Dulce tradición / Dolça Tradició

La semana pasada, mi ciberamiga más dulce llegó a los ¡100 seguidores! Me parece una pasada, no sé si llegaré a esos números algún día, la verdad. Pero me alegré mucho. Me alegré mucho porque tiene un blog de lo más rico y entretenido, lleno de recetas dulces y deliciosas. Y porque siempre van decoradas con una aportación personal en forma de relato, cuento o vivencia. Y porque creo que se merece no 100, sino 1000 seguidores.

Nos regaló una lista de sus 100 palabras favoritas, y nos invitó a quedarnos con una. Yo la elegí y con ella hice un relato que he dedicido dedicarle. Dolça Tradició, espero que te guste. Es mi agradecimiento (como un regalo de vuelta). Lo he llamado “No estás solo”.

Cuando abrió la puerta de su casa notó que algo no iba bien. El seguro no estaba echado y eso era algo que nunca se le olvidaba. Se asustó. Se agachó lentamente e inspeccionó la cerradura. No estaba forzada. Se preguntó si realmente resultaría tan fácil entrar allí como sus amigos le habían comentado en multitud de ocasiones, simplemente con un trozo de plástico duro y algo de empeño.

No estás soloMovió lentamente la puerta, de forma sigilosa. No quería llamar la atención de quién estuviera en el interior. Eso no era una película de las que acostumbraba a ver y en la que lo primero que hacían era preguntar a voces si había alguien en el lugar. Era evidente que sólo serviría para alertar al asaltante. Un escalofrío recorrió su cuerpo mientras la puerta completaba su lenta y silenciosa apertura. Las luces de todo el piso estaban apagadas pero una tenue luz iluminaba el recibidor y parte del pasillo de manera intermitente. La luna, escondida en ocasiones tras las nubes, se colaba de vez en cuando por la ventana que había en el comedor. El silencio a lo largo del pasillo era abrumador, pero no le extrañó. Si le habían escuchado llegar, la oscuridad y el silencio eran la combinación perfecta para pasar desapercibidos y esperar el momento adecuado para atacarle.

Con el corazón latiendo más rápido de lo habitual, echó un vistazo rápido a su izquierda, donde se encontraba la cocina. Todo parecía en calma. Observó que los cajones no estaban abiertos y los cuchillos estaban en su lugar, lo que le llevó a pensar que quizá no había cogido nada de allí. Pero eso no le tranquilizó. Se adentró en el recibidor tan calmadamente como su acelerado pulso le permitió. De repente un ruido se escuchó en el interior del pasillo; provenía de una de las habitaciones. ¿Pero de cuál? Pensaba que se encontraba en una clara desventaja con respecto al asaltante, porque no sabía dónde se escondía ni si iba armado. Cada vez que lo pensaba se le formaba un nudo en el estómago que le dificultaba la respiración. Un sudor frío le recorría la espalda a consecuencia del sonido que aún seguía amartillando su cabeza. Por su mente pasaban decenas de pensamientos e imágenes a toda velocidad. Cogió una figura alargada que tenía en el pasillo. Era de acero, y bien utilizada podía servirle de defensa. Levantó lentamente los brazos para cargar un posible ataque y entró en la habitación que tenía a su derecha completamente tenso.

No vio a nadie y su cuerpo hizo un ademán de tranquilizarse, pero para entonces los nervios se habían apoderado por completo de él. Le recorrían los brazos y las piernas. Circulaban en su interior a gran velocidad, como tratando de buscar una salida. A la altura del estómago le generaban tensión, la acumulaban y le oprimían de forma que por momentos sintió punzadas en la zona. La respiración se le entrecortaba, y volvió a escuchar otro ruido. Le extrañó que el asaltante pudiera cometer dos errores seguidos, pero tuvo claro que era su gran oportunidad. Había descubierto que el sonido provenía de la habitación contigua a la suya. Deslizándose pegado a la pared alcanzó el marco de la puerta. Todo volvió a inundarse por el más profundo de los silencios.

Giró lentamente en dirección a la habitación desde donde procedían los ruidos ocasionales. Las piernas le temblaban, le costaba mantener su cuerpo erguido, más aún con la tensión de sujetar el peso de la figura que quería utilizar como arma. De un movimiento preciso se plantó ante la puerta de la habitación de al lado. Para entonces las manos le sudaban, notaba los golpes de cada latido en su pecho y la camisa, aunque holgada, comenzaba a molestarle en el cuello. Sentía que lo tenía cerca, debía estar preparado. Quería ser más rápido para poder reducirle sin dificultad, si es que el pánico y la tensión que recorrían su cuerpo se lo permitían.

Cerró los ojos y contó mentalmente hasta tres. Los abrió y se dirigió hacia la puerta de un rápido movimiento. Entró en la habitación con las manos en alto dispuesto a golpear a quien estuviera dentro, y se sorprendió cuando vio que no había nadie. Tan sólo encontró la ventana abierta, cuya puerta golpeaba la pared de cuando en cuando debido a la corriente que pasaba por ella. Aunque sólo transcurrieron algunos segundos, se le hizo eterno. Había generado ruido con el asalto a la habitación, el suficiente como para que quien estuviera allí con él saliera de su escondite y le atacara. Sabía que estaba perdido y se quedó paralizado.

Empezaron a temblarle mucho las piernas, estaban visiblemente debilitadas. De pronto, lo sintió. La sensación de ahogo se apoderó de él y su respiración fue disminuyendo en intensidad. Le costaba respirar. Sus piernas no aguantaron más y acabó doblegándose. Arrodillado en el suelo, con el corazón a punto de estallar, cerró los ojos. Su estómago terminó de contraerse y sus vías respiratorias se obstruyeron por completo. Mientras se iba, lo acabo comprendiendo. No estaba solo, nunca lo estuvo. Le había acompañado desde el principio. Había sido víctima de su propio miedo.

La palabra que elegí fue la número 33: miedo.

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39 comentarios en “Dulce tradición / Dolça Tradició

  1. Reblogueó esto en dtradicioy comentado:
    Hace unos días llegué a los 100 seguidores y para agradecerlo hice una lista de cien palabras para que cada uno pudiérais elegir una e hicieráis con ella lo que quisieráis. Quizás a algunos os dibujaría una sonrisa, os sirviera de inspiración para un post o simplemente os acordaráis de mí al usarla. Pues bien uno de mis seguidores y gran ciberamigo la uso de inspiración para uno de sus relatos. Yo le regalo una palabra y el me devuelve cientos!! Estoy muy emocionada y comparto con vosotros la historia que me han dedicado. Un abrazo enorme Oscar.

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    1. Gracias!! Me apetecía hacer un relato de este tipo y saber si conseguiría gustaros a los que me leéis, si conseguiría hacer os metáis en el personaje como dices, si podría conseguir transmitir tensión. Porque creo que no es fácil en absoluto, y quería saber si era capaz, jeje. 🙂

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              1. Ya ves!!!! Eso es lo que me gusta cuando leo, que me imagino lo que va a pasar y me encanta sorprenderme…y he de reconocerq tb soy muy disney, y de las más cursis!!!! Jajajajaja

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  2. Madre mía, sinceramente me he imaginado sola en mi casa y escuchando esos ruidos…y con lo cagona q soy…creo q me hubiera pasado lo mismo, el miedo se hubiera apoderado de mi… Muy buen relato, me ha gustado mucho leerlo! 😉

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    1. ¡¡Gracias Ana María!! Me alegro que te haya gustado. Conozco a más de una persona que le pasa algo parecido, jeje. ¡¡Gracias por seguirme y por comentar!! Un abrazo!

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  3. Lo leía con curiosidad, luego mordiendome las uñas, y eso no es normal en mí. Y al final me has dejado boquiabierta. Qué mieditis. Y qué relato más inquietante. Me ha gustado mucho.

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