Algunos funcionarios buenos

Siempre que releo las entradas me quedo con la extraña sensación de dar a entender que todos los ciudadanos dan problemas y que los funcionarios somos unos pobres seres incomprendidos que merecemos el cielo por aguantar al del otro lado del mostrador. Pero tampoco es así, ni mucho menos. Sin entrar a valorar mi profesionalidad (eso lo tienen que hacer mis compañeros, jefes y las personas a las que atiendo), hay muchos funcionarios que reconozco que se equivocan más de lo que deberían. Todos tenemos derecho a equivocarnos, pero hay veces que me parece que se juega a ver quién comete la barbaridad más gorda. Y no me refiero a no coger un documento caducado por dos días, o una foto con el fondo un poco azul.

Sin embargo, y espero hablar en nombre de todos los funcionarios, cuando nos equivocamos lo hacemos sin intención ni maldad. No me entra en la cabeza que haya alguien que lo haga a propósito. Sólo se me ocurre un caso, y aunque estaría feo, es perdonable. Si el ciudadano es la persona que ese/a funcionario/a ha estado esperando toda su vida, la persona con la que desea compartir el resto de sus días. Está feo hacerle algo mal para que le toque volver de nuevo, pero enamorarse es bonito, así que supongo que se compensa.

No voy a entrar en los errores que cometen los demás funcionarios, y menos cuando yo probablemente sea uno de los que más se equivocan. Pero los hay de todos los tipos y colores, como los que pueda realizar yo. Lo que les diferencia de los míos es que quizá muchos de ellos sean sin una sonrisa, lo que los hace más amargos. El funcionario es un ser despreciado por sus errores, pero que en pocas ocasiones es querido por sus aciertos. Y eso tampoco está bien.


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4 comentarios en “Algunos funcionarios buenos

  1. En Francia llaman a los funcionarios “ovejas de tres patas”, imagínate la imagen.
    Sí es cierto que los funcionarios caen mal, en sí mismos. Pero es más producto de la envidia que otra cosa.
    Como bien dices, unos hacen su trabajo mejor que otros, como en cualquier otro trabajo.
    Pero los ciudadanos también agradecen y reconocen cuando se les trata bien, cada vez con mayor frecuencia.
    Y desde este lado del mostrador, yo digo como en casa, si me quieren o no me quieren me da igual, quiero que me traten bien, y que me dejen en paz. Y claro, a la recíproca, lo mismo.

    Hilaria

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