Disculpen la interrupción

La atención al público es dura y muy difícil, sobre todo en algunos lugares donde ese público acude con la pistola cargada. Yo siempre intento mantener en mi rostro una sonrisa, porque la gente con la que me toca lidiar suele venir en son de paz, pero hay quien me lo pone realmente complicado. Si hay algo que me enerva sobremanera es que las personas no vengan con la educación puesta de casa. Soy consciente de que no todos han tenido la misma suerte con sus padres como yo con los míos, pero ¿es que no hubo nadie que les enseñara un poco a lo largo de su vida? Y mira que algunos han vivido ya un trecho…

Supongo que en un mundo idílico y maravilloso, donde la población es capaz de desdoblarse en dos, cuando un funcionario está atendiendo a una persona y se acerca otra, aquél puede sacar una réplica de sí mismo para atender a ambas, y que así la segunda no tenga que perder su preciado tiempo esperando su turno. Aunque alguna de las personas que llegan, encima, no tengan cita. Pero en España eso no pasa. Y en la Administración Pública menos.

Así que si un funcionario está atendiendo a un ciudadano y no levanta la vista para hacerle caso a otro que se aproxima, no es casualidad. Es educación. Hasta que no se termina con una persona no se empieza con otra, a menos que vengan juntas y quieran ser atendidas a la vez. No hay necesidad de forzar amistades.

Si yo no levanto la vista para cruzar la mirada con nadie (que eso también es otro tema a tratar más adelante), si no hago ademán de querer interrumpir mi conversación actual para comenzar otra, si no muestro intención por atender a varias personas al mismo tiempo… ¿cómo es posible que algunos piensen que sí quiero? ¿Por qué me dicen “Disculpa que te interrumpa” y a continuación (sin esperar que yo les diga nada) la pregunta que desean formular? ¿Por qué algunos directamente preguntan y molestan sin disculparse siquiera como si nadie más hubiera entre nosotros?

Que eso ya si es el colmo de la mala educación y en estos casos les tengo que cortar mientras hablan diciendo: “Por si no lo ve, estoy atendiendo a una persona. Siéntese y ya le atenderé cuando le corresponda“. Si a mí me dijeran eso se me caería la cara de vergüenza y me iría de allí, pero aunque parezca increíble hay personas que aún me dicen: “Es que sólo quiero hacer una pregunta“. Aquí se me cruzan muchas respuestas que uno no puede decirle a un ciudadano si no quiere tener problemas, así que le contesto un definitivo: “Por favor, estoy atendiendo. O espera a que le llamemos o se marcha y pide una cita“.

¿Por qué creen que su pregunta es lo suficientemente importante como para que deje de atender a quien está sentado en mi puesto? ¿Es que me va a subir el sueldo y quiere saber de cuánto quiero el incremento? ¿Por qué no pueden esperar su turno o al menos a que acabe con el ciudadano al que estoy atendiendo? ¿Acaso su tiempo vale más que el del resto?


¿Quieres leer la entrada original? Puedes hacerlo en la versión electrónica del libro, por sólo 1 euro (menos de lo que cuesta una caña), o en la versión en papel, por sólo 8 euros (menos de lo que cuesta una pizza mediana).

Anuncios

Un comentario en “Disculpen la interrupción

¡Cuéntame lo que quieras!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s