Una mala caída

El ser humano se caracteriza por cosas extrañas. Una de ellas es el sentido del humor. El sentido del humor es como una huella dactilar: todo el mundo lo tiene pero es distinto en cada persona. Ayer iba en el tren, y sin quererlo fui partícipe de algo que me llamó la atención. Un viajero compartía con su acompañante un vídeo en el que se veía a una persona desconocida cayéndose al suelo. Independientemente del número de veces que lo reprodujeran, al llegar al punto del porrazo ambos soltaban una sonora carcajada.

Hay algo que me intriga, pero que por mi desconocimiento en biología y psicología (y no leer artículos relacionados) aún desconozco. ¿En respuesta de qué se activa el sentido del humor de uno? ¿De qué depende que a cada persona le hagan gracia cosas distintas? ¿Debido a qué se producen las reacciones que llevan a alguien a reírse? ¿Es el sistema simpático el que se pone en funcionamiento? Bueno, supongo que cuando se trata de caídas de otros no será ese, porque reírse del mal ajeno es de todo menos simpático…

¿Por qué la gente se ríe cuando ve a otra persona caerse? ¿Es tan gracioso como un buen chiste? ¿Dónde está el límite? ¿Es el mismo sistema el que establece las limitaciones para reírse? Por ejemplo, extrapolando lo de ayer, si estos dos pasajeros ven que alguien un poco más adelante se resbala y se cae, lo más fácil es que se rían. Pero, ¿y si no se levanta porque ha caído mal y se ha dado un golpe en la cabeza? ¿Se le para la risa de golpe? ¿Ese es un límite?

También es algo usual que emitan por televisión montones de vídeos de personas tropezando con un escalón o cayéndose de un escenario en mitad de un baile, y que la misma realización lo acompañe de carcajadas (enlatadas) de fondo. Seguro que los dos de ayer lo pasan en grande viendo esos programas. Pero, ¿si es uno de ellos el que se pega la torta también les hace la misma gracia? ¿Una caída propia también es uno de los límites?

De todas formas, hay personas que aunque te vean sangrar se siguen riendo de ti entre disculpas (he sido testigo de alguna situación así), e incluso los que se ríen a pesar del dolor que les ha producido una propia caída. Esos sí que son valientes. Personalmente, yo hace tiempo que dejé de reírme de las caídas ajenas. Imagino que es porque me caigo a menudo.


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5 comentarios en “Una mala caída

  1. Haces muchísimas preguntas, y de verdad que no tengo respuesta para casi ninguna.
    Mi sentido del humor también es particular, ya lo conoces.
    No acostumbro a reírme de las caídas, cuando son accidentales, sin querer,que alguien se tropiece con una baldosa de la acera no me hace ninguna gracia pero cuando alguien va despistado o haciendo el cabra, sí que me río, lo siento. Que algún Supermán se salte un banco, asustando a chicos y grandes y se pegue la galleta, me saca una carcajada, y aunque le vea terciado en el suelo, y me sienta obligada a ayudarle, no se me va la cara de guasa por más que lo intente. Y eso sí que lo he vivido.

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