Final agónico – Relato

Cuando se abrió la puerta salió corriendo hacia la luz. Llevaba mucho tiempo a oscuras, y se paró en el quicio de la puerta que daba al exterior. Los ojos le brillaban y le picaban a causa de la intensa luz que había fuera, pero era incapaz de aliviarse. Bajaba la cabeza mientras escuchaba decenas de voces gritando al unísono. Asustado, salió a toda velocidad y de repente frenó en seco. Miró a todos lados con el rostro confundido, y allá donde su vista alcanzaba solo lograba visualizar esperpentos jaleando.

Enseguida comprobó que no podía salir de allí. Estaba atrapado, pero no quiso darse por vencido. Mientras encontraba la manera de escapar, se dedicaba a esquivar, sin demasiado éxito, a cuantos salvajes se tiraban a por él. Le provocaban, le incitaban y se reían de él en su misma cara con un aire de superioridad enorme que, sin embargo, no conseguía amedrentarle. Tanto tiempo recluido pasando penurias sin apenas comida, agua, ni abrigo ante el frío, le habían convertido en un ser asalvajado al que sólo le importaba subsistir a cualquier precio.

Cuando el primer hombre se le acercó, se dispuso a correr hacia él con vehemencia. Sin embargo, enseguida comprobó que el cansancio, unido a su envergadura y al hambre que se apoderaba de él le hacían ser más lento de lo que habría querido. Intentó avasallar a su primer rival para tirarle al suelo pero éste no sólo logró esquivarle, sino que además le atacó por la espalda mientras finalizaba su infructuosa carrera. El hombre iba armado y le clavó en la espalda unas pseudolanzas que tenía en las manos. Perdió fuerza por el ímpetu del golpe recibido y se le doblaron las rodillas de forma involuntaria. Soltó un quejido que por su sequedad de garganta no pudo escucharse más allá del atacante, y cerró los ojos aguantando como pudo el dolor de los pinchazos que le recorrían por completo. Las heridas empezaron a abrirse, y un reguero de sangre comenzaba a deslizarse por su cuerpo. Sus ojos brillaban aún más entre el dolor y la rabia contenidos. El atacante huyó entre la multitud y por más que lo buscó no pudo localizarle.

La gente seguía gritando, parecía que disfrutaba con su sufrimiento. Él no era capaz de entenderlo, y sólo podía preguntarse por qué le estaba pasando eso. ¿Qué había hecho para merecerse ese trato por parte de todo el mundo? Con un sigilo abrumador, salió otro hombre de la nada que se paseó a su lado instigándole a que le atacara. Con las provocaciones la ira en su interior aumentaba. Con cada paso que daba las puntas que tenía hundidas en la espalda se le clavaban aún más y le hacían más profundas las heridas. Pero la sensación de venganza que le recorría todo el cuerpo le permitió sacar las fuerzas suficientes para correr hacia él en diversas ocasiones. Estaba nublado por el odio, y quizá era la causa de sus fracasos en sus intentos de abalanzarse sobre él. Abatido, cansado, sin fuerzas para poder intentar zafarse de lo que le habían clavado, se acercó en varias arremetidas a este nuevo personaje que seguía provocándole con mirada amenazante, pero siempre lograba eludirle, lo cual provocaba las risas y los vítores de la gente de alrededor.

La sangre que fluía de sus heridas cada vez lo hacía en mayor intensidad. El calor que le producían los chorros que discurrían por su cuerpo desnudo contrastaba con el frío que estaba empezando a sentir en su interior. La cantidad de sangre que había perdido aumentaba con el paso del tiempo, pero nadie se mostraba con ganas de ayudarle. Más bien al contrario, parecía que todo el mundo disfrutaba viéndole desfallecer lentamente. Él estaba cada vez más débil, apenas se podía sostener en pie con un equilibrio decente. El segundo atacante le profirió un grito a lo que la gente de alrededor reaccionó con un gran silencio. Reunió las pocas fuerzas que le quedaban y en una desesperada carrera fue hacia quien le provocaba, en un intento baldío por contactar con él. Con un sutil movimiento le esquivó y con una espada que sacó de la nada atravesó su cuello. Fue una incisión tan limpia y profunda que le mató en el acto. La sangre comenzó a surgir de su interior y el peso de su cuerpo le hizo desplomarse sobre tierra.

La gente rompió el silencio con silbidos, gritos y palmas. Sacaron pañuelos blancos. Pedían a una las dos orejas y el rabo.

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32 comentarios en “Final agónico – Relato

  1. Muy bueno, no creo que visto desde la posición de un toro difiera mucho del relato que nos has brindado, cada día estoy más en contra de las corridas de toros, aunque he de reconocer que los forcados me gustan mucho, me parece muy bonito como incitan y esquivan a los toros con los requiebros y los saltos por encima del animal sin dañarles un solo pelo. 🙂 Abrazos amigo Oscar.

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    1. Muchas gracias, Antonio. Lo de los recortes la verdad es que es todo un arte de reflejos por parte de los que esquivan y saltan al toro, y dado que no dañan al animal, me parece que del mal el menos. Aunque preferiría que se hicieran espectáculos solo con personas, como en el fútbol, el baloncesto o el motor. Un abrazo, Antonio.

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    1. Supongo que ponerse en la piel de otro y ver la vida y las cosas desde sus ojos te hacen ser más consciente de las cosas. Te animo a que compartas la entrada con quien quieras, puedes darle toda la difusión que te plazca. Besitos, Loren.

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        1. Justo lo que le acabo de contestar a Nerea, jeje. Aquí todos tenéis abierto el grifo de la opinión desde la tolerancia y el respeto, porque no todos podemos pensar igual (qué aburrido sería), pero se puede hablar de todo. Besitos corazón

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  2. Los toros para el campo no para ser sacrificados en las juergas de cuatro amiguetes que lo quieren denominar arte, NO MAS CORRIDAS NI FIESTAS DONDE SE UTILICEN ANIMALES PARA DISFRUTE DE CUATRO VANDALOS.

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  3. Ufffff, al principio de tu relato estaba totalmente inmersa en el mito de la caverna platónico.
    DEspués….en fin….ya creo que sabes cómo siento y palpito. Soy abiertamente antitaurina. Rectifico, anti sufrimiento, anti tortura….y si tras ello hay regodeo…peor todavía.

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    1. Sí, sé que eres una persona sensible y seguro que con una gran cantidad de dulzura. Además de no ser indecisa, jejeje. A mí tampoco me gusta el sufrimiento, pero sobre todo el televisado, que es el que me hace conocerlo. Los gorrinos en la matanza sufren lo que no está en los escritos pero nadie habla de ellos y muchos comen chorizo y jamón con gran placer (los de la OMS creo que son antimatanza). Supongo que el conocerlo es lo que nos genera la aversión. Besitos Natalia.

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    1. Puedes opinar lo que quieras, Nerea. Agradezco tu opinión sobre el relato, que era lo que pretendía conseguir. Si esperabas que versara sobre una lidia o si te sorprendió el giro del final… Pero entiendo que este tema pueda generar debate, me lo han dicho esta mañana en el trabajo. Y aquí, con respeto, todo tiene cabida. Besitos

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  4. Muy original tu punto de vista y creo por desgracia que bastante acertado. Estoy tan en contra de cualquier clase de ¿diversión, arte, tradición? que suponga cualquier tipo de sufrimiento para un ser vivo. Le llamen como le llamen no deja de ser tortura. Un abrazo.

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    1. Gracias dulce! Me alegra saber que te ha parecido original, al final es lo que buscaba con el relato, aunque después he visto que el trasfondo puede salir más allá de la forma de escribirlo. A mí tampoco me gusta que hagan un espectáculo de ello. Besitos.

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  5. Pues ya siento decirlo así, pero vaya mal cuerpo me has dejado. Al inicio veía zombis, y he pensado que sería una pesadilla. Después he pensado que de hecho la “fiesta” lo es siempre para el protagonista involuntario. Horror de diversiones humanas, provocar sufrimiento y aplaudirlo.
    No quiero entrar más al tema porque me produce muy malos sentimientos. Dicho esto, el relato es muy bueno, consigues transmitirlo y resulta dolorosamente fácil ponerse en su piel. Un besico sin agonías.

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    1. Gracias Sil. No quería hacerte sentir triste en ningún momento. Ya lo siento. Sí quería que ocurriera eso que dices, que tu mente viaja a diversas situaciones sin ser la que plasmo en el relato. Me alegro por la parte de que te gusta como relato. Besicos arreglacuerpos

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  6. Pues yo he tenido que parar a la mitad Oscar. No puedo con las corridas de toros y demás barbaries. No las entiendo. Ni otras muchas cosas que se conservan como tradiciones y que hacen sufrir a inocentes. El relato ha sido tan real que no he podido terminarlo. Besos angustiosos.

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    1. Jo, siento que se te haya quedado mal sabor de boca con el relato. Supongo que haber conseguido meterte en él es bueno, pero que no hayas sido capaz de llegar al final angustioso ya no lo es tanto. Besines antiangustia

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  7. Hola Oscar. A día de hoy no opino sobre los toros, porque no entiendo la fiesta nacional.
    Pero más cierto es que si el día de mañana encuentro una tía que ‘come’ gracias a una ganadería familiar, y yo me emparento con ella, pues automáticamente no podría estar en contra de lo que ‘nos’ daría de comer, me guste o no la fiesta nacional.
    Con los años uno rebaja las reivindicaciones y desencuentros, y aunque el dinero no es una meta (la primera es la salud) nadie niega que la estabilidad hoy es oro en paño mañana. Y mas con la experiencia que da un divorcio 😉 . Un abrazo!

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    1. Tienes toda la razón. Te guste más o menos al final tienes que estar con el mercado que te proporciona la ingresos, pero quizá haya otras alternativas para sacar el beneficio. El problema está en encontrarlas teniendo esta tan sencilla y tan alcance, con la cantidad de dinero que mueve. Un abrazo compañero

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    1. Gracias Rita. Supongo que es una forma de ver como se siente un toro las corridas. Como un gladiador romano en la últimas… Gracias por seguirme, por leerme y por comentar. Bienvenida! Espero que te guste mi sitio. Un abrazo

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  8. Me parecía un relato sangriento y no he pillado el sentido hasta el final. No entendía nada.
    Siendo muy pequeña, mi abuelo me llevaba a los toros. He visto torear a Manuel Benítez El Cordobés y a otros de su quinta. Recuerdo taparme la cara muerta de miedo. Me gustaba la música que cambiaba el tercio e indicaba que ya quedaba menos.
    Desde entonces no he vuelto a ir a una plaza de toros. Hay cosas que vacunan. No es que sea anti nada simplemente, me sigue dando miedo.
    Un abrazo.

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    1. Me alegro de haberte tenido en duda hasta la última línea. En realidad no pretendió ser un alegato contra los toros, pero parece que dio es sensación. Mi intención era que se pensara algo que no es… 🙂 Besitos

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