A mí me dijeron

No entiendo cómo puede haber gente sin trabajo en este país, con la extraordinaria cantidad de personas inteligentes que lo habitan. Bueno, supongo que si me paro a pensar un momento, quizá se deba a que en realidad lo que aquí hay en exceso son listos. Y aunque ambos adjetivos parecen sinónimos significan cosas distintas.

Inteligentes son aquellas personas que saben de lo que hablan. Las que saben de más o menos temas pero que cuando no saben de algo no hablan alegremente. Primero dicen que no saben y luego, si acaso, dan su opinión. Pero dejando bien claro que es eso, su quizá equivocada opinión. Listos son aquellos seres que creen que saben de lo que hablan. No soportan afirmar que no saben algo porque no quieren parecer ignorantes. Y menos delante de alguien a quien ellos consideran más tonto. Consecuentemente, opinan acerca de todo pero no dejándolo en una idea propia, sino como una verdad universal.

Si esto pasa acerca del último fichaje futbolístico, tampoco es demasiado grave. Si ocurre con los papeles que hay que aportar para la renovación de la documentación, ya no hace tanta gracia. Sobre todo porque la mayoría de las ocasiones en las que ocurre hay algún tipo de error. Si sobran papeles no importa, pero el problema es que normalmente suele faltar algo. Y es entonces cuando llegan los reproches:

– Es que a mí me dijeron que eso no hacía falta.
– Pero es que sí es necesario. Además, se lo estoy diciendo yo, con lo cual ya puede decir que a usted le dijeron que hacía falta.
– Pero es que me lo han dicho varias personas, todo el mundo.
– ¿Varias personas o todo el mundo?
– Me lo han dicho y ya está.
– Ah, “y ya está“. ¿Y por eso lo que yo le indico vale menos, porque se lo digo sólo yo? Por favor, respóndame, ¿quién hace los documentos, varias personas, todo el mundo o yo?
– Usted.
– Entonces, ¿quién sabrá mejor lo que necesito?
– Es que me lo dijo usted la última vez.
– ¿Yo? Eso es imposible.
– Pues sí, usted me lo dijo la última vez.
– Perdone que discrepe, pero eso sólo lo podría haber dicho ebrio. Y no acostumbro a beber en el trabajo.

¿Se lo he dicho yo después de decirme que han sido otras personas? ¿Con qué valor se atreve a decir que sabe mejor que yo lo que he dicho? ¿Es que tiene una grabación? Además, me resulta especialmente curioso que cuando les pregunto cuándo ha ocurrido eso me dicen una fecha en la que yo aún no estaba tramitando documentación. O estaba de vacaciones. O mejor aún, todavía no era funcionario. Lo peor es que se lo digo y algunos aún me lo niegan. Y eso ya es el colmo. No sólo les rebato sus argumentos, sino que después de cogerles todas las mentiras aún pretenden saber cuándo empecé a trabajar. ¿Qué fiabilidad pueden tener?


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