Ciclo “¿Te acuerdas?” – Parte 12 – Abogado del diablo

Los abogados son esos seres bondadosos que se caracterizan porque siempre que se cruzan en tu vida es para sacarte algo. O bien intentan sacarte hasta la bilis (caso en que los tienes en contra), o bien intentan sacarte hasta el último céntimo de tu cuenta corriente (caso en que lo tienes, paradójicamente, a tu favor). Son de ese tipo de personas que serían totalmente prescindibles si el ser humano no fuera tan mezquino. Pero lo es, así que estos defensores de la justicia (y de los violadores, asesinos, estafadores y demás especímenes sin derecho a la libertad) son necesarios. Hace unos meses hablé de ellos. Pinchando aquí podéis llegar a la entrada en cuestión. Para los perezosos, la copio a continuación.


Hace unos días fui a donar sangre al autobús que para al efecto enfrente de mi oficina. Dentro, un compañero al que admiro por su gran capacidad intelectual y de retentiva se molestaba con una enfermera porque decía que tanto ese gremio como el de los médicos nunca se creían lo que él les decía, asumiendo que todo el mundo miente. A mí sin embargo me parecía normal esa actitud. ¿Acaso no estamos nosotros dos hartos de que la gente nos mienta por defecto? ¿Por qué a ellos les van a dar otro tipo de trato? El problema es que yo soy idiota y pienso que hay gente que no es así, por lo que trato a todo el mundo como si fueran esas personas que componen la excepción. Así me pasa.Hace un par de años vino una mujer para obtener la tarjeta de residencia para ella y sus hijas dependiendo de su madre, nacionalizada española. Debía aportar el DNI de la madre pero dijo que se le había olvidado en casa. Nos contó que una de las niñas estaba enferma y no quisimos hacerle dar más paseos y demorarle el trámite porque la pequeña nos dio lástima, con lo que le tramitamos las tarjetas con la condición de que nos trajera el carné cuando la niña mejorase.

La siguiente noticia que tuvimos de ella fue cuando quiso recogerlas un mes después y nos dijo que su madre no vivía en España, por lo que no podía conseguir el carné. O sea, que (por el tipo de tarjeta en cuestión) la persona que vivía con ellas y las mantenía no estaba en el país. Después de invitarla a conseguirlo como pudiera encadenó una mentira tras otra, en mi oficina y en las que estuvo posteriormente, sin mucho éxito.

Ayer estuvo en la oficina una abogada que ahora la representa, preguntando por qué no le habíamos dado la tarjeta. Vaya por delante que estoy convencido de que posiblemente, en algún lugar, hay algún abogado honrado (imagino que yéndose de copas con el comercial del mismo corte). Le conté la historia, que le hicimos un favor confiando en ella y nos engañó, y ella sólo se dedicaba a preguntarme en qué ley se recogía esa solicitud de documentación que hacíamos nosotros.

Le enseñé la resolución que trajo la mujer en su momento donde venía escrito lo que debía aportar y me soltó que no era legal pedirle eso si no podía ver la ley. La remití al lugar donde emitieron esa resolución para que se lo explicaran. Entretanto, se puso arrogante, a hacer referencias a artículos de varias leyes (a pesar de decirle varias veces que yo no entendía de leyes porque no era mi trabajo), a enseñarme cómo debo trabajar (¿a quién no le gusta enseñar a trabajar a un funcionario?), y cuando le dije que por gente como ella se me quitaban las ganas de hacer favores me soltó: “pues no los hagas y no te pasará esto“.

Entonces deseé que pronto necesitase un favor de algún sitio donde estuviera (a ser posible conmigo mediante) y que le mandasen a su casa sin escucharla, eso sí, con toda la educación del mundo. Al rato me dijo (supongo que para compensar y para borrar la cara de agrio que se me había puesto) que estábamos en el mismo bando, que hacíamos lo mismo, que éramos funcionarios los dos, y yo le respondí un seco y tajante “No”.

Me callé ahí porque mis padres me han dado una educación, pero me quedé con ganas de decirle que yo jamás voy a estar del mismo lado ni en el mismo bando que las personas que se ganan la vida defendiendo a mentirosos, estafadores, violadores y asesinos.

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4 comentarios en “Ciclo “¿Te acuerdas?” – Parte 12 – Abogado del diablo

    1. De verdad que sí, Sira… Trabajar de cara al público hace que a menudo dejes de querer confiar en las personas, que pienses que todos quieren engañarte, y que se te vayan las ganas de ayudar. Menos mal que también te encuentras con mucha gente agradable y que merece la pena

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