Juegos del colegio

Médicos

PeluqueraEl lenguaje de un niño de cinco años aún no es perfecto. Sabe comunicarse con total normalidad, pero aún hay palabras que se le resisten. Tampoco me extraña, porque si hay adultos a los que no se les entienden muchas cosas, ¿qué no puede ocurrir con un pequeño? Ayer pude dar buena cuenta de ello. Íbamos caminando hacia el centro donde iba a recibir una de sus actividades extraescolares, y al pasar por una peluquería me dijo asombrado:

— Mira papá, una peluquería.
— ¿Has visto que chula?
— Como lo que vamos a jugar en mi cole, a la peluquería.
— ¿Ah, sí? ¡Qué bien! A cortaros el pelo.
— Sí, y a los médicos.
— A los médicos, ¡qué guay!
— Y a los velatorios.

MédicosA los velatorios… Me quedé muerto. ¿Cómo pueden jugar en el colegio a eso? Durante unos segundos guardé silencio pensando en que me lo decía la mar de contento, justo una semana después de haber mantenido una conversación sobre la muerte en la que terminamos llorando los dos:

— ¡¿A los velatorios?! ¿Y qué hacen ahí?
— Son los que tienen muchos botes así —me dice mientras hace una forma curva con la mano.

Mientras hablaba con él iba pensando qué quería decir porque no lo entendía… De repente la inspiración me vino:

— ¡¿Laboratorios?! ¡Velatorios no, laboratorios! ¿A eso jugáis?
— Sí a eso. ¿Qué hacen ahí?
— ¿En los laboratorios? Pues investigan, hay investigadores y descubren cosas. Curas para enfermedades, cosas nuevas que antes no existían…

Me alivié sabiendo que no jugaban a enterrar a nadie, sino a ser científicos. Que habría sido más sencillo que me hubiera dicho eso, científicos. Aunque viendo cómo es esta palabra, a saber qué le habría salido al pobre…

¿A ti qué palabra se te resiste? ¿Hay alguna que particularmente te disguste por compleja y busques sinónimos? ¿Te han pegado los niños alguna vez un susto con sus alteraciones de las palabras?

De cariñoso a aprovechado

Mi hija ha heredado de su padre el ser cariñosa con la gente. A toda la gente que ve la saluda. Les sonríe, les dice hola y les pregunta cosas. A los niños, además, les da abrazos y besos. Le da lo mismo quiénes sean, no hace demasiada distinción. Ayer íbamos paseando y nos cruzamos con una familia que venía de frente, con una pequeña de su misma edad, aproximadamente. Ambas se miraron desde la distancia, se pararon, se dieron un beso y un abrazo (actos ambos promovidos por la mía) y se fueron tan campantes.

La verdad es que no me sorprendió esa muestra de cariño por parte de mi hija porque ya estoy acostumbrado a que la tenga. A los de su clase les colma de achuchones, a los del parque también les regala alguno de vez en cuando, y a los que se cruza por la calle, en ocasiones también, como acababa de ocurrir. Es muy común que se acerque a ellos, les coja de los hombros y les dé un beso y un abrazo mientras lo dice: “U becho… u bracho“. Me llamó más la atención la reciprocidad que tuvo en el gesto por parte de la otra chica porque no suele darse. Y me quedé pensando, como acostumbro con algunas situaciones.

Y pensé en la forma tan natural y sin prejuicios de mostrarse cariño, en la manera tan singular de dejarlo fluir cada una con la otra y que ninguna de las dos pensara que es extraño, en la ventaja de ser niño para hacer ciertas cosas sin preguntarte por qué y sin que nadie a tu alrededor se lo pregunte, y que simplemente se justifique en “la inocencia de los niños“. Reconozco que aún tengo parte de esa inocencia, quizá demasiada, aunque no sea necesariamente en ese aspecto. La gente que me conoce da buena fe de ello. Sin embargo, eso dentro de unos 15 años sería impensable. ¿Una joven cruzándose con una desconocida y parando para darse un beso en la mejilla y un abrazo y seguir su camino como si nada? Sabemos que no sería cierto ni aunque lo pusieran en una película de sobremesa que son ‘Basadas en hechos reales‘. Concretamente, esa sería la parte inventada.

Beso adultoPero lo peor no es que no se dé en esas edades en las que uno aún es joven porque ya se ha perdido la inocencia que provocaba esos actos. Lo (para mí) triste es que si eso mismo lo hiciera yo con un adulto, ¿qué ocurriría? Voy por la calle y al primero que se me tercia (chico o chica, me da lo mismo) le paro, le saludo, le doy un beso y un abrazo, y me despido. Si es un chico posiblemente me lleve un empujón. Si es una chica, posiblemente me lleve una bofetada. ¿En qué momento dejo de ser cariñoso para ser considerado un abusón o un loco? Porque estoy convencido de que cualquiera que lo presenciara e incluso el mismo receptor pensaría como mínimo que estoy tarado, o que querría aprovecharme de la chica, si es que mi “víctima” fuera una mujer.

Quizá sea que no todos los adultos lo harían de forma inocente. Quizá sea que tendría que haber un motivo oculto para llevar a cabo esa acción. Quizá sea que una vez perdemos la inocencia, actos como ese no tienen cabida, porque pasa a ser picardía. Últimamente leo en muchos sitios a personas que dicen que hay que aprender de la niños, pero estoy convencido de que esos son de los que no se dejan besar y abrazar.

Carta de un hijo a sus padres

Carta a un/a padre/madre

Querido papá / querida mamá.

Soy un niño. Mi única preocupación es jugar. Jugar, reír y hacerte partícipes de mis juegos y la felicidad que me reportan. Yo no entiendo de hipotecas, pagos o responsabilidades. No entiendo de horarios, citas, ni obligaciones. No entiendo de dónde salen los juguetes, la comida o los libros. Ni tampoco cómo mi ropa sucia aparece limpia en mis cajones. Y por supuesto no veo el peligro en nada, de hecho esa palabra no figura en mi vocabulario.

SobreYo solo entiendo de fantasías, personajes e historias imaginarias. Solo quiero divertirme, inventar y descubrir. Pero por encima de todo pasármelo bien y jugar. Para mí todo lo que hago es un juego. Experimento con cualquier cosa que me voy encontrando en el camino, intento sacarle partido para jugar, y si no lo logro lo dejo porque no me interesa. Y lo dejo donde me encuentro, no en su sitio, porque ni siquiera recuerdo de dónde lo cogí.

Por eso, si utilizo como confeti esas facturas que dejaste accidentalmente a mi alcance, no es que quisiera destruirlas para fastidiar; juego a celebrar mi cumpleaños. Si cierro las puertas cuando vienes a buscarme con prisa para vestirme porque llegamos tarde a un sitio y me río mientras pongo resistencia, no es que quiera tocarte las narices —ni siquiera llego—; juego a que no me encuentres y no me cojas. Si cuando me has puesto un zapato yo aprovecho para quitármelo mientras me pones el segundo, no quiero hacerte llegar tarde; quiero que me hagas –otra vez— cosquillas en los pies mientras me los pones.

CartaCuando busco entre los cajones ropa que me guste y revuelvo todas las camisetas para coger una y me calzo zapatos unas diez tallas más grandes de la que me corresponde, no pretendo desordenar los cajones ni desparramar tu calzado, ni tan siquiera deshacer todo lo que te ha llevado horas planchar y doblar; solo quiero jugar a ser tú, disfrazarme de ti y para ello tengo que elegir la ropa más adecuada. Además, a veces te he visto a ti hacer cosas similares cuando me llevas de compras. Cuando estamos en las tiendas no quiero tirar las cosas para que te regañen, solo quiero sentir en mis manos todas esas cosas que me llaman la atención. Cuando cojo pinturas y coloreo la pared no quiero hacerte tener que pintar toda la habitación de nuevo; es la forma que mi creatividad tiene para expresar el mundo de color que se dibuja en mi mente. Cuando salgo corriendo sin avisar no quiero asustarte acercándome a la carretera; solo quiero explorar el mundo que me rodea, para mí todo es nuevo e interesante.

No, no hago las cosas por fastidiar, por molestar, ni por enfadarte. Solo pienso en jugar, solo, con amigos o contigo. Solo quiero que me veas, que estés a mi lado y me acompañes, que me des tu cariño y que me hagas caso. Por eso cuando creas que te reto, que te enfado a propósito, o que pruebo tus límites, lo único que en realidad quiero es que me dediques tu tiempo, aunque sea riñéndome. Esa también es una forma de ganarme tu atención. De todas formas, en unos minutos lo habré olvidado y te seguiré queriendo igual. Porque soy un niño y olvido pronto.

Con cariño, tu hijo / hija.

La dificultad de educar en vacaciones

Educación en vacaciones

Da lo mismo dónde me encuentre, y poco importa lo que esté haciendo. Tengo la sensación de ser prácticamente el único que controla a sus hijos, o que intenta educarlos con algo de seriedad. Este verano, en la piscina infantil del hotel donde he estado de vacaciones seguí de cerca una historia que no me hizo saltar por centímetros.

ChurroHabía un niño en ella, aparte de los dos míos, que jugaba con un churro, de esos con los que los niños aprenden a nadar. Todo discurría con normalidad hasta que se dio cuenta de que era mucho más divertido dar porrazos con él en el agua. Con una piscina vacía no habría habido inconveniente, pero estaba llena de críos y mi pequeña de año y medio andaba cerca de él. Y la pobre veía más en eso un juego que un peligro.

DiazepanY los segundos pasaban como si fueran minutos entre las continuas amenazas con propinarle un churrazo a mi hija y los intentos fallidos contra mi hijo, que por otro lado intentaba en vano que el salvaje fuera dócil para poder jugar con él. Y entretanto una voz de una mujer que parecía bajo los efectos de un kilo de diazepan, de cuando en cuando le decía con tono poco alegre (que no serio) “Hugo… Dame el churro“. Y a Hugo, al que solo le faltaba sacarle un cubata del todo incluido para lograr que la señora durmiera tranquila, por un oído le entraba y por otro le salía. Suponiendo, claro está, que le hubiera llegado a entrar.

Yo miraba con más mala leche cada vez porque el niño no hacía ni caso y la sangre horchata de la madre estaba todo el rato con el brazo estirado y quieta sin hacer nada, durante más de cinco minutos. He visto a indigentes pedir con más estilo y alegría. Hasta me dieron ganas de darle un euro a la mujer con esa postura y aprovechar para decirle “Ande y cómprele al niño un poco de educación“. Por momentos hasta quise que le diera para reñir yo al muchacho, pero parece ser que se cansó de fallar en sus intentos y dejó de jugar a eso. Yo por si las moscas no le quité ojo de encima hasta que nos fuimos.

Supongo que si le hubiera dado un golpe no le habría hecho demasiado daño, porque no es muy duro. Pero, ¿era necesario que pasara? ¿Tenía que quedarme impasible por la pasividad de los otros padres? ¿Como ya les riñen mucho durante el año (me río yo de eso) en verano no les apetece enfadarse y les dan vía libre? Porque para mí la educación ni descansa ni tiene vacaciones

¿Te has encontrado en alguna situación similar? ¿Lo padres han sabido contener o controlar al otro niño o han sido pasotas? ¿Crees que en vacaciones hay que darle a los niños todo el cuartelillo que se les niega el resto del año?

Besos mágicos

Beso curativo

Todas las personas nacemos con, al menos, un don especial. De hecho, es el mismo para todas las personas. Sin embargo, por diferentes circunstancias de la vida hay quienes nunca llegan a desarrollarlo. Y la verdad es que es una lástima, porque quienes sí lo conseguimos hacer disfrutamos mucho con él. Sin embargo, no es diversión lo que nos produce, sino satisfacción. Me refiero al poder mágico que tienen los padres y las madres para curar cualquier cosa de un hijo con un beso.

Beso curativoSolo quienes tenemos un niño pequeño (y quién sabe si grande), somos conscientes del poder que guardamos en los labios. Yo los llamo besos curativos, y sirven para cualquier cosa: curan igual un mordisco, una caída, un golpe, un choque, una herida o un picotazo. No son pocas las veces que mis hijos se golpean, se arañan o se caen, y vienen llorando, compungidos. Se han hecho daño y necesitan cariño y calmar el dolor que tienen. Una mirada de consuelo mientras se acercan, un estiramiento de brazos para cogerlos y acercarlos a mí, y un puñado de dulces besos es todo lo que necesitan para sentirse en perfectas condiciones en cuestión de segundos. En cuanto sienten el tercer beso el llanto se torna sonrisa y el dolor desaparece. Y da lo mismo si hay un chichón de por medio, un hematoma o una herida con un poco de sangre, ya no les duele.

Yo al principio me hacía varias preguntas. ¿Qué ha ocurrido? ¿Cómo es posible que ya no llore? ¿Qué es lo que he hecho para que se le olvide el dolor? ¿Acaso era cuento? ¿Será lo que le he dicho o cantado para que se calme? Con el tiempo me he ido dado cuenta de que ni siquiera hay que acompañar el consuelo con las frases típicas “ya, cariño, que no es nada” o “ya, mi pequeño, que pronto se te cura“. Simplemente basta con que sientan mis besos. Y es en ese momento cuando soy realmente consciente del poder que tenemos.

La pregunta que me asalta ahora es ¿hasta cuándo mantendré esta capacidad? ¿En qué punto mis besos dejarán de curar el dolor? Con los años los dolores físicos van disminuyendo, a la vez que van aumentando los que no se ven. ¿También seré capaz de curar eso? Con los adultos mi poder no funciona igual, ante un mal momento ofrezco un beso, incluso un abrazo, pero el malestar sigue ahí, es como si fueran inmunes (o quizá es que no se dejan invadir por ellos). Sólo deseo que este poder nunca se me agote, que cada vez que mis pequeños se acerquen a mí tristes o dañados pueda cogerles (o rodearles si son muy mayores) con mis brazos, pueda darles unos cuantos besos y su cara refleje lo mismo que ahora: una sonrisa que indica que están mejor.

¿Y tú, también tienes el don? ¿Tus besos siguen pudiendo curar? ¿Funcionan con niños y adultos? ¿Hay alguno en concreto que cure tu dolor?

Se busca: Niño perdido

Se busca: Niño perdido

Esta entrada va dirigida, sobre todo, a las personas que son padres de niños pequeños. Sé que muchos de quienes la lean pensarán que ellos tienen cuidado, que están concienciados, que no les va a pasar… Hasta que les pasa. Y les pasa en el momento en que menos se lo esperan, cuando tenían (o eso creían) la situación controlada. Y cuando eso ocurre el mundo se te viene abajo, te agobias, te desesperas, y montones de pensamientos inundan tu cabeza “es culpa mía“, “por qué no me habrá hecho caso“, “quiero que vuelva ya“, “que salga de su escondite“, “por favor Dios (aunque seas ateo/a) que aparezca“, mientras el ahogo que se produce en tu estómago solo te permite llorar sin poder pensar. Estoy hablando de que nuestro niño se nos pierda.

Niño entra la multitudCreo que debe haber pocas cosas más asfixiantes que ver una multitud de gente paseando por todos lados, cada una a su ritmo, y tú mirando entre ella, buscando entre los cuerpos, deseando que todo el mundo se volatilice durante un segundo para poder ver, intentando sin éxito encontrar a tu hijo. Imagino que el corazón latirá a mil por hora, los nervios se apoderarán del cuerpo de uno, y la capacidad de reacción cada segundo que transcurra será menor. Tiene que ser una sensación desagradable hasta el momento en que vuelves a encontrar al pequeño. Suponiendo que eso ocurra.

MultitudY esto es lo que le pasó el otro día en la Feria del Libro a dos personas (un niño sin padres y una mujer sin niño). Fue la señora la que me llamó en exceso la atención por el estado en el que se encontraba. Dos policías hablaban con ella y su respuesta a lo que decían era “Yo sólo quiero que aparezca, yo sólo quiero que aparezca, yo sólo quiero que aparezca“. Yo, que soy mucho de ponerme en la piel de la otra persona (o de intentarlo al menos), esta vez no quería hacerlo. No quería imaginar el sufrimiento que debía estar padeciendo la señora sin saber por dónde estaría su hijo. Una gran avenida llena de gente, con personas yendo y viniendo continuamente, sin dejar que se viera nada. Y quizá el niño estaba bien, pero la madre lo desconocía, y cuando uno no sabe si su hijo está bien lo primero que hace es preocuparse.

Se busca móvilPasamos de largo y le hice ver a mi hijo lo importante que era que fuese siempre de la mano en los lugares con mucha gente (como centros comerciales) para que nosotros no nos pusiéramos tan tristes como esa señora. En ese momento creo que hasta lo entendió, el problema es que no lo retendrá en la memoria lo suficiente como para acordarse siempre. Yo procuro no dejarle solo cuando hay gente suficiente como para poder perderlo de vista, porque no necesita más de cinco segundos para que desaparezca de mi campo visual. Sólo espero que la mujer encontrara a su pequeño. Y a los padres que me leen, que cuando vayan con los pequeños cambien el móvil por la mano de su hijo (nadie se imagina la cantidad de padres que van sueltos de sus hijos y sujetando su móvil con ambas manos). Perder un teléfono duele, pero perder un hijo duele más aún.

Cuidado con el perro

Perros y niños cruzando

Supongo que es algo que yo no acierto a entender por carecer de mascota. Nunca he tenido perros ni gatos, y a pesar de que la gente que los tiene habla maravillas de ellos no me llama la atención hacerme con uno. No sé, personalmente lo veo como el instinto paternal. Si no te llega, no te apetece tener hijos. Al final, la gente quiere a sus mascotas como si fueran sus hijos, por lo que tampoco le veo demasiadas diferencias a lo del instinto. Sé que muchos de los que me leen tienen mascota, y algunos de ellos incluso tienen mascota e hijos. Así que supongo que estos dos grupos, sobre todo el último, podrá sacarme de la gran incógnita que plantea la situación que con relativa frecuencia me he topado en las calles de mi ciudad.

Bicicleta con ruedines Últimamente me ha llamado la atención la existencia de familias con perros y niños pequeños (de 2 a 4 años) que cruzan las carreteras de un modo que me resulta peculiar. Los padres por delante sujetando una correa con la que llevan a los perros. Los niños detrás de ellos solos y sueltos, andando, en un triciclo, en un patinete, en una bicicleta con ruedines o en una moto de bebé de esas en las que los bebés llegan al suelo con los pies y que me recuerdan al troncomóvil de los Picapiedra por tener los dos el mismo tipo de avance. ¿Por qué hacen esto? ¿Es cuestión de prioridades? Porque me pregunto en qué basan sus prioridades entonces (y no menosprecio a los animales, ojo). ¿Es cuestión de negligencia? ¿Es cuestión de ignorancia?

PatineteCuando veo estas situaciones, que se dan más frecuentemente de lo que parece, me quedo pensando por qué los padres llevan cogidos a los perros y no a los niños en el momento de cruzar una carretera, con los peligros que ello conlleva. ¿Y si algún conductor se despista? ¿Y si no frena a tiempo? ¿Y si arranca antes de lo debido (hay muchos que reanudan la marcha cuando estoy terminando de cruzar, el día que se me caigan las llaves y me agache a por ellas me embisten)? ¿Es más prioritario mantener a salvo a sus mascotas que a sus hijos? Cabe pensar que llevan sujeto al animal porque no saben cómo puede reaccionar y lo mismo les da por salir corriendo. ¿Y el niño de tres años? ¿Quién asegura que no sale corriendo o se vuelve a por algo que ha visto en mitad de la carretera? Quizá soy demasiado desconfiado, pero a mí no se me ocurriría llevar sueltos a mis niños a la hora de cruzar y dejar que fueran detrás de mí. Quizá es que no son tan buenos como los de otros padres.

No den de comer a los animales

No den de comer a los animales

Ser padre es algo complicado. Todos sabemos que los niños no vienen con libro de instrucciones, que uno nunca sabe qué estará haciendo bien o mal en la educación de sus pequeños, o si conseguirá que sean buenas personas para las que el respeto y la educación sean valores predominantes. Sin embargo, no puedo entender cómo hay gente que se empeña en dificultar más las cosas de lo que ya lo son.

El fin de semana pasado estuvimos en Rascafría. Es un sitio bonito, tiene muchos lugares para pasear entre naturaleza, para realizar senderismo… Está muy bien para ir con amigos, en pareja o en familia, porque tienes opciones de todos los tipos. En uno de los paseos que dimos, cerca del Monasterio del Paular, encontramos un lugar con un rebaño de ovejas negras. En los carteles se pedía por favor que no se les diera de comer. Mis pequeños estaban maravillados viéndolas, los animales para ellos son un mundo. Y el mayor quiso darles de comer. Yo le expliqué que no podíamos hacerlo porque en los carteles ponía que no lo hiciéramos. Al consultarme por qué le expliqué que podían ponerse malas, que no podíamos darle cosas que no comieran, y que si lo hacíamos el dueño se enfadaría con nosotros y nos regañaría. Le gustaría más o menos mi explicación, pero se quedó conforme. Las vio y nada más.

Soy un cartel que quiere ser leídoA los dos minutos llegó una pareja de personas mayores. La mujer se puso a decirles cosas, a gritarles “Pobrecillas, seguro que tenéis hambre“, y ni corta ni perezosa se fue a un árbol que había a nuestro lado a arrancar hojas para tirárselas. Mi hijo lo vio y evidentemente dijo a voces: “¡Papá, esa señora está dando de comer a las ovejas!“. Como él no sabe que la gente no lee los carteles pero yo sí, le dije en un tono de voz que todos escucharon: “¡Sí, cariño, pero está muy mal porque no se les puede dar, lo pone en los carteles y se pueden poner malitas!“. La señora no sólo no hizo ni caso, sino que siguió diciéndoles – como en respuesta a mi frase – a los animales: “Pero cómo no os voy a dar, si seguro que estáis hambrientas“. Y fue a coger más hojas. Como empecé a mirarla de mala leche el marido le echó la bronca y se la llevó cuando iba a coger por una tercera vez.

Yo me quedé descompuesto por la impresión que se llevó el pequeño. ¿Por qué él no podía hacerlo y la otra mujer sí? ¿Por qué ella lo había hecho y no había pasado nada? ¿Por qué yo no le dejaba si otras personas lo hacían? ¿Qué podía hacer yo, decirle “Ah, venga, no pasa nada, hazlo” y desdecirme de lo que le había comentado minutos antes por una señora mayor sinvergüenza? ¿Cómo enseñarle a respetar las reglas cuando el de al lado no lo hace y encima se jacta de ello?

Por favor, señores y señoras sinvergüenzas y maleducados que transitan por el mundo: no me den más trabajo del que ya me da la vida. Si quieren saltarse alguna norma, que sea la de no nadar en alta mar. De esa seguro que mis hijos no me piden explicaciones.


Si no lo has hecho ya, te invito a dar un paseo por las nuevas secciones del blog: Premios, Publicaciones, Acerca de mí.

¿10 señales de que estás criando a un niño mimado?

Esta entrada va dirigida, principalmente, a esos futuros padres y futuras madres, o a aquéllos que lo son con niños en edades tempranas. Cuidado con lo que leéis y no saquéis valoraciones erróneas. La gran cantidad de información que hay en Internet puede ser peligrosa si no se asimila correctamente. Ayer fui a caer, gracias a una difusión que realizaron las chicas de Mi refugio virtual, en el blog de La maternidad de Krika en Suiza (ambos grandes blogs que encarecidamente recomiendo), en concreto en esta entrada que la autora realizó acerca de un artículo de la página de bebés Baby Center. El artículo llevaba por título 10 señales de que estás criando un niño mimado. Esto pretendía ser un comentario en el blog de Krika, pero por su extensión he decidido hacer una entrada propia. Es posible que quien escribió el artículo origen no tiene hijos, o no le gustan los niños. O quizá no la hizo el redactor más preparado sino el más disponible. Lo mismo preguntó a las personas equivocadas para documentarse. No lo sabremos. Lo que sí es cierto es que alguien debería haber revisado el trabajo para no publicarlo sin más, con tantas inexactitudes y malas traducciones (se supone que es una página de renombre). Sólo son sensatas tres señales: 3, 4 y 9. Pero 10 señales vende más que 3 señales, hay que reconocerlo. Con Krika discrepo en las formas más que en el fondo, porque pienso que para apoyar o criticar algo hay que analizarlo en su conjunto teniendo en cuenta todo lo que se dice. Las cosas a medias tienden a malinterpretarse. Esto NO es una crítica destructiva a su entrada, ni mucho menos. Es más bien constructiva. Krika hace un trabajo estupendo, la entrada tiene altas dosis de humor, y cuenta siempre las cosas de forma directa y sencilla. Y como me gusta su trabajo pienso que también se le puede decir cuándo es susceptible de mejorar. El artículo habla de bebés o niños pequeños, y al principio se centra en no ser permisivos y dejarles que hagan todo lo que quieran, algo que Krika no contempla en su entrada. Esto es algo evidente, creo que lo normal es educarle en la existencia de ciertos límites, de cosas que se pueden hacer/tener y que no se pueden hacer/tener, aunque obviamente los bebés de eso no entienden. El problema es que es una mala traducción del artículo original en inglés. El artículo en inglés son todo recomendaciones de lo que DEBERÍAN hacer los niños a cierta edad. En español lo indican como OBLIGACIONES de lo que tienen que hacer los niños. Obviamente, el correcto es el inglés, se ha hecho una mala traducción. Además, traducen SPOILED como mimado, cuando tendrían que haberlo hecho por consentido. En español esas palabras no son iguales. Consentido es negativo y mimado puede ser negativo o no, depende del desprecio con el que se use la palabra. Pero por venir de mimar, creo que tendría que usarse siempre como algo positivo. ¿Cómo pueden ser malos los mimos? Pondré las 10 señales del artículo según el orden de la entrada de Krika. Y por qué pienso que están equivocados, cuando lo estén.

  1. Frecuentemente te avergüenza en público. Es evidente que no puedes dejar que tu niño de 2-3 años, o los que tenga, te monte un espectáculo en un centro comercial sólo porque él quiere gusanitos y tú le has dicho que no se los compras. Si se pone a llorar, gritar, tirarse por el suelo y dar vueltas… ¿No sabe gestionar sus sentimientos como dice Krika? NO. ¿Te avergüenza a propósito como dice el artículo? NO. Coge la rabieta porque es su manera de enfadarse por no tener algo que quiere. Como cuando tu jefe te niega un aumento de sueldo o unas vacaciones. Pero creo hay que enseñarle a canalizar el enfado de otra forma.
  2. No puede jugar solo. De acuerdo con Krika totalmente. ¿Un niño que no juega solo es porque necesita atención como propone el artículo? NO. Es porque jugar con otro es más divertido. Los autores solo juegan al solitario, obviamente. Para cualquier (otro) juego hace falta alguien más. Aunque sea un rival.
  3. Te ignora. El artículo no hace referencia a que los niños nos ignoren cuando están ensimismados viendo la televisión o jugando, como expone Krika. Eso lo hacen también los adultos. Se refiere a que no hay que permitir que el niño te ignore cuando le dices que NO. Que no derrame el agua en la tarima porque le apetece, o que no salte más en la cama como si fuera una cama elástica y consiga sacarle los muelles. Hay cosas que se pueden hacer y cosas que no, y hay que enseñárselas.
  4. Hace berrinches con frecuencia. No creo que debamos dejar que llore, grite, se tire por los suelos y golpee las cosas que quiera cada vez que se le dice que no. Pero ni en casa ni en la calle. ¿Y si le da en la rabieta por coger algo y tirarlo contra el televisor? ¿Le dejamos porque no sabe canalizar los sentimientos? ¿No será mejor intentar que suelte la rabia de otra forma? Además, no tendría que hacerlo en cada negativa.
  5. Trata de controlar a los adultos. Aquí se vuelve a ver una mala traducción de PEERS como pares, y no como amigos o iguales (para referirse a los demás niños). Lo que no creo es que no distingan a los adultos de los niños. Sí que lo hacen. Además, distinguen entre distintos tipos de adultos. Con los abuelos y con los padres no se comportan igual. Y es normal que siempre pretendan ser escuchados, son niños. Lo que hay que hacer es enseñarles a esperar a que los que están hablan terminen de hacerlo para hablar ellos. Interrumpir sólo está bien visto en Salvame.
  6. Tienes que rogarle para que obedezca. Estoy de acuerdo con Krika. ¿Qué se supone que hay que hacer, obligarles a palos? Los padres son una autoridad, pero educativa. No se les puede obligare por la fuerza a que haga sus tareas. Hay que pedírselo muchas veces porque eso no es divertido. A los adultos les pasa igual. De todas formas yo al mío todo se lo pido siempre por favor, así que supongo que eso entra dentro de rogar.
  7. No es un niño útil. Estoy de acuerdo con Krika, pero esto es otra mala traducción. Desde luego que el autor se cubrió de gloria traduciendo. HELPFUL no se traduce en este caso como útil, sino más bien como colaborativo. ¿Tienen la obligación los niños de hacer las tareas como propone el artículo? Sería bueno. ¿Es un niño NO útil si no lo hace como dice el artículo? NO. Cualquier niño es poco proactivo a realizar algo que no sea jugar. Si se le ofrece ayuda lo hará casi con total seguridad. Hay que convencerle ayudándole u ofreciéndole algo a cambio (el soborno del siguiente punto). Pero esto también pasa con los adultos cuando se les quiere obligar a que hagan algo que no quieren.
  8. Tienes que sobornarlo para que haga sus tareas. Obviamente los niños no son proactivos a recoger juguetes, mesa y ropa. El problema es que el autor del artículo no ha visto ni un sólo capítulo de Supernanny. ¿No hay que ofrecerle regalos por hacer las tareas como dice el artículo? NO. ¿Se le puede explicar a un niño pequeño por qué tiene que recoger lo que tira o que tiene que ayudar a poner la mesa como dice Krika? Difícilmente. Hay que cambiar la expresión del soborno. Todos los psicólogos infantiles recomiendan que cuando hacen algo positivo se les premie. Si recoges tendrás un premio (ir al parque, una chocolatina, lo que sea). ¿Acaso eso no es lo que ellos llaman soborno? ¿Y por qué recomiendan los expertos que se haga? Pero que entiendan que hay que hacer las tareas es algo más complicado por mucho que intentemos explicárselo a un niño pequeño.
  9. No comparte. El artículo habla de compartir a partir de los 4 años con hermanos o amigos. No habla de cualquiera que encuentre en el parque como expone Krika. De hermanos, con los que convive, y amigos, que son los que quiere que vayan a su cumpleaños porque juega a diario con ellos. ¿De verdad nadie comparte cosas con sus hermanos? ¿Soy el único raro que lo hace? Además, no conozco mujer que no comparta cosas con sus amigas (ropa, por ejemplo). ¿Queremos que nuestros hijos nunca dejen nada a NADIE?
  10. Nunca están satisfechos. Totalmente de acuerdo con Krika. Todos los niños quieren lo que tiene el vecino. Eso lo sabe cualquier padre. De hecho, también le pasa a muchos adultos.

Con la experiencia de esta entrada he descubierto que todo cuanto se lee en páginas especializadas, blogs o cualquier otro sitio, hay que analizarlo y contrastarlo porque no hay verdades absolutas que se deben creer a pies juntillas. Al final todo son opiniones de quién escribe. Para el que no lo sepa.

De tal palo

Lo reconozco: mi hijo no es la perfección hecha niño. Tampoco lo pretendo. Me conformo con que me salga un chico normal, que tiene amigos normales, y que está alejado del camino incorrecto. Y ya es más que suficiente.

Hace unas semanas él también pegó a un amiguito, como él mismo les llama. Cuando nos enteramos hicimos dos cosas. La primera, le preguntamos qué había ocurrido y cuando nos lo contó le intentamos hacer ver que así no había que actuar. Podríamos haberle reñido o castigado, pero no lo hicimos porque en ese momento pensamos que quizá no tenía sentido habiendo pasado tanto tiempo desde que lo hizo hasta que nos lo contó.  No teníamos claro que el niño supiera discernir el motivo del castigo, y no queríamos que pensara que contarnos la cosas equivalía a una bronca. La segunda, ponernos en contacto con los padres del niño agredido y pedirles disculpas. No sé si eso significó algo para ellos, pero para nosotros sí. Nos quedamos con la conciencia más tranquila.

La verdad es que cuando he estado delante de él nunca he dejado que empuje ni pegue a ningún otro niño. Ni en el parque, ni en el colegio, ni en su actividad extraescolar, ni en fiestas o acontecimientos. A pesar de que a veces he tenido ganas de dejarle viendo que los otros niños se valían de estas acciones para con el mío mientras los padres estaban “a verlas venir“. Pero cuando no estamos con él no podemos hacer nada en el momento, solo a posteriori.

Soy de los que piensan que si los niños tienen un buen ejemplo de civismo de los padres, los pequeños tendrán las opciones de seguirlo o no (ser incívico es el camino más fácil). Si hacemos lo que hacen muchos padres, que pasan de todo aunque sus hijos peguen, muerdan y arañen (a menudo al mío), escudándose en que son cosas de niños, lo más fácil es que salgan torcidos en educación.


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