Olerte el culete

Hay personas que cuando conducen tienen curiosidad por cosas extrañas. Una que se da con mucha frecuencia es querer averiguar dónde se ha comprado el coche el conductor que tienen justo delante. Esto es algo que aparece con el tamaño de la letra pequeña de los contratos y anuncios varios en la matrícula trasera del coche al que están viendo, y en mi opinión no es que sea algo demasiado relevante para uno a menos que le guste muchísimo ese vehículo y quiera saber de dónde procede.

Aun así, creo que esa es la única explicación que le encuentro a la situación que se produce cuando voy tranquilamente conduciendo a la velocidad máxima permitida por la vía y al mirar por el espejo interno del coche veo a un señor tan cerca que en ocasiones pienso que va sentado en el asiento de atrás. Prácticamente siempre me quedo dándole vueltas a lo que ocurriría si tuviera que dar un frenazo por el motivo que fuese. Lo lógico sería pensar que si tiene los mismos reflejos que Casillas en sus mejores tiempos no pasa nada, frenaría a la par y ya está. Pero si va distraído anotando el concesionario donde adquirí mi bólido, lo más fácil es que no pare a tiempo y me reduzca el coche lo suficiente como para que pueda aparcarlo en huecos pequeños.

¿Por qué tanta gente tiene esa manía de ir pegado al de delante? ¿Tanta prisa llevan? ¿Se creen con más derecho a usar el carril que yo? ¿Pretenden meterme presión y que me aparte para dejarles pasar? Porque pueden lograr que en vez de quitarme dé un volantazo y tengamos los dos un accidente… Además, si ya voy a la velocidad máxima permitida, ¿por qué necesitan pasar? ¿Por qué se la juegan infringiendo las normas de circulación? ¿Desean recibir una multa porque es una experiencia que les falta por vivir?

A menudo sueño con que todos estos infelices dejan tranquilos a los demás y ponen en riesgo única y exclusivamente sus propias vidas.


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Juegos de viaje

Viajar en coche puede ser algo divertido si se trata de un trayecto corto, pero que como dure más de una hora puede hacerse un poco pesado, máxime si se va con niños que no contemplan la opción de dormir durante el viaje.Dado que es posible que muchos de los lectores tengan hijos o acompañantes de viajes largos con una alta capacidad para aburrirse camino al la playa, quisiera compartir con ellos (de cara a las vacaciones del año que viene) unos juegos de carretera, que si bien pueden acabar haciéndose monótonos, también pueden entretener a los viajeros (nunca al conductor, éste no debe distraerse) fácilmente durante una hora como mínimo.

Los juegos están basados en realizar predicciones, con un porcentaje mínimo según la dificultad de la misma. Y es que no es igual de probable cruzarse con un Seat, que con un Seat Ibiza de color verde. Con esto, se pueden hacer predicciones con las marcas de los coches, los colores, las letras de las matrículas, los números, y cualquier combinación de éstas.

Si se desea jugar hasta el infinito, basta con pasar el turno al siguiente y quedarse con la satisfacción de haber acertado. Si se quiere acabar antes de que la monotonía invada el cuerpo de los jugadores, se puede establecer un tope de 5 ó 10 puntos para ganar la partida.

He de decir que en función de que el viaje sea en autopista o en carreteras de doble sentido, las opciones pueden ampliarse para abarcar también los coches que se van cruzando con el nuestro, de manera que se pueden hacer hasta apuestas dobles.

Quizá llego algo tarde porque las vacaciones de verano ya han pasado, pero las Navidades están a la vuelta de la esquina. ¡Buen viaje!


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Pasos de peatones

Los pasos de peatones están sobrevalorados por los viandantes y demasiado infravalorados por los conductores. En el primero de los casos, creo que hay personas que piensan que unas rayas blancas en el suelo dan superpoderes a quienes las pisan. Por eso algunos en cuanto las ven desde la acera se lanzan a ellas sin importarles en exceso los vehículos que puedan venir a ambos lados de las mismas.

Por otro lado, creo que los conductores cuando ven unas líneas blancas paralelas pintadas en el suelo de lo único que se preocupan es de si hay un badén con ellas o no, no vaya a ser que dejen maltrechos los bajos de sus coches. Y algunos ni eso, porque parece que usan los badenes para practicar los saltos que dan los coches en las persecuciones de las películas americanas.

Estos días he podido comprobar que si hay algo que hace la gente cuando se va de vacaciones a Benidorm es saltárselos, infringiendo así las normas de circulación. Quizá porque como no es su pueblo no piensan que pueda verles ningún conocido. O quizá porque creen que es el momento para sentirse los dueños de la carretera, ya que los otros once meses no pueden.

Sin embargo, he de decir que a mi vuelta a la rutina eso también ha seguido ocurriendo. No sé si porque no han cambiado aún el chip, o porque el resto del mundo les importa un comino. Más bien será lo segundo, porque si no, no entiendo cómo puede haber conductores que los pasen sin detenerse y encima algunos de ellos estén hablando por el teléfono móvil. Que para hacer un completo sólo les falta tirar una colilla por la ventanilla y tocar el GPS al tiempo que hacen lo anterior.

De todas formas, de estas maravillosas personas yo sólo espero una cosa: que si algún ser humano despistado cruza correctamente por un paso de cebra mientras alguno de esos insensatos se lo intenta saltar, ambos pertenezcan a la misma familia. Así todo queda en casa.


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Las rotondas

Ser conductor es algo que todos quieren cuando llegan a la mayoría de edad por muchos motivos, incluso hasta porque es algo que nunca saben si van a necesitar. Serlo y además ejercer es toda una aventura. Y si uno vive en un lugar con rotondas, es una aventura de las peligrosas. Esto es así por diversos motivos. Uno de ellos es la soberbia de la mayoría de los conductores que piensan que la carretera es de ellos y que los demás son simples sumisos que deben dejarles hacer lo que les venga en gana. Otro, que muchos conductores son tan ignorantes como prepotentes y que además de no saberse el Reglamento General de Circulación, se creen que llevan la razón siempre. Supongo que lo necesitan porque en casa no les dejan llevarla nunca.

Según el Artículo 29, el Artículo 33, el Artículo 57.1.c y el Artículo 75.1.b del mismo, se llega a la conclusión de que de forma general uno circulará por el carril derecho dentro de las rotondas, y que podrá hacerlo o no (lo cual no implica obligatoriedad) si hay varios carriles. También se concluye que, además, quien está dentro de la rotonda tiene preferencia sobre los que quieren acceder y que no ha de apartarse necesariamente del carril (derecho) para que entren otros. Además, si alguien está en algún carril interno tiene que cambiarse al derecho con suficiente tiempo para salir, lo que significa que bajo ningún concepto uno puede cruzarse por delante del que circula por la derecha dando un acelerón y girando a la desesperada para coger la salida que está a punto de saltarse.

Esto, teóricamente, se estudia cuando uno se saca el carné de conducir. El problema es que muchos lo olvidan con la misma facilidad que lo aprenden, y a los pocos años de sacarse el carné casi nadie lo recuerda. Es por esto que me encuentro con situaciones como las que me ocurrieron la semana pasada.

En una, yendo por el carril izquierdo con el intermitente indicando mi cambio de carril, una moto decidió que podía entrar en la rotonda sin dejarme cambiar y saltándose el ceda el paso. ¿Para qué iba ella a esperar si yo no iba por la derecha y podía entrar de sobra? Conclusión, tuve que dar toda la vuelta para poder salir por la salida que me taponó el simpático motorista.

En otra, decidiendo ir por la derecha para que no me volviese a ocurrir lo mismo (con el intermitente izquierdo puesto para que todos supieran que iba a seguir girando), un coche que iba por el carril interior y que tenía previsto salir antes que yo decidió que lo mejor era apretar a fondo el acelerador y dar un brusco viraje por delante de mí para poder coger la salida, quizá por miedo a que desapareciera. Conclusión, pegué un frenazo para detenerme en el acto y si llego a tener a alguien detrás me encoge el coche unos veinte centímetros. Y encima el zote me hacía aspavientos con los brazos, como si me estuviera regañando. Quizá quería chocarse conmigo y le molestó que lograse evitarlo.

¿Por qué soy el único que da una vuelta más a la rotonda si no puedo salir cuando quiero? ¿Es que nadie más le tiene aprecio a su vida y a la del resto de conductores? ¿Por qué las personas se asustan tanto de la cantidad de accidentes que hay si hay tantos coches que parecen dirigidos por monos? ¿Por qué a la gente le importa tan poco la vida de los demás (un coche en movimiento fácilmente se convierte en una máquina de matar) con tal de ser ellos los primeros? ¿Por qué no hay reválidas cada cierto tiempo y se le quita el carné de conducir a los que son unos ineptos y unos auténticos peligros?


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