma onda, optando ella por teletransportarse, la velocidad no le gustaba y su elección le permitía centrarse con claridad en su cometido. Algo le daba vueltas, una especie de presentimiento sin forma que la inquietaba. Prácticamente al instante de haber iniciado su “viaje” se hallaba cada uno en el lugar exacto que se habían asignado antes de la partida y mediante telepatía confirmaron sus posiciones, aprovechando la conexión para “comentar” algunos detalles sobre el método más conveniente —y rápido— de mezclar con éxito el antídoto y la gasolina, no había tiempo que perder.

Lo que María presenció confirmó aquella inquietud que se había instalado en su estómago, “su” gasolinera estaba abandonada, por el aspecto que presentaba daba la sensación de llevar así mucho tiempo, los surtidores habían sido arrancados, los depósitos no existían, en su lugar se abría un enorme hueco, parecía que hubiese caído una bomba allí. Mientras María pensaba que era posible que aquella zona hubiese quedado deshabitada debido a la epidemia —¿por qué si no habría sido cerrada la gasolinera?— un individuo se acercó sigilosamente por la espalda, propinándole un golpe en la cabeza con un objeto contundente que la envió al vacío del agujero; en su vuelo no pudo evitar un pensamiento desolador: de alguna manera, su misión había terminado…

También pensó, mientras volaba, mientras caía, en Diego, en Frank, en el contagio, en el antídoto, en la gasolina, en… Y luego, un instante o una eternidad después, abrió los ojos y la deslumbró tanta luz, ella tumbada de espaldas en una camilla acolchada con una especie de cuero blanco. Se incorporó, miró alrededor, no vio paredes, suelo, límites, como cegada por tanta luz lechosa, pero al fin reparó, a su derecha, en una camilla que, como la suya, parecía flotar en una nada de puro algodón, y en el hombre tendido de espaldas, acaso inconsciente, sobre ella; y reparó a continuación en otra camilla a su izquierda, ocupada por un segundo hombre tan inmóvil como el primero. ¿Eran Diego y Frank? Fue entonces cuando oyó la voz.

— Puede parecértelo, pero no estás muerta; esta vez has tenido suerte. No me busques —afirmó la voz de forma inquietante mientras María miraba temerosa en todas direcciones—, no soy materia para ti, ni para los desdichados humanos que quieres salvar, algo que casi consigues.
— ¿Quién eres?, dime… ¿qué ocurre, dónde estoy? —preguntó asustada María.
— Soy el Hacedor, el que juega la partida. Mi contrincante me lo está poniendo difícil, él es quien quiere salvar a los humanos, yo no.
— ¿El Hacedor? —dijo María, entornando sus ojos ante la intensa luz que envolvía su cuerpo.
—Shhh… aquí soy yo quien pregunta, y tranquila, no estás sola.

La voz terminó en un susurro casi imperceptible, y María cerró sus ojos con fuerza, intentando remover algunos de sus poderes para comprender adónde había caído, quién o qué era esa voz tan soberbia que la arrastraba a un lugar tan desconocido. Sus ideas giraban como una noria en su cabeza, se sentía desmayar. Intentó transportarse a otro lugar, buscando a Diego o a Frank, pero cuando abrió los ojos, lentamente y con temor, se vio a sí misma flotando en la misma sala, sin techos ni paredes.

— ¡Es inútil que te esfuerces! —exclamó la voz sonando desgarradora de nuevo—, tú sola no tienes poder suficiente para derrotarme, el Exterminador era el único que podría conseguirlo y tan siquiera habiendo adquirido el cuerpo de un humano fue capaz de hacerlo posible —explicó mientras de la nada aparecía flotando el cuerpo inerte del Doctor—. Los Makdihthilink sois una raza inferior y sólo una de las vuestras entre diez millones puede hacerme frente utilizando la Regeneración Unificada, necesitando un amor puro, eterno e incondicional con otro de los de tu especie, y un tercero con la misma sangre… ¡y mira dónde están tu querido Diego y tu hermano Frank! —gritó mientras los cuerpos que tenía alrededor se giraban hacia ella dejando ver la desfiguración en los rostros de Frank y Diego—. Gracias a vosotros, podré dominar y exterminar a voluntad vuestras míseras razas… ¡hasta nunca María! —concluyó la voz, al tiempo que la luz blanca se convertía en la más profunda oscuridad tras una intensa explosión lumínica.

María despertó de repente en el primer piso que tuvo en la Tierra, con una sensación extraña en la cabeza, mirando alrededor aturdida, envuelta en sudor, respirando un fuerte olor a canela de un bizcocho recién hecho y con la necesidad de darse un baño, y mientras lo llevaba a cabo sonó la puerta. Tras el susto inicial, ralentizó sus pulsaciones y pensó pausadamente; transcurridos unos segundos preguntó “¿Diego?”, y cuando obtuvo un “sí, soy yo” como respuesta desde el otro lado de la puerta, María sonrió y se deslizó al interior de la bañera: ahora ya sabía lo que debía hacer.

Entre todos (Parte 4)

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— ¡¿Teletransportación?, ¿pero qué dices?! —gritó María, incrédula, ante lo que Diego le contó que, debido a la distinta relación espacio-tiempo de la Tierra, en ese momento de miedo, algo similar a la adrenalina le había hecho correr a la velocidad de la luz a un lugar seguro.
— Fue tu instinto el que te guió al moverte más rápido que tus pensamientos; por eso pudiste llegar tan rápido a tu casa, nosotros nos dimos cuenta de lo que te había ocurrido gracias al localizador que te puse en el bolsillo antes de salir hacia el Museo —le contó Diego.
— ¿Por qué no me dijiste que me ponías un localizador?, ¿no confías en mí? —dijo María acercándose lentamente a Diego y dejando solo milímetros de separación entre sus bocas—, ¿dónde le habéis encontrado?
— Pues… mmmm… —balbuceó Diego separándose bruscamente, rompiendo la burbuja de tensión que se había formado alrededor de ellos—, te habíamos seguido y estábamos cerca del Museo, por lo que al teletransportarte acudimos y vimos al impostor en el suelo; nos lo llevamos a un lugar apartado y Frank utilizó sus “métodos” para decirnos qué había ocurrido con el Doctor. Decidimos entrar en los garitos de los alrededores a buscarle, y en el último que entramos, el olor a alcohol embargaba todo, el camarero estaba apoyado en la pegajosa barra y ni siquiera levantó la vista de la revista que tenía entre las manos. “Buscamos a un hombre…”, le dije, y el camarero hizo un gesto hacia una mesa, añadiendo “hace horas que lo han dejado ahí y no se ha movido ni para ir al baño”. Cogimos al Doctor García-Rojo entre los dos, poniendo sus brazos alrededor de nuestros cuellos y salimos rápido a la calle, llegamos a la fuente que hay en la plaza nueva y metimos su cabeza en ella para despejarle; cuando recobró el sentido, le explicamos dónde le habíamos encontrado y qué queríamos de él, está con nosotros María, estamos juntos…
— Bueno… ¿y cuál es nuestra misión ahora? —preguntó María después de asimilar durante unos segundos lo que acababa de escuchar y ante la mirada tranquilizadora de Diego.
— Nos enfrentamos a un virus ARN —comenzó el Doctor sonriendo— y necesita su retrotranscriptasa para crear ADN con el que introducirse en las células humanas y reproducirse; durante estas semanas he desarrollado un antídoto que destruye dicha enzima para evitar que se reproduzca y lograr así que se extinga. Vuestra misión es tan simple como ayudarme a prepararlo y extenderlo por la mayor cantidad de lugares posible para que los humanos lo respiren. He de advertiros —prosiguió el Doctor— que, al haber modificado el virus para salvaguardar la especie humana, éste se ha convertido en letal para los Makdihthilink que lo respiren y, dada la gravedad de la situación, no va a resultar posible avisar al resto de vuestros compañeros para que puedan ponerse a salvo. Cada segundo que perdamos estaremos multiplicando exponencialmente las posibilidades de aniquilación de nuestra especie.

Diego buscó los ojos de María intentado encontrar una solución en ellos al dilema que se les presentaba, pero sólo encontró frialdad, un brillo acerado en el fondo de su pupila que le confirmó sus más amargos temores.

— María, nos necesitan, no podemos dejarles morir así, sin intentarlo siquiera —se le quebró la voz al imaginar el final tan cruel que esperaba a los suyos—, tú puedes localizarles con tu dectógrafo si están cerca… por favor…

María apretó los labios con rabia, formando una delgada línea en su rostro, sabiendo que la decisión que acababa de tomar cambiaría para siempre su vida y el curso de la historia tal cual se conocía, pero no podía permitirse dudar en esos instantes, la suerte estaba echada.

— Diego, ¡¿es que no entiendes la situación?! Lo siento, pero no nos podemos arriesgar de esta manera, sabes que si lo hago corremos el riesgo de contagio y de todas maneras ya es demasiado tarde para tratar de encontrar una solución —aseveró María.

Diego no podía creer lo que estaba escuchando, a María no le importaba lo mas mínimo no ayudar a los suyos, ¿cómo podía ser tan fría? María se quedó molesta y pensativa a la vez, tenía sentimientos encontrados porque no podía permitir que le ocurriera nada a Diego, ¿por qué la ponía en esa situación?

— María, ¿es tu decisión final?, ¿estás segura? —preguntó Diego.
— ¿La decisión final?, ¿salvar a los suyos dejando desaparecer la humanidad entera?, ¿salvar  a los humanos sacrificando a los suyos, a Diego, a Frank? —pensaba María estremeciéndose con la idea de que a Diego le pudiese ocurrir algo.

Mientras, Diego, incrédulo y sorprendido le miraba esperando una respuesta.

— ¡Todavía tenemos tiempo para luchar María, nunca nos perdonarán en Makdihth por no cumplir nuestra misión! —le indicó Diego.
— La culpa de todo esto es nuestra y nosotros mismos tenemos que salvar este planeta —le contestó María—. Ha llegado el momento de confesaros algo, antes de salir de Makdihth me confirieron el Último Poder que sólo debería utilizar en caso de extrema peligrosidad, puesto que después de hacerlo moriré… pero he tomado la decisión y haré uso de él —concluyó María.
— ¿Qué poder es ése? —preguntó Diego.
— Es muy peligroso, que lo sepas.

María dudó por unos instantes, apesadumbrada; miró los ojos impacientes de Diego, y por fin tragó saliva y dijo:

— Sé cómo retroceder en el tiempo de La Tierra. Puedo volver hasta antes de expandir el virus… puedo salvar este planeta… y a vosotros dos. Pero Diego, antes de que digas nada quizás hay algo que deberías saber. Si retrocedo en el tiempo es muy probable que tú y yo no nos volvamos a ver. Es más, es muy probable que el mundo que hoy te rodea no se parezca en nada al que te tendrás que enfrentar. Nadie, ni yo misma, sabe si será para mejor o para peor, de lo que no hay duda es que será completamente diferente. Lo más importante —prosiguió María con tristeza en sus ojos— es que te echaría mucho de menos.
— ¿Y cuál es el peso real de una ausencia, un simple echar de menos, comparado con la posibilidad de evitar una más que probable extinción? —replicó Diego apartando su mirada de la de María.

No existía otra opción, sabía que ella tenía que hacerlo, no era por ese afán de narcisista heroicidad que se les presuponía a los Makdihthilink, no, era tan sólo el destino.

— María, me da igual, sabes que te aprecio y hasta podría llegar a quererte, pero tienes que irte… Entiéndelo, de este viaje depende el futuro de nuestra especie.

Sin tiempo para lágrimas inútiles, María introdujo su mano derecha en el bolso y buscó con el tacto de sus dedos la forma de su desactivador monoaural. Sin embargo, cuando entró en contacto con el aparato, tuvo una idea fugaz, un haz de luz que se encendió en su cerebro y que se apagó tan rápidamente que casi no le dejó tiempo para procesar. Con un rápido movimiento, María se abalanzó sobre Diego y, tras rodearlo con los brazos, sin dejarle posibilidad alguna a una huida, pensó con intensidad en aquel acantilado que un día visitaron. En un abrir y cerrar de ojos, ambos se encontraban en aquel lugar apartado de la civilización.

— María… pero… ¿¡qué has hecho!? —preguntó, incrédulo.
— Has dicho que debía irme… y he hecho exactamente eso.

Diego contempló a María mientras su mente intentaba entender qué había sucedido, y se dio cuenta que se debatía entre hacer dos cosas muy diferentes: recriminarle su actuación o tomarla entre sus brazos y comérsela a besos.

— ¡Qué carajo! —pensó.

No sabía lo que iba a ocurrir después de todo, y él no se iba a ir sin probar el sabor de su boca, por lo que se acercó a ella y sin darle tiempo a reaccionar la abrazó con fuerza. María se dejó aprisionar por aquellos brazos fuertes, pensando en cuanto había deseado que llegara ese momento, pero un sentimiento parecido a la premonición se dibujó en su mente y cuando sus labios se juntaron con los de Diego una fuerza, que no supo de donde llegaba y que era más poderosa que ella misma, la impulsó hacia atrás. Y entonces, lo entendieron.

Entre todos (Parte 3)

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Parte 2

El militar en su interior sabía que su plan no acabaría bien, bien para él, entiéndase. Sí, se redimiría de los errores cometidos en el pasado, pero pagaría un alto precio, pagaría con su vida. Había tomado la decisión y no habría marcha atrás. Pasearía entre el caos hasta llegar a la nave, manipularía los controles para cortar la emisión de ese humo rojo tóxico y ¡pum! No habría gloria, pues nadie sabría de su transformación en un héroe.

Aunque desconfiado, Diego tomó el trozo de papel y lo guardó rápidamente en el bolsillo trasero de su pantalón. No se despidió del militar, y mediante un evidente gesto con la cabeza indicó a María y a Frank que efectivamente tenían que salir de allí cuanto antes. Corrieron durante los minutos necesarios para dejar bien atrás a la muchedumbre y las autoridades que ya habían llegado a la plaza y, una vez a salvo, Diego sacó la nota de su bolsillo y la leyó en voz alta: “19:30 Entrada Sur Museo de Historia Natural, María SOLA”.

— ¡Maldito cerdo! De ningún modo vas a reunirte tú sola con ese imbécil —gritó Diego indignado.
— Tengo que hacerlo si queremos saber dónde está el Doctor —aseveró María.
— ¡De acuerdo! Pero antes tenemos que hablar con nuestro contacto en la policía, el inspector González, para ver si puede ponerte un micro y una patrulla para vigilar el encuentro —dijo Diego.
— ¿No será muy arriesgado ir con un micro?, ¿y si nos descubre? —preguntó aterrada María.
— ¡Tranquila María, estaremos ahí contigo por lo que pueda ocurrir! —exclamó Diego tranquilizándola.

María se quedó un poco más tranquila, pero no podía evitar tener muchos pensamientos en su cabeza, se iba a encontrar con una trampa, así que lo mejor era continuar con el plan que había propuesto Diego.

— De acuerdo, lo haré, pero nada de micros, tenemos poco tiempo y me da pánico que me descubran, quién sabe de qué serán capaces -indicó María.

Desde que se dieron cuenta de que son portadores de un virus que afecta a los humanos, Diego y su equipo habían centrado sus esfuerzos en experimentar con ADN, para descubrir dónde estaba la clave que hiciera compatible la vida de ambas especies en el planeta. El problema era que no podían seguir desviando fondos, los militares supervisaban todo estudio científico que les parecía sospechoso y a pesar del prestigio ganado tras años de trabajo en las clínicas y los artículos publicados sobre ADN, debían tener cuidado de no ser descubiertos. El Doctor García-Rojo era su última esperanza, era experto en genética y se rumoreaba que tenía un hijo afectado por el virus, con lo que podría ser el único humano que había logrado vivir con normalidad portando la enfermedad. El objetivo de María sería descubrir si era cierto, y comprobar si podían trabajar en equipo con él.

A las 19.30 María se encontraba puntual en la puerta acordada, y aunque el Museo de Historia Natural cerraba sus puertas a las 19 horas aún había guardias de seguridad dirigiendo a los visitantes hacia las salidas. Se había levantado aire y María, incómoda, se subió un poco más la cremallera de su chaqueta. Sus pensamientos volaron hasta Diego, al que había costado horrores convencer para que se quedara en el piso franco y no se empeñara en colocarle el puñetero micro, y aunque no había rastro de él por ninguna parte, María no tenía demasiadas esperanzas en que le hubiera hecho caso. La puerta sur del museo estaba ya en penumbra, solitaria, cuando María escuchó unos pasos justo detrás de ella; en el momento en que su dectógrafo empezaba a vibrar, se giró.

— Me han llegado rumores de que está usted buscando al Doctor García-Rojo —dijo una voz que le resultaba extrañamente familiar.
— Le han informado a usted bien… ¿Doctor García-Rojo? —dijo María girándose hacia la persona que le estaba hablando.
— El mismo, pero haga el favor de acompañarme al interior del museo, aquí fuera no estamos seguros ninguno de los dos.

El médico se dio la vuelta sin esperar a comprobar si María le seguía cuando su dectógrafo, que llevaba camuflado dentro de un gran bolso vibró con más intensidad avisando a su dueña de que el hombre al que seguía era un impostor, un Makdihthilink. No hubieron traspasado la puerta del museo cuando María se abalanzó sobre el falso Doctor García-Rojo propinándole un tremendo golpe en la base del cráneo y haciendo que el hombre se desplomara como un monigote. Con el impostor en el suelo, a su merced, pudo pasar por su cabeza el desactivador monoaural que le garantizaba un auténtico pelele al menos para tres o cuatro horas, y acto seguido llamó a Diego. El teléfono envió varias llamadas sin obtener respuesta, y como María no soportaba estar más tiempo junto al impostor del Doctor García-Rojo, agarró fuertemente su bolso y echó a correr tan desconcertada que confundió la puerta de la Entrada Sur del Museo, por la que minutos antes había entrado, con el almacén. Allí, permaneció inmóvil detrás de un gran oso disecado al escuchar la presencia de varias personas en el pasillo; al menos eran dos hombres, quizá tres, e iban a descubrir al Doctor tirado en el suelo, con lo que se sintió en peligro. En ese mismo instante se dio cuenta de que su dectógrafo no estaba en su bolso, ni en sus bolsillos.

— ¡Ahora sí la he liado! —murmuró—, van a descubrir el instrumento vibrando junto al cuerpo del Doctor. ¿Cómo puedo ser tan torpe?, ¿se me habrá caído?

Miró a su alrededor intentando buscar una solución, temiendo el momento en que descubrieran al impostor, y después a ella. Notaba su corazón latiendo con fuerza, tanto que casi podía oírlo y, para intentar mantener la calma, cerró los ojos y se imaginó en un lugar seguro, en su lugar favorito, en el primer piso en el que vivió cuando llegó a la Tierra. A pesar de ser pequeño era acogedor y recordaba especialmente la diminuta cocina en la que hacía bizcochos de canela los domingos y cómo todo quedaba impregnado del afrodisíaco aroma. Empezó a calmarse y respirar lentamente, sintiéndose a salvo en su pequeño mundo, percibiendo el olor cada vez más fuerte, más intenso, más cercano, tanto que empezó a abrir los ojos extrañada. Estaba mareada, la habitación daba vueltas pero se dio cuenta de que no era la misma, reconociendo los muebles a su alrededor, las paredes que la rodeaban y el bizcochón humeante encima del poyo antes de caer extenuada. Cuando volvió en sí tenía fiebre. Esa que le daba de vez en cuando sin razón aparente, antes de que desarrollara sus poderes, recién llegada de Makdihth. Se sentía sudada, pegajosa, maloliente, y la luz que entraba por la ventana de vidrio le hería los ojos de tanto que le dolía la cabeza. Había viajado en el espacio, y no sabía si lo había hecho también en el tiempo. Se levantó despacio, aguantando las nauseas que le provocaba el penetrante olor a canela del bizcocho que acababa de salir del horno, segura de que un baño le ayudaría a reponerse. Se dirigió al baño, y mientras la bañera se llenaba de agua, echó unas gotas de su jabón favorito y empezó a formarse una frondosa espuma; ya dentro de la bañera y mientras intentaba aclarar sus ideas, alguien llamó a la puerta, lo que le hizo levantarse de un brinco y coger lo primero que encontró, su cepillo de dientes.

— ¿Quién anda ahí? —preguntó María asustada.
— Soy yo, Diego —respondió desde el otro lado de la puerta.

María abrió la puerta corriendo sin acordarse de que estaba completamente desnuda; Diego la miraba atónito y ella corrió a ponerse una toalla mientras le preguntaba qué había ocurrido, qué hacía allí, y le pedía escuchar de su boca que nada malo ocurría. Diego le indicó que se vistiera y la llevó al salón, y cuando vio sentados en el sofá a Frank y al Doctor García-Rojo con varios planos y cientos de papeles sobre la mesa, Diego comenzó a explicarle lo que había ocurrido para intentar borrar de su cara esa expresión atónita.