Paciencia infinita

Soy consciente de que la paciencia para con los míos no es una de mis mayores virtudes. Pero creo que lo que presencié ayer no es ni mucho menos lo deseable en unos padres. Quizá porque pienso que el límite entre paciencia y autoridad quedó demasiado diluido.

Ayer estuve en un centro comercial que tiene una zona para dejar a los niños jugando mientras los padres se dedican, por ejemplo, a hacer la compra con celeridad y tino. Dejamos al niño allí y cuando acabamos de hacer la compra fuimos a buscarle. Mientras esperábamos en la cola nuestro turno para recoger al niño, se produjo delante de nosotros una curiosa escena.

La protagonizó una niña de unos 4 años que quería entrar al recinto, hasta que le tocaba cruzar el umbral de la puerta. En ese momento decía que no y se ponía a lloriquear (no a llorar). La madre le decía varias veces que entrase y ella se negaba. Se apartaban para irse y la situación empeoraba. La niña, al ver que se marchaban, tiraba de la ropa de la madre llorando (esta vez sí) para entrar. Volvían y la historia se repetía de nuevo, haciendo además que la chica del parque no pudiera seguir atendiendo al estar mirando a la niña en espera de que se decidiese por entrar (o no).

Tras tres intentos fallidos la madre tuvo la bondad de ir dejando pasar a los que íbamos detrás mientras hablaba con su hija. Un par de personas después, lo volvió a intentar nuevamente. El resultado fue idéntico a las anteriores veces. En ese momento apareció el padre con semblante serio. Reconozco que me alegré y pensé: “al fin se va a poner orden“. Pero el padre no solo no ejerció de ‘poli malo’, sino que posiblemente era más blandito que la madre. Así, tras otros dos intentos fallidos más se fueron. Y yo pude dar gracias por la fortuna de haber conseguido recoger al mi hijo antes de la hora de cenar.

Mientras le ponía el abrigo al niño, aparecieron de nuevo. La chiquilla no se daba por vencida, y los padres no querían que la niña llorase. Pobrecita, no iba a pasar ese mal trago. ¿Qué iba a pensar quien la viera así, que sus padres no la querían? ¡Por supuesto que no iban a permitirlo! Ellos querían muchísimo a su hija, y lo iban a demostrar. Nosotros nos fuimos y allí se quedaron madre e hija, debatiendo si ésta entraba o no mientras el padre las miraba.

Yo me puse a pensar. No sabía si admirar a esos padres por su paciencia ilimitada o compadecerles por lo que le estaban haciendo a la niña. Estoy convencido de que ese comportamiento es perjudicial para ella. Si con 4 años maneja así a sus padres, ¿qué no hará con 14? Quizá soy demasiado impaciente, o duro, o estricto, pero eso lo hace el mío y la primera vez que nos vamos, lo hacemos de verdad. Y posiblemente habría llorado, pero habría aprendido que las rabietas no le llevan a conseguir lo que quiere. Quizá le habría ofrecido algo alternativo para que dejara de llorar, al fin y al cabo es un niño, pero al parque ya no habríamos vuelto.

Creo que si algo tiene que saber el pequeño es que no puede marearnos a su antojo, porque no creo que eso le beneficie en absoluto. Y mucho menos a nosotros.


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7 comentarios en “Paciencia infinita

  1. Para mi ser papá merece un premio. En el ave del Domingo Córdoba – Madrid siempre coincido con una peque que se pasa todo el viaje llorando y llorando, siempre los demás pasajeros intentan consolarla y así también para tranquilizar a la avergonzada mamá, pero es verdad que a veces no se puede hacer nada más sino esperar estoicamente a que pase el chaparrón 🙂

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  2. Supongo que si la niña llora sin más, porque le da miedo el tren, o no le gusta, o lo que le pase a la pobre, a la madre no le queda otra que tragar saliva y esperar que pase pronto el viaje. O ponerle dibujos en el móvil, que es lo que hacen muchos padres hoy en día para que los niños estén callados (y como trabajador de cara al público ya te digo que funciona). Pero sí, como dices ser padre se merece un premio…

    Gracias por comentar Soraya!!

    Un abrazo!!

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  3. No soporto el llanto de los niños, me pone nerviosísima, pero cojo aire. Yo hacía lo que dices tu, trataba de distraerles con algo, pero de ninguna forma les consentía que con una rabieta se salieran con la suya. Hasta con los pequeñines se puede intentar negociar.
    No siempre me salió bien pero seguía el criterio de mi madre, a los niños hay que quererlos mucho y mimarlos poco, que se hacen idiotas. Por experiencia de ella que crió a tres y mía que crié a dos, sé que llevaba razón.
    Y esto va con lo que dices tu, que cualquiera torea a un muchachito o muchachita de 14 si siempre han hecho su santa voluntad.
    Al final, como tu ahora y como yo hace tiempo, se acaban entendiendo esas negativas de los mayores que tanto nos joroban cuando somos pequeños.

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  4. Me ha encantado tu entrada!!! Pienso exactamente igual que tú en muchos aspectos. Me hace gracia cuando mi cuñada dice: siempre que vamos a la tienda de juguetes hay que comprarle algo! Y encima siempre de lo más caro. Si no, no veas como se pone!! Y yo siempre pienso (aunque no se lo digo) que eso es porque sus padres se lo permiten. El otro día el niño casi pierde un muñeco en el parque porque no el niño no se preocupó del muñeco. Y después, para que el niño no llorara, estuvieron a punto de ir a comprar uno igual… Al final apareció, si no… Como tu bien dices, a los niños hay que enseñarles a no coger esas rabietas. Me encanta tu blog! Te sigo desde hoy!

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    1. Gracia Sira! En cuanto tenga un rato para indagar me meto en el tuyo a echarle un vistazo. Tienes toda la razón, pienso como tú, creo que esa no es la mejor forma de educar al peque, pero bueno. Si pierde un muñeco, mala suerte. Si quiere un muñeco, no se puede tener siempre todo… Pero bueno. Háblale de mi blog, ja ja. A lo mejor le ayuda, porque tú no le dices nada pero yo aquí sí, ja ja. Muchas gracias por tus palabras, por visitarme y por seguirme!

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